Opinión

México: Not for ordinary people

Por: Rafael Vázquez

“Not for ordinary people” o “No para gente ordinaria” es el eslogan de la conocida (¿?) empresa mexicana de ropa Quarry. Si usted visita el centro comercial Antea, podrá ver dicha frase justo a la entrada de la tienda ambientada “con maderas y metales con efecto vintage”, como ellos mismos la definen en su página web.

¿Quién es esa gente “ordinaria” que no puede/debe utilizar la ropa de dicha marca? ¿Cuál es el verdadero espíritu de esta frase que se antoja clasista? ¿Qué mensaje estamos mandando al aceptar y percibir como normal la enorme desigualdad, en términos económicos, del país?

Hablemos de cifras. La Comisión Económica Para América Latina y el Caribe (CEPAL) declaró -en voz de Antonio Prado, secretario adjunto de dicha comisión- lo siguiente:

«La relación entre el salario mínimo y el valor de la línea de pobreza per cápita demuestra la capacidad de compra del salario mínimo. México es el único país al final de la década (2002-2011) donde el valor del salario mínimo es inferior al umbral de pobreza per cápita».

No sólo eso, el 5 por ciento de la población económicamente activa -más de dos millones y medio- no logra encontrar un empleo, y según las cifras del INEGI, cerca del 76 por ciento de los desempleados tienen estudios de preparatoria, al menos. Es decir, en un país cuyo acceso a la educación y a la salud no están garantizados, sólo las personas con cierta capacidad adquisitiva son las que se permiten “el lujo” de estudiar y no están encontrando empleo. Aquí surge una pregunta: ¿Cómo vamos a combatir la desigualdad entre los más ricos y los más pobres si no hay empleos y los disponibles están pésimamente remunerados? ¿Cómo evitaremos que la clase media engrose las amplias cifras de miseria en las que sobrevive este país?

Esta cuestión va más allá de caer en simplismos ideológicos sobre economía, es un asunto moral. En abril de este año, Nicolás Maduro, presidente de Venezuela, aumentó -por decreto- el 30 por ciento al salario mínimo, ¿es un loco socialista y populista? Bueno, tendrán que decirle lo mismo a Barack Obama, que en febrero decretó un aumento al salario mínimo de los empleados gubernamentales como medida de presión para que el Congreso aprobara un aumento al sueldo mínimo en todo el país.

¿Por qué aseguro que el aumento al salario mínimo es una cuestión moral? Porque el cinismo y el desprecio de los empresarios a la inmensa mayoría de los mexicanos es un insulto. No hablo sólo del margen enorme de ganancia que se llevan los banqueros con tarifas abusivas que sólo cobran en México, hablo también de los proveedores de servicios de telefonía, cable e internet, cuyos precios están lejos de estar acorde a la relación calidad/precio que le ofrecen a nuestros vecinos del norte. Para decirlo de forma fácil: pagamos artículos y servicios de primer mundo con salarios de tercera.

¿Cómo es que seguimos permitiendo tanta estafa? La respuesta tampoco es simple. Pero le aseguro que uno de los pilares de este círculo vicioso es el aspecto cultural.

La imagen que nos pretenden vender en centros comerciales como Antea es muy similar a aquel Querétaro dibujado con trazo magistral el pasado informe de gobierno del gobernador José Calzada; todo en Querétaro es limpio, se viste bien, está recubierto por una manta de salud y progreso. Los queretanos rebeldes son lindos, tienen estilo “urbano”, no son los nacos chilangos que cierran avenidas, aquí mostramos nuestra rebeldía tal y como lo plantea Quarry: con estilo. Los queretanos somos de mente abierta, el pasado de los ciudadanos retrógrados quedó atrás.

Así es, mexicanos, pueden rebelarse, mientras sea con estilo. Pueden ser gays/lesbianas, pero tienen que verse como en los comerciales, ser altos y tener barba partida, cuerpos de modelo y un estilo definido, así pueden hasta pasear por nuestros hermosos “malls”.

Lo reto a ir a Antea y ver los carteles: ¿A cuántos se parece usted? Ahora vea los maniquís, ¿cuántos tienen su cuerpo?, ¿cuántos su altura? Ahora vea la seguridad, con certeza se encuentra más guardias que en cinco calles de su colonia. ¿Qué tal la limpieza y mantenimiento? Jamás verá el piso estropeado, contrario a las miles de calles en el estado que se llenan de baches por las lluvias y por la reparación paupérrima que el gobierno les da. El Querétaro del informe de gobierno es ese, el de las plazas comerciales; en la vida real no existe.

Pero la realidad es bien canija, el “en Querétaro no pasa nada” que nos han inventado como eslogan fue recientemente asaltado. Sí, señores, ni la joyería de Liverpool de Antea, fuertemente resguardada, se salvó de la delincuencia. Imagínese su casa o la mía.

Me parece que las cosas están claras: hay un puñado de personas, un círculo reducido que ostenta el poder (político y económico), y es una camarilla que vive vendiéndonos ilusiones de que un día podremos ser como ellos. Como “probada” nos construyen centros comerciales bonitos a los que podemos entrar y soñar que un día seremos como ellos quieren que seamos: más blancos, más limpios, más altos… menos “ordinarios” de lo que es el mexicano pobre promedio.

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