Opinión

Miguel León-Portilla: Promotor del canto y observador de la flor

Por Rubén Cantor Pérez

Flor y canto.

Ahora lo sabe mi corazón:
Escucho un canto, contemplo una flor.
¡Ojalá jamás se marchite!

Poesía náhuatl

Este próximo 15 de diciembre a las 19:00 horas, el Teatro de la República será testigo de un posible Diálogo Magistral entre el poeta Hugo Gutiérrez Vega y el historiador Miguel León-Portilla, esto sólo si se repite la dinámica del año anterior, cuando el escritor Fernando del Paso, ganador del primer Premio Internacional Hugo Gutiérrez Vega a las Artes y las Humanidades, conversó con el ex rector de la UAQ, quien comentó su deseo de repetir esa experiencia: “Espero que este año también podamos mantener esa conversación, porque la cultura es eso, lo contrario de ello es el monólogo, eso es autoritarismo, ensimismamiento, atacar a la razón; y el ejercicio de la razón y de la sensatez se da a través del diálogo, que es la esencia misma de la cultura”.

En estos momentos de confusión nacional, Hugo Gutiérrez Vega, nos recuerda la pertinencia de este premio, ya que en nuestro México multicultural se vive “violencia, miseria, desarrollo desigual y, lo que es más grave, deshumanización causada por el modelo neoliberal, que cada vez da más muestras de su fracaso”. Así, se busca revertir este desastre, que también es mundial, mediante el poder de las artes y humanidades, volviéndonos más humanos y conociéndonos “a nosotros mismos, porque en esa medida respetaremos a los demás”.

Y es a través del autoconocimiento y el diálogo que se enriquece la cultura. Por ello, al ignorar voces, éstas automáticamente tienden a desaparecer del panorama, pues es muy difícil hablar cuando la historia oficial o los medios de comunicación han decidido que tu opinión no es necesaria para sus fines particulares.

Aquí es donde entra la gran labor del nuevo ganador del Premio Hugo Gutiérrez Vega a las Artes y Humanidades. Miguel León-Portilla ha sido aquel que ha prestado su voz a los indígenas de nuestro país para que puedan compartir y preservar su cultura y literatura, gracias a sus investigaciones, como lo son sus libros La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes (traducida al ruso, inglés, francés, alemán y checo), Los antiguos mexicanos, La visión de los vencidos (traducida a 15 idiomas), Literaturas indígenas de México y Tonantzin Guadalupe. Pensamiento náhuatl y mensaje cristiano en el “Nican Mopohua” y 15 poetas del mundo náhuatl, por mencionar algunos.

Ante la pregunta sobre cómo fue su acercamiento a la literatura nahua (en una entrevista hecha por el historiador Enrique Krauze para El país en el 2001) León-Portilla contestó:

“Me cautivaban las preguntas que se planteaban en los cantares indígenas antiguos: me recordaban a los presocráticos. Y llegué a caer en lo que parecía una locura: hablar de un posible pensamiento filosófico indígena. Entonces le dije al padre Garibay: ‘Quiero averiguar esto’. Y me preguntó: ‘¿Usted sabe náhuatl?’. ‘¿No?’. ‘Pues tiene usted que estudiarlo, ¡hombre!’. Entonces me metí y pude, en unos ocho o diez meses, saber algo de náhuatl. En las lecturas que hacía me topé con el relato que Sahagún conservó acerca de la Conquista. Y todo eso me fascinó. Y luego voy viendo que existen otros relatos en los Anales de Tlatelolco, y que hay muchos códices e imágenes de todo esto. ‘¡Qué barbaridad!’, me dije: ‘¡Esto es una cosa increíble!’. Recordé entonces lo que Vasconcelos dice en su Breve historia de México: ‘Estos indios estaban tan mal que ni siquiera se dieron cuenta de lo que les pasó con la Conquista’. Había que refutarlo. Y le dije a don Ángel María Garibay: ‘Pues vamos a publicar esto, vamos a publicarlo pensando en lo que es, ‘la visión de los vencidos’, en el sentido de que no son sólo los vencedores los que escriben la historia’. Y así lo hice. Se trata de una verdadera epopeya, como dice José Emilio Pacheco.”

De esa forma comenzó lo que sería su libro más conocido, dirigiendo su curiosidad más tarde a las expresiones artísticas de los pueblos indígenas, como lo es la poesía.

Un ejemplo de esos poetas en lengua náhuatl que ha estudiado el también filósofo León-Portilla, es Nezahualcóyotl (en náhuatl significa “coyote que ayuna”). “Una cierta forma de consuelo nos dejó Nezahualcóyotl, tras hablar, tras elucubrar en torno a los enigmas de la muerte, del más allá y de la fugacidad de todo lo que existe, al menos quedarán aquí nuestros cantos, al menos quedarán aquí nuestras flores y tal vez por su tristeza, por el dolor que conllevan, sabrán quienes más tarde vengan, que fueron esos cantos los que nosotros aquí dejamos.” (http://www.periodicodepoesia.unam.mx/index.php?option=com_content&task=view&id=859&Itemid=89)

Por medio de ese recordatorio permanente que son las publicaciones de Miguel Léon-Portilla, se ha mantenida latente una lengua indígena tan fundamental para nuestra historia como lo es el náhuatl. Podemos escuchar sus cantos y darnos cuenta de que tenían las mismas preocupaciones que nosotros, por ejemplo, como lo explica el segundo ganador del Premio Hugo Gutiérrez Vega, en Nezahualcóyotl estaba presente esa duda sobre la muerte y se le veía a esta obscura figura con mucho respeto. Ahora, a unas pocas semanas de acabar el 2011 y entrar al tan mítico 2012, pienso que nos hemos acostumbrado a la muerte de forma incorrecta, pues en vez de pensarla por iniciativa propia, la cruda realidad nos la ha pegado en la cabeza con tal violencia que no alcanzamos a digerirla: volviéndonos poco a poco seres indiferentes ante decenas de miles de asesinatos.

Por tal motivo, me gustaría cerrar mi colaboración con un poema (“Yo lo pregunto”, se titula) que nos cuestiona y nos hace conscientes de esa batalla que desde un inicio sabemos perdida, lo que tal vez nos frustra más, al no poder evitar la muerte, sin embargo, Nezahualcóyotl nos llama a no desperdiciar ese “poco aquí”.

Yo Nezahualcóyotl lo pregunto:

¿Acaso de veras se vive con raíz en la tierra?

Nada es para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

Aunque sea de jade se quiebra,

Aunque sea de oro se rompe,

Aunque sea plumaje de quetzal se desgarra.

No para siempre en la tierra:

Sólo un poco aquí.

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