Opinión

Millones de gotas hacen un mar

Por Omar Árcega E.

Decir que nuestra sociedad es una cadena de injusticias no es nada nuevo, señalar la existencia de esos raros individuos, provenientes de todas las ideologías, que con su actuar muestran la posibilidad de un mundo distinto, tampoco es descubrir el hilo negro.

 

Entre esos ejemplos heroicos y la existencia de estructuras y comportamientos que reproducen la miseria, estamos los mortales estándar. Gente como tú o yo, intentando vivir nuestras existencias, a menudo sensibilizados sobre las desigualdades económicas y de oportunidades que padecen millones de personas, dolidos por el orden en el que vivimos pero conscientes de que casi nada podemos hacer ante los mecanismos macrosociales.

 

Afortunadamente en el siglo XXI han aparecido fenómenos que nos recuerdan que un individuo por sí solo nada puede hacer, pero muchos unidos por una idea pueden cambiar la historia.

 

Bancos vencidos

Ejemplos hay muchos, sin ir más lejos, hace unos días Molly Katchpole, una estudiante de 22 años que trabaja como niñera y como consultora independiente, se molestó al saber que su banco cobraría por el uso de sus tarjetas de débito, el mismo ejemplo estaban a punto de seguir otros bancos norteamericanos, ante esto Katchpole recurrió a la plataforma de Change.org para iniciar una petición de firmas contra el banco y logró recolectar 306 mil 868, con la meta de llegar al medio millón. La campaña se propagó casi de la noche a la mañana en redes sociales como Twitter y Facebook. Esto ocasionó que bancos como: Bank of America, Wells Fargo y JP Morgan Chase, hayan anulado estas comisiones.

 

En este caso, el éxito de la campaña fue la solidaridad de las redes sociales, que pueden hundir o impulsar causas, y los medios de comunicación tradicionales, que han dado extensa cobertura a los “indignados”.

 

Un solo clamor

Es precisamente en los indignados donde tenemos otro ejemplo de acción colectiva, la falta de oportunidades económicas y de acción política en prácticamente todo el orbe, está haciendo que el descontento se manifieste; los que en un momento se sintieron meros títeres de los poderes económicos, se han dado cuenta que pueden movilizarse, exigir, que juntos tienen mucho más fuerza que las tenebrosas fuerzas de los especuladores financieros.

 

Aunque son movimientos distintos, los “indignados españoles”, occupy wall street y las revueltas por la democracia en los países islámicos, en el fondo todos comparten una causa común: el hartazgo por sistemas económicos y sociales que arrebatan posibilidades de un mundo donde las personas puedan vivir dignamente, también se saben capaces de cambiar esta situación con la presión de la movilización social.

 

Estamos ante uno de esos raros momentos en la historia, donde fuerzas venidas desde distintas esferas confluyen en un una idea nodal, ante este clamor de una tierra nueva desaparecen divisiones de izquierdas, derechas y credos religiosos. Hace unos días la Iglesia católica sorprendió con un documento donde se reconoce que la causa de la actual crisis se debe a errores técnicos e ideológicos, entre los segundos destaca que las visiones “neoliberales, neoutilitaristas y tecnócratas que, al tiempo que marginan el bien común en favor de dimensiones económicas, financieras y técnicas absolutas, ponen en riesgo el futuro de las instituciones democráticas mismas” y acto seguido hace unas propuestas para hacer el orden económico más justo y acorde con la dignidad del ser humano. Un documento que en su momento fue presentado a los líderes del G-20, reunidos en Cannes.

 

Pero volvamos al punto, decíamos que estamos ante una coyuntura única, voces muy distintas expresan la misma situación injusta, entonces viene la pregunta, ¿qué podemos hacer los ciudadanos comunes y corrientes? Pues poco y mucho, poco si nos quedamos como meros espectadores de esta escena mundial y mucho si desde nuestras coordenadas de vida nos sumamos a esta indignación que recorre el mundo, este “ya basta” a órdenes políticos y económicos que matan nuestras oportunidades de una vida plena. Es nuestro momento, el de los que nos sentimos agredidos debido a que los pocos tienen mucho y los muchos carecen de casi todo, es la oportunidad de contribuir a cambiar un mundo donde el 10 por ciento de la población posee el 34 por ciento de la riqueza y el 10 por ciento más pobre sólo tiene un 2.41 por ciento, donde uno de cada tres personas tienen empleo precario.

 

Indignación y esperanza

Pero tampoco hay que ser ingenuos, esta batalla también puede perderse si hay desánimos por no ver resultados a corto plazo, debemos estar conscientes que estamos ante fenómenos de duración temporal larga, los cambios no se verán en dos o tres años, es una guerra que tiene que darse con actos simbólicos, ideas, propuestas, y precisión social.

 

No todos podremos ir a marchar o acompañar a los indignados de Estados Unidos, de Inglaterra, de la ciudad de México, pero si podemos sensibilizar a los que nos rodean sobre la importancia de esta lucha, de infundir ánimos y esperanza en que esta sociedad no es la mejor de los mundos posibles, pero puede ser transformada.

 

Tan importante como la propuesta es generar ideas y sobre todo mecanismos de cómo llevarlas a cabo y esto es una tarea colectiva, nadie tiene todas las respuestas por sí mismo, pero mediante el diálogo y el acuerdo, todos podemos encontrar soluciones.

 

Los beneficios del movimiento del 68 no se construyeron en el corto tiempo, sin embargo sus repercusiones nos han dado otro estilo de vida. Somos la generación que tiene esta oportunidad histórica, ojalá y estemos a la altura del momento que nos toca vivir.

twitter.com/Luz_azul

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