Opinión

Mortaja de seda

Por Pedro Armando Cabral Salazar

Su voz cadenciosa recorre difíciles melodías como si de suaves dunas se tratara. El timbre melódico se prolonga apacible, sin titubeos, prisas o perturbaciones. El tenor Juan Arvizu (1900- 1985) era queretano. Sin embargo, no hay andén, callejón o plazuela que porte su nombre. Tampoco hay vestigio de homenajes y conmemoraciones. Casi nada. Aunque no se trata de un llamado a convertirlo en piedra –y variantes existen muchas–, pretendo expresar mi extrañamiento por tantas omisiones y tan dilatado mutismo.

De acuerdo al periodista local Mario Rodríguez Estrada, la ingratitud queretana se expresa ejemplarmente a través de la indiferencia local hacia el cantante. Y según Mario Arturo Ramos, otro de los pocos albaceas de su recuerdo, se trata de la voz más popular y de mayor prestigio internacional que haya emanado de estas tierras y quien, por cierto, realizó la primera obra discográfica hecha por un queretano (1927).

Su formación corrió a cargo del también olvidado maestro José E. Pierson, instructor de los conocidos cantantes Hugo Avendaño, José Mojica, Jorge Negrete, Alfonso Ortiz Tirado y Pedro Vargas, entre otros. El arribo del intérprete queretano comenzó con la representación de óperas y operetas en la ciudad de México. Previamente, había participado en el Orfeón Infantil Queretano, y sin duda, fue un destacado cantante juvenil en su terruño. Una vez en la capital del país, no tardó en sobresalir y formar parte de la pléyade de cantantes pertenecientes a la bohemia carpera y teatral de la primera mitad del siglo XX. Su repertorio incluyó principalmente boleros y tangos. Se dice que fue el primero en reconocer el talento de Agustín Lara, cuya notoriedad dio comienzo al convertirse en pianista y compositor de Arvizu.

La fama del cantante queretano se acrecentó gracias a los espectáculos de variedades, las transmisiones radiofónicas y los discos producidos por RCA Víctor. Realizó grabaciones a dúo y participó con muchas de las grandes orquestas latinoamericanas. El ápice de su carrera transcurrió entre las décadas de los años treinta y cuarenta. Su reconocimiento franqueó las fronteras nacionales desde los años veinte, presentándose en diversos países del Caribe y Sudamérica.

Aunque participó como actor cinematográfico, su verdadero prestigio provino de la radio. Considerado entre las grandes figuras de la canción mexicana, inauguró la XEW en 1930, la emisora El Mundo, de Buenos Aires en 1935, y la cadena CBS de Nueva York en 1942. Fue precisamente en Argentina donde obtuvo el mayor reconocimiento público, al grado de establecerse ahí durante muchos años.

Desde sus artículos periodísticos, Carlos Monsiváis preguntaba si alguien recordaba la identidad del “tenor de la voz de seda”, mote con que hasta hoy sigue siendo conocido. En realidad, es poco lo sabemos de él. Falta una recopilación de sus grabaciones y una semblanza biográfica más documentada y completa. Por ahora, apelo a la memoria histórica de quien guste tenerla y retenerla. Desde la red pueden escucharse algunas sus grabaciones y leer mucha más información sobre éste, el tenor queretano de la voz sedosa.

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