Multitasking ¿solución o problema?

A partir de los 70s y gracias a la llegada de los ordenadores se acuñó el término “multitasking”, que la RAE define como multitarea: “Dicho de un sistema informático: Que puede ejecutar varios programas o tareas de manera concurrente”.
¿Pero el cerebro humano puede realmente ser “multitasking”? Se entiende como la capacidad de realizar diversas tareas al mismo tiempo, de la mejor forma posible, almacenando y procesando datos simultáneamente.
El cerebro recibe información del exterior que llega al tálamo, estructura central que la filtra y la envía a la corteza cerebral, donde se procesa y conecta entre hemisferios. La información se selecciona cuidadosamente y se trabaja una sola a la vez. Este mecanismo requiere atención total, por lo que se realiza de una en una.
Diversos estudios en Estados Unidos y Alemania muestran que la atención disminuye hasta 40 por ciento en personas que usan el celular al conducir y 30 por ciento en estudiantes que emplean dispositivos en clase.
Además, se ha demostrado que el “multitasking” no existe: solo cambiamos rápido de una tarea a otra, dando la ilusión de hacer varias cosas a la vez. Por ello es importante aceptar nuestra capacidad limitada y evitar exigirnos -o exigir a otros- realizar “multitasking”.
El IEP concluye que el “multitasking” es un mito: reduce productividad, aumenta errores, pérdida de tiempo, estrés y agotamiento. Aceptarlo nos permitirá desempeñar las actividades de forma más sana y evitar “burnout” o incluso estrés crónico.
¿Cómo evitarlo? En un mundo que exige cumplir tareas rápido y bien, la atención plena es la que nos servirá. Según la neurocientífica española Nazareth Castellanos: “la cantidad de información que nos llega por segundo es tan grande que provoca, a nivel cerebral, lo que llamamos atención dividida. No hacemos muchas cosas, vamos de unas a otras a gran velocidad. Nuestro cerebro es un órgano muy inercial y podemos acostumbrarlo a ese peligroso estado de ansiedad”.
Algunas recomendaciones útiles incluyen apagar o silenciar dispositivos y notificaciones, hacer listas de pendientes e ir uno por uno, practicar atención plena con meditación o respiración, y ordenar el espacio de trabajo.
Finalmente, sería importante preguntarnos si realmente necesitamos ser “multitasking”, si es esencial en nuestro día a día, darnos cuenta de cuándo y por qué lo hacemos. Quizá mientras lees escuchas música o ves Netflix, entonces tal vez sea mejor apagar la televisión y regresar a la serie al terminar. Vivir en el presente no es fácil hoy, pero mientras más conscientes seamos de nuestro ritmo y de lo que queremos mejorar, más sencillo será.
*Especialista en Medicina Familiar



