Opinión

¿Nada que celebrar?

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

¿Tiene sentido celebrar la independencia de México hoy, 200 años después, cuando dejamos hace tiempo de ser soberanos? El debate “ocioso e infértil” fluye y calienta las redes sociales. Varios enojados y aguafiestas, convocaron a celebrar en la intimidad hogareña, pero no en las plazas públicas: “Hagamos ver a esos políticos que han traicionado a México, que el pueblo no está con ellos, que se queden solos”.

Un videoclip representa una parodia muy sentida, criticando a los “borregos” que irán (fueron) al zócalo de la ciudad de México y a las plazas principales de la mayoría de los estados y municipios del país, para aclamar con el gobernante respectivo: “¡Viva el uso de la fuerza pública para poder celebrar una fiesta!, ¡viva! ¡Viva la libertad de los rateros más poderosos y el encarcelamiento sin pruebas de los más desprotegidos!, ¡viva! ¡Viva el sueldo de los diputados!, ¡viva! ¡Viva el robo de los gobernadores!, ¡viva! ¡Viva el matrimonio de las fuerzas del estado con el crimen organizado!, ¡viva! ¡Viva la corrupción!, ¡viva!; ¡Viva la impunidad!, ¡viva! ¡Viva la ignorancia!, ¡viva! ¡Viva la indiferencia de México!” (tres veces, con sus respectivos, “¡viva!”).

Parodias como ésta, con las que en principio podemos estar de acuerdo, contribuyen sin embargo al desánimo y al desgaste popular, porque a fin de cuentas, las fiestas patrias siguen siendo “muy exitosas” y fallan las convocatorias a boicotearlas.

Cabe la pregunta sobre cuáles son las condiciones que generan que tanta gente, a pesar de vivir el hartazgo por la grave situación actual, siga brincando ahí de alegría, sin tener idea de la historia, detrás de la celebración.

Hay quienes presumen, que quienes llenaron el zócalo, el pasado 15 de septiembre, fueron acarreados del Edomex. Lo mismo dijeron la vez pasada. Quizá sea verdad. Lo que no es creíble es que toda esa plaza y todas las plazas de todos los estados se llenen sólo de acarreados.

Somos tantos, y son tan poderosos los medios masivos, que aunque muchos nos quedemos en casa, las plazas siempre se verán llenas de gente “feliz y orgullosa de ser mexicana”.

Muchos conciudadanos, saturados de chamba, de tele y de “feis”, no sólo están hartos de los políticos, sino también de quienes critican y protestan; de vernos unos a otros con desconfianza y de señalarnos fiera y mutuamente como “los equivocados”.

Una vecina, después de un taller de formación ciudadana, me decía, compungida: “Es que cuando me muestran con tanta crudeza el drama que vivimos, me paralizo; prefiero no enterarme”.

Es posible que la mayoría sólo vea a las fiestas patrias como pachanga, como relax y catarsis de tensiones (Ése no es el problema). Hay que reconocer que como seres humanos tenemos una enorme necesidad de protección, de cuidar nuestra salud mental, de alegría, placer y esperanza. Si los movimientos críticos, de denuncia o resistencia no escuchan esto, la gente (como el agua), buscará cualquier salida, para satisfacer esas necesidades.

Hoy, pareciera que dimos un giro de 360 grados (es decir, caminamos en la historia para llegar al mismo lugar en donde estuvimos hace mucho): Nuestra clase consorcial-política se comporta como realeza, voraz, autoritaria y violenta; la esclavitud vuelve a hacerse manifiesta por doquier; sufrimos de neocolonialismo bajo un nuevo imperio; en las revueltas populares se entremezclan libertadores y criminales, y la confusión se impone.

Hoy, celebrar puede ayudar también a escuchar en la historia otra forma de comprender mejor la realidad presente. Celebrar nos conecta con todos esos mexicanos que tuvieron (y siguen teniendo) el valor de rebelarse contra sus inhumanas condiciones. Escuchar el grito de Hidalgo (no el de Peña ni el de los otros), nos recuerda que sigue vigente la lucha por abolir la esclavitud, por la dignidad y por la soberanía nacional.

Las fiestas patrias no debieran confrontarnos como pueblo. Celebrar también puede unirnos para aprender a ver al verdadero enemigo; renueva nuestros ánimos de justicia y nos invita a tramar nuevas estrategias de liberación, más potentes, más sagaces y más efectivas.

{loadposition FBComm}

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.

Botón volver arriba