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¿Narcocandidatos en Querétaro?

En días recientes, el gobernador Mauricio Kuri lanzó una propuesta (protocolo único) para, según él, evitar que candidatos vinculados con el narcotráfico participen en las elecciones locales del próximo año. A esta iniciativa, espontánea, generosa y bien intencionada, como en nado sincronizado, se ha sumado todo el panismo local. Reiterando, dicho sea de paso, que en el PAN hay una sola dirigencia y no es precisamente la que da la cara por el panismo local.

Ahora bien, desde luego que la propuesta tiene sentido dado lo que vemos en el país por el flagelo de la violencia y el crimen organizado y, aunque el panismo local se empeñe religiosamente en decir lo contrario, también tiene sentido en Querétaro y ha sido gracias a lo que hemos visto en este sexenio.

Pero, me pregunto si nos está diciendo o está intentando algo más allá de blindar el Estado, como dicen, algo más vinculado directamente a la competencia político-electoral y, quizás, a unos cálculos electorales que no parecen tan favorables a su partido.

Desde el triunfo en 2018 con López Obrador a la cabeza, Morena se ha mostrado como la opción electoral más fuerte y, en algunos estados, como el nuestro, está dando muestras de ser una opción competitiva. Basta recordar cómo Morena ha avanzado posiciones en la legislatura local, en los distritos federales, en las alcaldías y en la intención de voto.

Frente a este avance, la oposición parece tener pocos recursos y quizás también frente a sus políticas. Lo que vemos es una oposición sin un programa político alternativo y con gran imaginación para crear narrativas desacreditadoras. Una de ellas, sin duda alguna, es la del “narcogobierno”. Narrativa que tiene sentido en nuestro contexto y, no olvidemos, aplica a todos los partidos y no solo a Morena, como lo ensaya la narrativa opositora.

En este contexto, me pregunto si no habría que sumar la propuesta de Kuri a esta narrativa anti-Morena. ¿Nos estará queriendo decir que no conviene darle oportunidad al partido oficial que, en la narrativa opositora, figura como el líder de la narcopolítica? ¿Está tratando de asustar al electorado que quiere darle oportunidad a un partido nuevo? ¿Nos está vendiendo la idea de que Morena y sus “narco candidatos “pueden desestabilizar y echar a perder la paz y el desarrollo queretano? ¿Nos está diciendo que son mejores los malos conocidos, que los buenos por conocer – porque estos son perturbadores de la paz y suscitan mucho riesgo?

Apelar a las emociones es algo común en la guerra electoral. Apelar al miedo es apelar a los instintos más básicos del ser humano y, por ende, con gran capacidad de movilización. En los discursos del gobernador y de Luis Nava (uno de los principales candidateables para el gobierno del Estado), cual manual de política, se sigue la siguiente lógica: ) Crear o apelar a un “nosotros” (los panistas y queretanos buenos) y un ellos (los narcocandidatos, con ¿Morena a la cabeza?); 2) Identificación de una amenaza (Morena y sus feos tentáculos de narcopolítica); 3) La exageración de las consecuencias (acabar con la paz y tranquilidad de Querétaro); 4) Sentido de urgencia (el protocolo mismo da este sentido de peligro inminente); 5) Reducción de alternativas, que plantea una la elección binaria y maniquea: la opción de la continuidad (que representa seguridad) y la otra, el desastre (los narcopolíticos); 6) Uso de mensajes emocionales, pues en el discurso hay una apelación a las familias.

La principal puerta de entrada del narco a la política es gracias a los altísimos costos que representa la competencia político-electoral. Si lo que se quiere es cerrarle la puerta, empecemos por reducir el costo de las campañas. Eso es preferible a andar mandando mensajes crípticos que, a nosotros los mal pensados, en nada nos ayudan.

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