Opinión

Notas sobre el 1 de mayo en Querétaro.

Por: FRANCISCO RÍOS ÁGREDA.

PARA DESTACAR: No habría que sobredimensionar los hechos ocurridos el 1 de mayo. Ciertamente existiendo las condiciones de puenteo, diálogo y concertación con la sociedad civil, la vía pacífica sería el camino privilegiado.

Antes de iniciar estas letras, se revolvían en mi cabeza varios asuntos de interés nacional y local. A nivel nacional me llamaban la atención la finalización del trabajo del GIEI y entrega del Informe (final y conclusiones) sobre Ayotzinapa II.

También me preocupaban las reformas constitucionales que le permiten unilateralmente al Presidente de la República declarar la suspensión de las garantías individuales y en consecuencia, el Estado de Sitio, además de las reformas aprobadas por la Cámara de Diputados sobre la creación de un Código Militar de Procedimientos Penales que permiten al Ejército cateos en domicilios particulares, en las sedes de los poderes legislativos, así como en los organismos autónomos de defensa de los derechos humanos, al punto de quedar sometidos a la justicia militar, cosa que va directamente contra lo establecido en la Constitución Política del país. A nivel local, me inquietaba la presencia de Francisco Domínguez en la UAQ, anunciada para el 19 de mayo, en la sesión extraordinaria del Consejo Universitario, para discutir la cuestión de la autonomía universitaria y el apoyo económico del gobierno del estado de Querétaro a la máxima casa de estudios. En ese tenor estaba también los acontecimientos generados en la marcha estatal el 1 de Mayo del 2016, con motivo del Día del Trabajo.

Por la importancia de la coyuntura y las repercusiones locales, me pareció que esta última debía ser el tema de mi colaboración. En ese marco, doy paso a las siguientes reflexiones:

Frente a la criminalización de los dirigentes de ciertas organizaciones sociales, señalados como  “reventadores”, “agresores” y “anarquistas”, habría que señalar los posibles orígenes de la inconformidad y protesta social en las votaciones que Francisco Domínguez realizó en el Congreso de la Unión, en 2012, a favor de las llamadas reformas estructurales de Enrique Peña Nieto, las iniciativas de ley locales, de diciembre de 2015  que modificaron las condiciones laborales y el sistema de pensiones de los trabajadores al servicio del estado de Querétaro, el despido de unos 400 empleados estatales, en los meses de octubre y noviembre de 2015, por la transición gubernamental del PRI al PAN, además de la falta de diálogo gubernamental con las organizaciones sociales del Estado de Querétaro, quienes ya lo venían planteando desde la toma de protesta como gobernador constitucional de la entidad, por ejemplo los choferes de Red-Q. Justo, en los días previos a la marcha del 1 de mayo, se realizaron varias movilizaciones en la ciudad de Querétaro por parte de los maestros que se oponían a la Reforma Educativa, paralelamente al apoyo a los 38 maestros despedidos de sus planteles escolares y académicos por no haber realizado la famosa evaluación magisterial, además de las acciones colectivas de la Guardia Municipal de Querétaro, de protestas y movilizaciones los trabajadores de limpia del municipio de Querétaro, durante el mes de abril, acciones que se oponían a la privatización de la recolección de la basura y que exigían la revocación del decreto de concesión y la conservación de su fuente de empleo.

No habría que sobredimensionar los hechos ocurridos el 1 de mayo. Ciertamente existiendo las condiciones de puenteo, diálogo y concertación con la sociedad civil, mismas que generan las estrategias y tácticas de gobernabilidad, la vía pacífica sería el camino privilegiado, pero cuando faltan las vías de encuentro y de una política de “puertas abiertas”, los caminos de la inconformidad social pueden tomar diversos derroteros. A los actores gubernamentales les corresponde, mediante sus estrategas del análisis político, la búsqueda de senderos por los que puedan transitar los diversos grupos sociales. Digo que no habría que sobredimensionar, pues la protesta social se quedó en quema de playeras y en lanzamiento de gorras (por cierto del SNTE) y en gritos, que los políticos ya deben saber cómo sobreponerse y capotear, pues ellos mismos han sido protagonistas de acciones parecidas en el escenario político local y nacional.

La mejor salida política a la problemática no es la represión social y la mano dura en contra de los presuntos responsables (los cuales, por su parte se han deslindado de responsabilidad en esos hechos), sino la acción política civilizada, dialogante e incluyente de las autoridades estatales con las organizaciones, no solo obreras, sino de los diferentes sectores de la sociedad queretana. Eso sí sería “histórico”.

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