Opinión

Noticias de la tragedia nacional

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

 

Demasiado atentos a los desplantes y gesticulaciones de los políticos, olvidamos poner atención a sus actos, con mucha frecuencia verdaderos actos criminales. Y es que los últimos días han estado infestados de noticias trágicas. Algunas de ellas son el fatal cumplimiento de profecías. Otras son la confirmación de que las políticas públicas constituyen una auténtica rendición del Estado en favor del insaciable mercado.


El campo más terrible de la depredación de los gobernantes está en la economía. Documentemos nuestro optimismo con algunas noticias del desastre.

 

Contra todas las voces que alertaban sobre el alto costo de abrir el sector energético, acabó abriéndose. Y no sólo eso, el resultado es que la bonanza que disfrutaríamos se ha vuelto humo. Con el argumento de la caída de los precios, el Fondo Mexicano del Petróleo resolvió que durante el año próximo Pemex no pagará al Estado los dividendos que está obligada a pagar. Ese era uno de los escasos beneficios que recibirían las arcas públicas con la privatización. Pues no. Ni un peso.

 

Mientras el erario languidece, como siempre, en perjuicio de la población, tenemos que los beneficiarios de la crisis están levantado preciosas cosechas. Los vergonzosos informes de la Comisión Nacional de Valores y del Instituto Nacional de Estadística, muestran que las ganancias del conjunto de bancos que operan en el país crecieron el último año el equivalente al 500 por ciento de lo que creció el Producto Interno Bruto. Es decir, mientras la economía nacional está en desgracia, los bancos no sólo no pierden… multiplican encantadoramente sus rendimientos.

 

La voracidad de la banca no conoce límites. Si de suyo opera en condiciones ventajosas, su proclividad al abuso es infinita. Gran parte de sus ganancias son malhabidas. Chupan sangre en todos los frentes. En los ocho meses que van del año, la Comisión Nacional para la Protección y Defensa de los Usuarios de Servicios Financieros reportó haber recibido un millón de quejas en contra de los servicios financieros, un número superior al registrado el año pasado. La principal queja contra la banca extranjerizada es por cobranza indebida.

 

Llamarle a esto voracidad sería timidez. Tal vez ni llamarle rapacidad sea suficiente. Las condiciones de operación de la banca son de saqueo puro y duro. Nada perdonan. Y la condición servil de la elite mexicana ha asumido que por encima de cualquier prioridad, la prioridad de prioridades son los bancos y el pago puntual de sus intereses. Arrodillado ante la usura, el gobierno de Colima, por ejemplo, acaba de contratar un crédito millonario y algunos pensarían que es para pagar los salarios que no ha pagado a sus trabajadores en paro. Pero no, pidió un crédito para pagar los créditos vencidos con sus acreedores bancarios. La banca es primero.

 

Ese proceder es anécdota pueblerina si atendemos un dato contenido en uno de los anexos del tercer informe del gobierno federal, y que desde luego no formó parte del documento que leyó el licenciado Peña. El dato tampoco formó parte de los pecados que reconoció. Resulta que en los últimos 15 años México ha dispuesto de fabulosas sumas para pagar la deuda externa. La suma transferida al extranjero en los tres lustros es equivalente a siete veces el monto de la deuda externa en el año 2000. Por cada dólar que le ha metido a México, la banca extranjera ha sacado 7. En números gruesos, la deuda ya se pagó 7 veces pero sigue creciendo. Y nadie cuestiona este brutal saqueo.

 

Para el pago de capital e intereses, entre el primero de enero del 2000 y el último día de junio de 2015, se han transferido a los bancos internacionales, en forma religiosa, puntual y criminal, nada menos que 516 mil millones de dólares. Estas cifras fabulosas nada dicen si no las ponemos en referencia a algo más próximo. Con ese dinero la Universidad Autónoma de Querétaro podría funcionar por los siguientes 9 mil años.

Alistémonos para más tragedias, pues ya se encuentra en la Cámara de Diputados el proyecto de presupuesto para 2016. Dirán que se privilegiará el gasto social y la lucha contra la pobreza. Dirán eso y, por supuesto, mentirán. Dirán eso y más y muchos aplaudirán. Son 4.7 billones de pesos, y gracias a que fue diseñado bajo la vigilancia directa del Banco Mundial, la banca no tiene de qué preocuparse. No le quitarán ni media pluma a su gallo rapaz. El Secretario de Hacienda lo anticipó desde julio sin rubor alguno: el presupuesto tendrá mil recortes pero una sola cosa es intocable: los dineros para el pago puntual a la banca internacional. Y para que siga la fiesta en el casino global, el proyecto para el año que viene incluye la contratación de deuda nada menos que por 6 mil millones de dólares más.

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