Nuevas vías hacia la transformación

Cada fin/inicio de año hacemos síntesis de los acontecimientos y enunciamos nuevos propósitos, que pocas veces se concretan. Pero este 2025 parece distinto, pues ofrece la oportunidad de reaccionar y abonar al cambio de rumbo que marcó el 2018.
La abundante información tan contradictoria, que fluye por doquier provocando gran confusión, también nos quitó la venda de los ojos. Perdimos la inocencia. Ya pocos creen que baste con “portarse bien” o desear “ojalá” y “feliz año” para lograr libertad y bienestar.
Las mañaneras de AMLO (que develaron y difundieron ampliamente las corruptelas neoliberales en incontables ámbitos empresariales y gubernamentales, a nivel local, nacional e internacional) colaboraron, convocando al pueblo de México a asumir el principio de realidad en dos sentidos:
UNO: Constatar que el monstruo neoliberal es mucho más devastador y astuto de lo que creíamos. Los dueños del mundo (con su delincuencia legalmente organizada, su evasión de impuestos y lavado de dinero) devastaron nuestro país y acapararon la riqueza que todos producimos, generando tremenda desigualdad y desquiciamiento climático.
Pocos reaccionaron, pues en el siglo XXI el sistema se mimetizó con la utopía popular de bienestar, equidad, democracia y justicia. Mucha gente le creyó a tal punto, que dejó de verlo como Gran Depredador.
Así, el sistema, pretextando la exigencia de libertad y respeto a las multidiversas identidades subjetivas, embaucó a la sociedad con simulación institucional (que cambia para no cambiar) y desató hiperindividualismo y polarización, en sectarismos ideológicos, religiosos, partidistas, de clase, etnia o género HLGBTQ+, azuzando la desconfianza de todes contra todes.
En esa pulverización, buena parte de la población se encapsuló y se defendió frente a cualquier “diferente”, lo que atascó varios intentos organizativos de las resistencias. Cada individuo acabó solo frente a los leviatanes trasnacionales y, al considerar que “nada puede hacerse ante a tan Gran Poder”, concluyó que sólo queda “pensar positivo” y evadirse en el hedonismo. Esperar otra cosa puede frustrar hasta el suicidio.
Así, el sistema/Santoclós impuso “creativamente” la mercantilización de todo lo que da sentido a nuestra existencia y la necesidad consumista de tener y renovarlo todo; de vivir el exceso y “la magia navideña”, con regalos que terminan en enormes basureros.
Para advertir sobre este drama, importantes investigadores de izquierda realizaron sesudos diagnósticos de la realidad, sin poder concretar aún cómo transformarla.
Mientras, partidarios de derecha, temiendo perder privilegios, defendieron a capa y espada al sistema patriarcal, oligárquico, teocrático, jerárquico, meritocrático, racista y clasista, buscando convencer a las masas de que el capitalismo tecnocrático es “resultado natural y el mejor logro de la humanidad”, así que “no hay opción”.
Pero ya pocos les creen, al menos en México, por haberse evidenciado como farsantes, sin argumentos y sin proyecto de nación.
OTRO: Aunque el 2024 nos llevó al hartazgo de este sistema abusivo (con el cinismo y terquedad del Poder Judicial o de magnates tipo Salinas Pliego; con la masacre de Palestina o las amenazas de Trump), el esfuerzo titánico de AMLO para detener al monstruo en México y la aprobación que dio el pueblo a Sheinbaum son muestra de que podemos cambiar de rumbo.
El enorme desfalco sufrido también evidenció la gran capacidad de trabajo, riqueza cultural y creativa de nuestro pueblo, que es quien sostiene la vida social en todas sus áreas y niveles.
Esto infundió nuevos bríos para exigir una mayor y real participación en la toma de las decisiones públicas. Ahora, ¿qué sigue?
Entre “los apocalípticos y los integrados” de que habla Eco (iguales por su inmovilidad; unos porque se desalientan, se enredan en vanas rencillas o se automarginan; otros porque se acomodan), cobra fuerza esa otra corriente, dispuesta a “organizar la esperanza” (Ana C. Dinerstein).
¿A cuál grupo pertenece usted? Porque ahora toca construir las vías de la transformación.
(Hasta siempre, Don Luis Ugalde).



