Opinión

Obama… visita obligada

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

Entre los parientes, compañeros de trabajo y vecinos, no siempre las relaciones son tersas, pero hay que guardar forma y estilo. Eso sucede en el trato entre Estados Unidos y México.

Han sido relaciones fracturadas, ríspidas. No olvidar la anexión de medio territorio mexicano por Estados Unidos. La intromisión, en algunos casos franca y en otros velada, sobre asuntos de México.

¿Pero qué hacer? Es como un matrimonio –indisoluble–, de tal suerte que lo mejor es llevar la fiesta de la mejor manera, pero México no pone las reglas del baile.

El gobierno de Estados Unidos está al pendiente de los problemas económicos, sociales y políticos de su vecino.

Así que cada vez que en México hay cambio de presidente, el gobierno de Estados Unidos invita al Presidente electo a hacer una visita de cortesía. En las fotos, ambos salen muy sonrientes.

La historia de los encuentros y desencuentros entre los presidentes de Estados Unidos y México es larga, con la reciente visita de Obama son 33, de principios del siglo XX a la fecha.

La primera fue en octubre de 1909, Porfirio Díaz Mori acudió a El Paso, Texas, a entrevistarse con William Howard Taft.

Tiempo después el presidente Howard Taft visitó a Porfirio Díaz en Ciudad Juárez.

Y cuenta la leyenda urbana, de que el presidente Taft le dijo a Díaz, “yo lo recibí como a un republicano y usted me recibe como a un emperador”.

La razón era sencilla, Porfirio Díaz “echó la casa por la ventana”, hizo llevar flores de Guadalajara, sacó del museo o de los anaqueles presidenciales la vajilla de Maximiliano de Habsburgo, adornó el salón con elegantes cortinas rojas y cuadros de George Washington, para que los salones de la aduana lucieran como un verdadero palacio.

En la historia, los sucesos se repiten. Cuando Charles de Gaulle, presidente de Francia, hizo una visita a México, cuando era presidente Adolfo López Mateos, el Zócalo se llenó de burócratas para “saludar” a los presidentes. Mateos quiso impresionar a su homólogo francés, diciendo: “mire como me quiere el pueblo”. A lo que De Gaulle, contestó: “a mi nada más me respetan”.

En 1947, el presidente estadounidense Harry S. Truman, visitó la ciudad de México el martes 4 de marzo de 1947, cuando era presidente Miguel Alemán Valdés, estuvo en la Columna de la Independencia a las 10 de la mañana y después rindió homenaje a los Niños Héroes. Sí, los mismos que murieron en la defensa del Castillo de Chapultepec, ante la invasión del ejército estadounidense el 13 de septiembre de 1847.

Este homenaje, Jaime Torres Bodet, Secretario de Relaciones Exteriores, lo calificó como “un puente sobre el abismo del pasado”.

Las notas periodísticas lo señalaban como un acto conmomevedor y espotáneo, fuera del rigorismo protocolario. Y al día siguiente, en un periódico nacional, en la nota principal se leía “Truman borró en un minuto de concordia, un siglo de recelos” (sic).

Y como siempre, cada presidente estadounidense debe dedicar una frase fuerte, de esas que son “especiales”. En la comida ofrecida al gobierno mexicano en la embajada de Estados Unidos, Truman llamó a Miguel Alemán “Campeón de la solidaridad”.

La visita tuvo buenos dividendos para México, le facilitaron 150 millones de dólares.

A su vez, el presidente de México, reviró: “Estamos comenzando una nueva era de sincera y sólida amistad”.

Y Luis Echeverría Álvarez recibió el 21 de octubre de 1974 en Bahía de Kino a Gerald Ford, quien respaldó al presidente mexicano en su Carta de Derechos y Deberes Económicos de los Estados y como obsequio recibió una chamarra, idéntica a la que usaba un hombre en los anuncios de “Marlboro”.

Y en el encuentro entre Barack Obama y el entonces presidente México, Felipe de Jesús Calderón Hinojosa –sí, el que emprendió una guerra contra el crimen organizado– Felipe fue reconocido como el Eliot Ness por Obama. Buena puntada, no cabe duda, tiene sentido del humor.

Y los nostálgicos, nada más se quedan con la frase de John Foster Dulles, secretario de Estado en el gobierno de Dwight David Eisenhower, “Estados Unidos no tiene amigos, nada más tiene intereses”.

rangel_salvador@hotmail.com

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