Opinión

¡Oh! las estatuas

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

En la historia existen personas que merecen ser recordadas y se han levantado monumentos y estatuas para mantener vivo su recuerdo, pero hay quienes, sin méritos, tienen estatuas que han sido erigidas por aduladores, o bien por ellos mismos por medio de terceras personas.

Casi en todas las ciudades y lugares pequeños existe un jardín con el nombre del Presidente Juárez, Hidalgo, Morelos y de heroínas de la Independencia, Josefa Ortiz de Domínguez y Leona Vicario. En ellos se encuentra una estatua o un busto que recuerda la gesta heroica por la que merece recuerdo.

En la ciudad de México existe uno al trabajador en la avenida del Trabajo en la colonia Morelos, en Querétaro hay otro al obrero, en San Francisquito, el monumento a Damián Carmona, el soldado que al momento de una descarga de artillería en el sitio de Querétaro, perdió su fusil y al ser requerido por su superior expresó… “cabo de guardia estoy desarmado”.

Pero hay otra página, los que tuvieron estatua y el pueblo los puso en su lugar… en el suelo.

En Budapest, Hungría, la población se reveló contra el dictador soviético José Stalin y derribaron su estatua, igual suerte corrió Lenin en septiembre de 1991 en Lituania y su estatua cayó al suelo y un campesino ruso en la población de Séverni derribó una estatua de Lenin, con su tractor.

Y en México, no se puede olvidar la estatua de Miguel Alemán Valdés, que durante su gobierno (1946-1952) se construyó Ciudad Universitaria, en terrenos cedidos a la Universidad Nacional Autónoma de México, por el Presidente Manuel Ávila Camacho en 1946.

Miguel Alemán se mandó erigir una estatua en la explanada de Rectoría en CU, medía 75 metros y era obra de Ignacio Asúnsolo.

En 1960, en el gobierno de Adolfo López Mateos, quien reprimió a maestros y ferrocarrileros y no dudó en aplicar cárcel a todo disidente político y el muralista David Alfaro Siqueiros, no fue la excepción, además de que se rumoraba que Alemán quería ser rector en la elección de febrero de 1961, lo cual hizo que la efervescencia estudiantil se reuniera en la explanada de rectoría y decidieran derribar la estatua de Alemán, socavaron la base y se dice que pusieron cartuchos de dinamita y si la suerte existe, favoreció al ex Presidente, el explosivo no funcionó… se salvó por el momento.

Y en la madrugada del 14 de agosto, una docena de personas a bordo de cuatro autos lograron derribar la estatua, en el suelo quedaron cabeza, brazos y parte del tórax, el monumento fue restaurado, pero cada vez que había problemas estudiantiles… a tratar de tirar la estatua, algo así como no la debes, pero la pagas.

De tal suerte que la estatua debió ser resguardada con un cerco, pero en 1966 la estatua ya no aguantó insultos y dinamita, fue pulverizada con explosivos puestos por manos desconocidas, las autoridades universitarias descansaron y no trataron de restaurarla.

Pero no nada más el ex Presidente Alemán ha sido objeto de desprecio a su estatua, también José López Portillo. A su estatua levantada en San Nicolás de los Garza, Nuevo León, una autoridad municipal la sacó de la circulación y finalmente la vendió como chatarra, fue comprada por un ciudadano de nombre Manuel Ramos y ahora yace en un galpón, al caballo le falta la pata derecha, no tiene cola y carece de una oreja, al ex Presidente la falta una mano.

Igual suerte corrió en octubre de 2007, la estatua de Vicente Fox en Boca del Río, Veracruz, derribada por supuestos priistas.

Y ahora, en el DF, las autoridades capitalinas se enfrentan al problema de una estatua del ex Presidente de Azerbaiyán, Heydar Aliyev, quien gobernó a su país durante la época soviética y después fue presidente; ahora gobierna su hijo.

Al ex presidente Haydar Aliyev supuestamente lo acusan de genocida en contra del pueblo armenio y voces como la del ex rector de la UNAM, José Sarukhán, han elevado sus protestas por la estatua colocada en la calle de Gandhi y Paseo de la Reforma, pero el problema no es tan sencillo, el Gobierno del DF otorgó el permiso al Gobierno de Azerbaiyán por 99 años y naturalmente no aceptarán irse con su estatua a otra parte, ya que reconocerían su conducta en contra de los armenios. Es un problema diplomático. Y como diría el gran filósofo popular mexicano Juan Gabriel: pero qué necesidad.

Y los nostálgicos recapacitan y piden que al morir no les hagan estatuas, con un brindis cantinero, sin lágrimas, pueden recordarlos.

rangel_salvador@hotmail.com


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