Orden, esfuerzo y disciplina al aprender a escribir, con sentido o sin sentido

En el debate educativo, un tema recurrente es el de la valoración del orden, esfuerzo y disciplina. En una lógica binaria se muestran solo dos opciones: la otra es el caos, la lasitud y la indolencia. Entre ambos extremos, sin embargo, la realidad muestra un amplio abanico de prácticas que responden a comprensiones, intereses y circunstancias muy diversas.
En el contexto actual de anomia y luchas por el poder al que nos ha conducido el sistema dominante, muchos educadores reaccionan, asumiendo posturas autoritarias o rígidas para contrarrestar el desbordamiento, no solo de críticas al orden establecido, sino de justificaciones a la violación de cualquier norma.
Considerando la gran pluralidad de condiciones y posturas que hay en México, la apuesta de la SEP por la “autonomía docente” puede significar cierto alivio para el gremio y confianza en su buen criterio. Sin embargo, también puede interpretarse como negligencia o lavado de manos, cuando los planes de la NEM resultan confusos y las y los profesores no están recibiendo la formación-capacitación-actualización que requieren y, al contrario, muchas veces, se perciben solos frente a las contradicciones de este modelo (en especial la presupuestal).
Si hacer lo que siempre se ha hecho da mayor seguridad, ¿para qué cambiar? ¿Es posible una educación alternativa con orden y disciplina?
A lo largo de mi vida profesional he sido testigo del gran interés espontáneo, esfuerzo, concentración y disciplina que pueden mostrar niñas, niños y adolescentes cuando algo les resulta significativo. También he observado diversas prácticas familiares o escolares que *castigan o inhiben dicho interés, que *lo potencian y encausan con éxito, o bien, que *lo dejan a la deriva, sin ofrecer ninguna orientación ni realimentación.
Una vez, en el medio rural, una mamá me confesó, preocupada, que su hija de 15 años pasaba mucho tiempo encerrada en su cuarto. La chica desertó de la escuela antes de aprender a leer y a escribir y nadie la alentó a regresar. Al saberse ignorante, decidió aprender por su cuenta y, encerrada, llenaba su cuaderno con planas de pseudoletras (a#0+MRn<>), escritas con gran vigor, segura de que su esfuerzo individual sería suficiente. Aunque esto tenía gran significado para ella, no tenía mucho sentido, pues así no se aprende a escribir.
En otra ocasión, en una escuela privada urbana que visité, la directora me mostró con orgullo el orden que ahí reinaba. En el recreo me propuso elegir a cualquier chica, para que me mostrara sus cuadernos. Quedé impactada al ver una libreta impecable, con margen azul en cada hoja y gran cantidad de planas de su nombre, anotando con rojo cada inicial mayúscula. También tenía copias de lo que sus maestros anotaban en el pizarrón, igual, con rojo la inicial de toda palabra alineada a la izquierda, aunque no fuese nombre propio, ni inicio de oración. He aquí otra práctica que muestra orden, disciplina y esfuerzo, pero sin sentido ni significado, para quien la realiza (en pleno siglo XXI).
He aprendido, además de muchos profesores de escuelas públicas, privadas y comunitarias, comprometidos con la educación popular alternativa, que -a pesar de trabajar en condiciones adversas y sin libros de texto- logran, desde el preescolar, entusiasmar a sus estudiantes para producir folletos, revistas, libros, etc., con textos libres, reportes de entrevistas o clases paseo, noticias o avisos locales. En este caso, aprender a escribir parte del DESEO de expresar algo. Si alguien no domina la escritura, dicta sus ideas al profesor-a y luego copia su traducción del pizarrón, a mano o con un alfabeto móvil.
Esta práctica Freinet, que tiene gran sentido, existe en México al menos desde 1940 y genera gran interés y compromiso, pues implica revisar colectiva y rigurosamente el propósito comunicativo, la gramática textual-oracional, estilo y ortografía de los escritos, previendo la reacción del destinatario. Más vale corregir errores antes de publicar.
¿Puede enseñarse así en grupos de 40 o más alumnos? Depende.
maric.vicencio@gmail.com



