Opinión

Pablo Hasel. Expresión al límite

Por: Fernando Valdelamar

PARA DESTACAR: La regla general dicta que uno tiene el legítimo derecho de exponer sus ideas como quiera, siempre y cuando no transgreda los derechos de un tercero. Como el rap antisistema casi siempre se difunde por un circuito marginal, muchas veces se rompe la norma y se incluyen versos sin ningún tipo de censura.

 

Si de contenido explícito se trata, Hasel es el ejemplo indicado para hablar del llamado “rap combativo” con mensaje directo y composiciones que ya han dado más de un disgusto a los guardianes del orden que trabajan para el Estado español. Comunista sin tapujos y antifascista confeso, los medios conservadores en España lo apodan “el rapero terrorista” porque tiene letras donde se posiciona políticamente a favor de organizaciones como la guerrilla de los Grupos de Resistencia Antifascista Primero de Octubre (GRAPO) y el ilegalizado Partido Comunista de España Reconstituido (PCEr).

 

Hace cinco años en las Cortes de la Audiencia Nacional fue condenado bajo el cargo de enaltecimiento del terrorismo, por hacer alusión a las acciones de ETA (Euskadi Ta Askatasuna). Actualmente tiene varias causas abiertas acusado de calumnias, amenazas, incitación al odio, apología de la violencia e injurias, así que seguramente lo intentarán enjaular unos cuantos años por lo que dice en sus canciones.

Otras querellas que tiene pendientes en los juzgados son por –supuestamente- vandalizar la sede de un partido político, grafitear una Iglesia, causar destrozos en la Universidad de Lleida y agredir a un grupo de periodistas.

El caso de Pablo Hasel alimenta el viejo debate sobre los límites de la libertad de expresión. La regla general dicta que uno tiene el legítimo derecho de exponer sus ideas como quiera, siempre y cuando no transgreda los derechos de un tercero. Como el rap antisistema casi siempre se difunde por un circuito marginal, muchas veces se rompe la norma y se incluyen versos sin ningún tipo de censura, pensados para causar el mayor impacto posible. La fama en este caso le jugó en contra, porque Ángel Ros, el alcalde de su ciudad (Lleida, Barcelona) se enteró de que en una canción lo insultaba y esa es la primera denuncia que quizás le cueste un tiempo en prisión.

Habrá a quienes les parezca excesiva la forma de expresarse de este MC; muchos piensan que no todo se vale y que hay que suavizar el mensaje usando figuras retóricas y eufemismos. Ese discurso justifica la intervención gubernamental para controlar los contenidos discriminatorios y evitar el peligro evidente que significa la difusión masiva de mensajes donde se promueva la intolerancia, el odio racial, la xenofobia, la violencia sexista…

Lo que dice Pablo Hasel no se compara con esa escoria. Cuando lo arrestaron, entraron los policías en su casa y le requisaron todo material “sospechoso” –computadora, libros, poemas, letras de canciones- como posible prueba pericial en su contra, además de que previamente le habían montado un operativo de seguimiento e interceptación de comunicaciones privadas. Pero eso no hacía falta, porque sus ideas son de dominio público y basta echar un vistazo a la cultura conservadora de España para comprender por qué lo consideran un rapero peligroso al que les gustaría tener callado.

Habla explícitamente de revolución y de lucha anticapitalista; un par de temas anacrónicos y obsoletos para los medios de comunicación motivados por los intereses de los poderosos. Son esos fabricantes de opinión que apodan a Pablo Hasel “el rapero terrorista”, los primeros en legitimar la violencia estructural del sistema. Es ese gobierno de España (que aprobó la absolución a los nazi-fascistas y a la monarquía de sus crímenes durante la dictadura del genocida Francisco Franco) el que acusa a Pablo Hasel de difundir discursos que incitan al odio y a la violencia.

Una doble moral típica de las babilonias modernas: “si no tienes cuidado sus medios de manipulación te hacen amar al opresor y odiar al oprimido”. Pero ¿qué se puede esperar del Reino donde se inventó la Santa Inquisición, que fusiló al maestro catalán Francisco Ferrer y desapareció a su poeta más memorable, Federico García Lorca?

 

Espero que Pablo pueda escapar a esa represión reaccionaria y siga haciendo lo mejor que sabe: rap de protesta. Personalmente, me gustaría que en lugar de dedicarle canciones a Lenin y a Stalin le escribiera más al anarquismo, pero independientemente de esa discrepancia ideológica, reconozco su talento y agradezco que haya quienes tengan el valor de hablar claro, aun bajo la Ley Mordaza, contra la plaga fascistoide de ultraderecha que pulula por toda Europa.

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