Opinión

Pacto por México: I Viejas promesas, nuevos lenguajes, viejas demandas

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

Con cada año nuevo recuperamos ánimos para seguir avanzando en la vida, a pesar de (o gracias a) sus muchas vicisitudes y problemas. La esperanza enclavada ahí en el centro del alma no nos autoriza a darnos por vencidos y seguimos luchando (nótese la connotación bélica de nuestro lenguaje cotidiano), como si creyéramos que de algo sirve nuestro esfuerzo. Y digo “creer” y no “saber”, porque muchas veces no contamos con evidencia alguna que nos oriente. Por eso más nos vale actuar, medio a ciegas, asumiendo los riesgos, en el goce de la aventura, que subordinados a un “deber ser” externo, burocrático y sin cara.

Los procesos sociales de transformación en dirección a nuestras utopías son más largos y complejos de lo que lo que la paciencia soporta y para no desesperarnos, hacemos “como si”.

Esto explica quizás una de las características que nos identifica como mexicanos: la esperanza desmemoriada. Ésa que lleva a muchos a volver a votar por el PRI, cada vez que se puede y a pesar de todo. Esa confianza a-histórica, alimentada de mesías y de paciencia cristiana, (no en balde llevamos 500 años de colonización) que nos hace vivir permanentemente en la ilusión de ese futuro que nunca llega (porque es futuro).

En fin, que con los muchos y ricos abrazos de año nuevo e intercambios de deseos de que el año que inicia nos vaya mucho mejor, nos consolamos, vamos perdiendo “filo” o agudeza intelectual para comprender lo que sucede, y nos volvemos a dejar seducir por las viejas promesas, disfrazadas de nuevos y brillantes discursos (con sus respectivas justificaciones de por qué no se cumplen).

La última promesa del Gobierno Federal se llama “Pacto por México”, sobre el que mucho se ha hablado en los últimos días.

En un intercambio sobre el tema con mis amigos, vía electrónica, se coló la pegunta-queja de un cibernauta, no invitado, que vale atender: “¿Qué hay de malo en el Pacto por México?, ¿por qué los pesimistas critican los buenos intentos de los otros para cambiar las cosas? Para disentir, hay que conocer, así que analicemos dicho pacto y discutamos.”

No hubo respuesta. Al parecer todos estamos demasiado ocupados como para entretenernos en un “jueguito” de tal envergadura, que implica horas de trabajo extra; (para eso están los medios masivos, para que nos indiquen qué y cómo pensar).

Haré ahora como si tuviera tiempo para pensar y como si mis interlocutores lo tuvieran para leerme, con el propósito de ir compartiendo algunas dudas sobre dicho pacto y contribuir al debate que nuestra democracia merece.

Por supuesto que la idea de “pacto” es atractiva; “necesitamos uno, porque así como vamos, las cosas están saliendo muy mal”; algo así como esos frágiles acuerdos entre grupos adversarios, para enfrentar a un enemigo común y superior a cada uno por separado. Es prudente preguntar, entonces, ¿entre quiénes y para qué se da ese pacto o qué se busca enfrentar con él?

Ya vimos que los ciudadanos comunes no estamos incluidos; tampoco está incluida la disidencia no partidista. Como comenté en un artículo anterior (Tribuna, 10-12-12), el pacto se da entre cúpulas en el poder, incluyendo”representantes populares”, que ya sabemos que no nos representan (pero a ellos “les vale” que estemos enterados), y por ahí se dice que incluso algunos cárteles de la droga han dado señas de buena disposición a integrarse.

Dudo, que el Pacto por México mejore las cosas para la mayoría de la gente en nuestro país, principalmente por dos razones: 1) Porque no implica tocar el modelo de desarrollo que tenemos (capitalismo), y 2) porque surge desde las entrañas priistas.

Sobre el primer tema hemos hablado bastante. La reciente manifestación silenciosa del EZLN insiste en la necesidad de romper con el sistema capitalista y construir una alternativa económica-política (como también exigen los indignados del mundo). Con su expresivo silencio pone de nuevo en evidencia lo que algunos consideran “fracaso del sistema” (muchos en México se mueren de hambre), pero que en realidad representa un gran éxito para aquellos a quienes dicho sistema beneficia: ¡Tenemos el segundo lugar en producción de billonarios! y ¡el Dragon Mart de Cancún pronto será realidad, qué emoción!

El analista, Fernando Franco, en una nota de El Economista (10-01-13), dice al respecto: “Por supuesto que no es malo, e incluso es motivo de orgullo (sic), el que empresarios mexicanos estén dentro de los hombres más influyentes de todo el mundo. Sin embargo, ello refleja una vez más el país de contrastes en que vivimos, donde la desigualdad es –precisamente– una de las constantes…”

¿“Por supuesto que no es malo y es motivo de orgullo”? ¿No queda claro, para este señor, que en la concentración voraz de la riqueza en unas cuantas manos está la causa de la desigualdad social? (CONTINUARÁ).

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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