Opinión

¿Para qué le sirve la Universidad a la sociedad? (II y última)

Perspectiva 2014

Por: Sergio Centeno García

sergiocenteno05@live.com

Decíamos que ante la tremenda crisis social que actualmente vivimos, en donde se aprecia claramente que la especie humana está terminando consigo misma y además con el entorno que le da vida, no son las religiones institucionalizadas las que habrán de salvar a la humanidad del colapso que se vislumbra, pues aquellas sectas que tienen muchos siglos existiendo, lo único que han hecho es pelear entre sí fomentando la discordia, la venganza y el mercantilismo.

La salvación tampoco vendrá de la política, pues a los gobiernos emanados de los partidos políticos no les interesa fomentar ninguna conciencia de humanidad, sino hacer valer sólo sus propios intereses, orientados siempre hacia el dinero y el poder. A lo más que han llegado los gobiernos y las organizaciones políticas es a promulgar leyes y más leyes, creyendo que todos los problemas pueden ser resueltos con normas escritas que, para empeorar las cosas, sólo se aplican puntualmente a quienes no pueden comprar a los encargados de «impartir» justicia.

Cuando hablo aquí de «salvación» no me refiero a ningún concepto religioso sino, concretamente, a que la especie humana pueda cambiar de rumbo y reorientar su camino hacia una mejor forma de convivencia social, donde la violencia y la depredación ambiental sean reducidas a su mínima expresión, y donde el ser humano pueda convivir armónicamente con el otro y con «lo otro», siempre con la guía de una institución, de un programa, de un sistema a filosófico, etc.

En esto, las universidades tienen mucho qué aportar, pues se supone que es aquí donde se genera el conocimiento y en donde se estudia los diferentes problemas que acontecen en la realidad mundana. Sin imponerle a la Universidad la obligación de colaborar planteando propuestas para la solución de los severos problemas que aquejan hoy al ser humano, debemos esperar, no obstante, un aporte significativo del quehacer universitario hacia la sociedad que le da causa y razón de ser, pues es la sociedad la que aporta el recurso económico para que la Universidad continúe en operación.

Sin embargo, debido al aumento de problemas y anomalías sociales que a diario cobran miles de víctimas (guerras, violencia en todas sus manifestaciones, corrupción, enfermedades por estrés, vandalismo, narcotráfico, delincuencia organizada, alcoholismo, drogadicción, etc.), tal parece que al igual que las religiones, partidos políticos y gobiernos, las universidades tampoco están haciendo algo para auxiliar a su sociedad, pues no se nota por ningún lado que la problemática social vaya en descenso; antes bien, va creciendo.

En este sentido, tal vez a la sociedad de poco o nada le sirve que un investigador realice una brillante tesis sobre las causas o factores del suicidio, mientras el número de suicidios al año va en constante incremento. Tal vez a la sociedad de nada le sirve que en la Universidad se hagan interesantes aportes al conocimiento de las causas de la violencia, si a diario miles de mexicanos mueren en actos violentos. Y en fin, todo parece indicar que, o bien el quehacer universitario no debe tener como objetivo la solución práctica de los flagelos sociales, es decir, la Universidad no está hecha para eso; o bien su quehacer no está logrando impactar socialmente como pudiera o debiera hacerlo.

Con esto no trato de decir que la Universidad está haciendo mal su trabajo; por el contrario, lo hace y más que bien, pero quizá es tiempo de que se involucre mucho más decisivamente en el acontecer social diario, que impacte en la circunstancia concreta del hombre común, y que su voz y presencia sean referente obligado y hasta guía en el camino hacia la felicidad humana. Siempre y cuando, claro está, la congruencia y la praxis sean cualidades propias de los universitarios, que sean éstos los primeros que actúen que pudieran hacer sugerencias a la sociedad, y no que el compromiso sea sólo discursivo; pienso.

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