PARA QUÉ SIRVEN LAS LEYES

Fui temprano al Poder Legislativo del Estado. Algo muy importante se iba a discutir, si bien no se puede reconocer a las primeras. Al contrario -dijeron las amigas que me invitaron: tiene varias caras, muchas causas y consecuencias. Desde un inicio se ve su complejidad.
En aquella ocasión, volvieron a mi memoria preguntas que me hacía yo, desde niña, a pesar de mi poca experiencia. Muchas veces mi “má” me llevaba con ella a comprar algo (cebollas, jitomates o perejil). En las calles, alrededor del mercado, corrían niños, andaban a rastras ancianos o gente cansada, sin fuerzas. Me llamaba la atención, sobre todo, una mujer: todos le decían “Pachita”, era vieja, sin dientes, y apenas podía sostenerse con un palo en la mano, como bastón, mientras con la otra se apoyaba en ventanas, paredes o postes, para no caerse. A veces, cuando andábamos tras una oferta en el mercado, encontrábamos a la mujer en la banqueta, sentada. Yo no entendía la situación, y le preguntaba a mi “má” por qué “Pachita” solía estar en el suelo, con un paquete de papel a su lado. Por su conocimiento de vida, me aclaraba: “es más que papel. En él, los comerciantes meten comida para los pordioseros, pues la autoridad prohíbe a los locatarios dar alimento a esas personas. Hay unas tan pobres que ni siquiera pueden comprarse un taco. Y saben muy bien que los comerciantes tienen prohibido darles de comer; por eso salen rápido, con el paquete bajo el brazo. Ya lejos, abren el paquete y, con avidez mal contenida, lo devoran sin comprometer al donante”.
Las palabras de mi “má” me desconcertaban. Pero más me sorprendía la cantidad de frutas y verduras –algunas todavía muy buenas, completas, en buen estado y frescas– que el mercado tiraba a diario en los camiones de basura, y que no se permitía, bajo pena de multa o cárcel, darla a pobres y necesitados. ¿Quién entiende este mundo?
Ayer andábamos por allí, y pasamos frente a un local de periódicos, de los que ya casi no hay en la ciudad. Llamaron mi atención los encabezados de dos diarios nacionales:
Uno anunciaba: “La lucha contra el hambre es de ritmo dolorosamente lento”. Además, decía: “En estos momentos, 733 millones de personas tienen hambre: una por cada 11 del planeta”. Como para que el lector no se tranquilizara, añadía: “El hambre aguda -cuando la vida ya está en peligro– alcanzó a 295 millones de gente en 53 países el año pasado”. Sin quitar el dedo de la llaga, añadía: “La cifra de 733 millones es tan sólo reflejo del hambre ‘crónica’, o sea, la falta prolongada de calorías suficientes; el dato objetivo es que el número de personas que sufre de inseguridad alimentaria moderada o grave, es decir, que no tiene dieta saludable y nutritiva de forma constante, sube a 2.400 millones de personas -casi uno por cada tres seres humanos, según la FAO”.
Otro titular que publicaba el periódico decía que el hambre de los países con nivel más grave en el mundo se debe a una combinación sombría (conflictos armados, exposición climática o falta de redes de protección social). Los enlistaba: “Somalia, Yemen, Chad, Madagascar, Burundi y Sudán del Sur sufren los niveles más altos de hambruna”. Añadía el artículo que “en Gaza y otras regiones de Palestina ya se habla de riesgo de hambrunainminente”. El artículo añadía algo terrible: “la humanidad produce alimento suficiente para los habitantes de todo el planeta, que se distribuye de forma muy desigual. Tres datos lo explican: (1) 3 mil millones de personas no tienen una dieta saludable, debido a la inflación alimentaria y a sus bajos ingresos; (2) los pequeños agricultores –que producen un tercio de los alimentos del mundo– carecen de seguros, capacidad de riego y acceso a crédito, por lo que basta un solo desastre climático para que queden arruinados. (3) las mujeres poseen sólo el 15 por ciento de la tierra agrícola, aunque son el 43 por ciento de la mano de obra rural; la desigualdad de género resta productividad y margen para la alimentación familiar”.El periódico añadía otros datos, y sumaba “desplazamientos forzados: más de 120 millones de personas viven como refugiadas o desplazadas internas, la cifra más alta registrada, con acceso limitado a medios de vida y a alimentos básicos”.Al finalizar, decía que “El hambre en el mundo no se debe a falta de alimentos, sino a otros motivos: (1)Conflictos armados: son el factor que más contribuye al hambre aguda y afectan a 140 millones de personas. (2) Crisis climática: sequías, inundaciones y fenómenos extremos perjudicaron a 96 millones de personas en 2024, con “El Niño” como gran amplificador.(3) Choques económicos: inflación, devaluaciones y pérdida de poder adquisitivo empujaron a 59 millones más a la inseguridad alimentaria grave. (4) Desigualdad y pobreza estructural: las mujeres, la infancia y los pueblos indígenas son los más afectados; representan dos tercios de quienes padecen hambre y (5) Sistemas alimentarios frágiles: baja productividad agrícola, infraestructuras precarias y dependencia de importaciones de alimentos”.
¿Dónde están, pues, las leyes que atienden el problema?



