Pauta nacional, pero inaplicable en el siglo XXI: la huelga ferrocarrilera del 59

Si bien hubo “un espíritu reivindicador proletario”, el movimiento ferrocarrilero fue sometido por el triunfo del “sindicalismo blanco”; y 65 años después, no ha habido una iniciativa con la misma magnitud: Ricardo Rivón Lazcano
Febrero de 1959
Desde 1947, las personas trabajadoras en el ámbito ferrocarrilero iniciaron una denuncia en contra del Sindicato de Trabajadores Ferrocarrileros de la República Mexicana (STFRM) y de la empresa Ferrocarriles Nacionales de México (FNM). Como consecuente, comenzaron a surgir líderes que buscaban cambios significativos bajo el “impulso ideológico marxista comunista” surgido potencialmente a principios del siglo XX. Al llamado del autor teórico, Karl Marx, los ferrocarrileros se hicieron notar: “¡Trabajadores del mundo, uníos todos!”.
Sin embargo, en 1948, la administración de Miguel Alemán Valdés comenzó la represión contra los sindicatos, al comenzar por el STFRM, lo que debilitó su propósito; y fue hasta 1958 que surgió la Gran Comisión Pro-Aumento de Salarios, liderada por Demetrio Vallejo y Valentín Campa, quienes exigían el incremento de 350 pesos. Como resultado, el salario ferrocarrilero solo aumentó 250 pesos, por lo que la Gran Comisión solicitó, además, mejoras habitacionales y óptimas condiciones de trabajo con base en el artículo constitucional 123.
Al no haber respuesta del gobierno, las personas trabajadoras comenzaron a organizar huelgas de manera gradual, hasta que, el 28 de febrero de 1959, estalló la huelga general en Ferrocarriles Nacionales. Una vez con el caos ferroviario, el presidente Adolfo López Mateos respondió con el despido de más de nueve mil personas y encarcelaciones por delitos fabricados, como el de Demetrio Vallejo y Valentín Campa; de quienes exigieron su liberación los estudiantes de 1968.
Después de todo, el movimiento ferrocarrilero “fue subordinado y corporativizado a base de violencia”, por lo que solo se dio “el triunfo del sindicalismo blanco”, sostiene el sociólogo por la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ), Ricardo Rivón Lazcano. Es decir, el sindicato ferrocarrilero fue controlado por los patrones y el gobierno, y no representó los intereses genuinos de los trabajadores. “El sistema político mexicano, y sus tentáculos, incluyeron a los liderazgos sindicales a sus beneficios”, subraya Rivón Lazcano.
Los rieles de la actualidad
A 65 años de aquellos sucesos, el secretario Académico de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPS) de la UAQ del 2000 al 2003, y presidente del Consejo Electoral Distrital II de Querétaro 2003, 2006 y 2009, afirma que hay un “desdibujamiento y una desaparición de los movimientos sindicales”; un debilitamiento de la iniciativa social.
“Ahora, los sindicatos parecen no tener la fuerza política ni ideológica del siglo pasado. Había un movimiento sindical vivo, alternativo, luchón, pero en la actualidad yo no veo que existan”, externa el jefe del Departamento de Investigación Educativa de la Unidad de Servicios Para la Educación Básica en el Estado de Querétaro (USEBEQ) 2023.
En ese sentido, aclara que las universidades ya no se orientan desde la perspectiva sindical a favor de los trabajadores. Aunque se sigue intentando visibilizar las injusticias, “el movimiento sindical está muy diluido”. A pesar de la existencia de sindicatos, su impacto es limitado; como en la UAQ, donde estas organizaciones de administrativos y académicos no tienen suficiente relevancia como movimientos.
Por lo tanto, “ya desaparecieron” los líderes como Demetrio Vallejo y Valentín Campa en la actualidad. “Fueron representantes de una dinámica histórica y sociológica muy clara, con referentes teóricos, conceptuales e ideológicos que ya no están. Aunque haya líderes sindicales, nada que ver con aquel espíritu transformador”, reconoce con anhelo Rivón Lazcano.
La realidad del siglo XXI
Ante las nuevas administraciones en todo el mundo, el sociólogo trae a colación al científico social estadounidense Immanuel Wallerstein para tratar explicar el nuevo orden social. Explica que “estamos viviendo una transformación del Sistema Mundo capitalista”, el cual tiene una característica predominante: la incertidumbre. “Es decir, no sabemos qué va a suceder”.
Así mismo, afirma que “las estructuras que condicionan la vida están siendo transformadas”; y que “el papel de los individuos y de los grupos pequeños, puede ser más relevante”. En tal sentido, advierte que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, junto con el empresario Elon Musk, “están cambiando la jugada mundial”, por lo que “los referentes del pasado ya no nos están sirviendo”.
Sin embargo, y frente a esta incertidumbre, el también hijo de ferrocarrileros nacido en 1959, Rivón Lazcano, reconoce que tal vez haya personas que crean que la nueva realidad ya se pueda explicar bajo ciertas teorías y conspiraciones. No obstante, para él, “el movimiento obrero del 59 ya es historia”. “Estamos perplejos ante las transformaciones, y tenemos que ir poco a poco avanzando en estos intentos de comprensión y crítica”, arremete hacia las Ciencias Sociales.
¿Las colectivas actuales son comparables con los ferrocarrileros?
De acuerdo con el sociólogo con diplomado en Desarrollo Regional por el Instituto de Administración Pública de Querétaro 1996, y uno Internacional en Procesos Políticos Contemporáneos por la UAQ 1999, los movimientos sociales actuales suelen tener un alcance limitado, y no logran estructurarse para perdurar en la realidad.
Una vez que alcanzan sus objetivos, desaparecen, y surgen otros. Aunque son necesarios y resuelven problemas reales, estos últimos suelen ser puntuales y locales, por lo que no impactan la estructura general de las sociedades. “No tienen la fuerza suficiente”. Pueda parecer que movimientos de gran envergadura se están llevando a cabo, como manifestaciones simultáneas en varios lugares del mundo, pero “yo tengo algunas dudas al respecto”, finaliza Ricardo Rivón Lazcano.

