Opinión

Peña Nieto: Presidente

Punto y seguido

Por: Ricardo Rivón Lazcano

UNO

Nuevamente Sartori camina en estos renglones. Vivimos en una edad en la que los comportamientos políticos pierden sentido y, en esa desorientación, sustituyen su cartografía por la de los comportamientos económicos. La política se va alejando progresivamente de la ética –de los comportamientos desinteresados motivados por el “deber”– para acercarse cada vez más a la economía, a comportamientos motivados por el “interés”. Suena fatal pero se puede postular que los comportamientos de masa (electoral, por ejemplo), se inspiran ampliamente en el criterio de maximización del propio interés. Y así nos irá con el nuevo Presidente.

 

DOS

Algunos dirán que Peña Nieto ganó mediante la compra del voto. Y es verdad que en estos días hemos visto numerosas pruebas de que los antiguos usos y costumbres electorales son practicados sí, pero por todos los partidos políticos. Como sea, resulta penoso – analíticamente– creer que 19 millones de votos fueron comprados. ¿No será más bien que la izquierda no ha logrado convencer a muchos sectores independientes de la sociedad mexicana? Afectos a discutir con el resto de la clase política, desoyen a sus críticos en la sociedad civil. La opción de cambio en México es una izquierda renovada, moderna, plural. Lamentablemente dicha izquierda no existe, por ello el PRI gobernará en Los Pinos, aun si es con las siglas del PAN.

 

TRES

No importa el canal de televisión, allí estará siempre Peña Nieto, encarnando la política desde y para la televisión, ese reino del montaje, el maquillaje y el publirreportaje, donde los argumentos y la historia ominosa del PRI pueden pasar a segundo plano a fuerza de rating y fotogenia.

Y es que, como van las cosas ni la Expo Fraude, ni las 638 fojas que integran el escrito por el cual la Coalición Movimiento Progresista promovió el juicio de inconformidad por nulidad de la elección de Presidente de la República, tendrán el efecto que muchos mexicanos desean pero que en conjunto parecen no ser mayoría.

 

CUATRO

Uno se acostumbra al PRI y a su cinismo, a su retórica, sus trampas, sus raterías.

Hasta que un día ocurre lo impensable y las calles son una fiesta, otra vez la alternancia y los efectos que nadie puede ver.

Hoy hay algo parecido a la desesperanza, pero nada es igual. Niños de seis años que algún día votarán, seguramente en urna electrónica o algún dispositivo tecnológico aún no inventado.

Peña Nieto será el rostro bonito de un partido feísimo… pero pasará. Nadie habrá de resignarse de nuevo. No muchos de los hijos de muchos, al menos.

 

CINCO

¿Cuál es en esencia la evidencia provista por AMLO en su impugnación? Hay, con respecto a lo sucedido en 2006 un problema: era mucho más fácil encontrar irregularidades de impacto determinante en el resultado cuando el margen era de 0.56 por ciento que cuando es de 6.6 puntos.

Se puede demostrar con cierta facilidad que un candidato o partido rebasó los topes de gasto de campaña o bien que realizó actividades ilegales de compra o acarreo de voto. Lo que es muy difícil o casi imposible determinar es cuántos votos fueron contaminados por tales irregularidades. Y esta dificultad radica en que los motivos detrás de cada sufragio son tan secretos como el votante quiera. Ésta es una dificultad odiosa para muchos expertos y analistas.

Nuestro sistema electoral tolera el exceso de gasto de campaña y, al no castigarlo de manera ejemplar, promueve el clientelismo. Lo sabemos y miramos al otro lado. El sistema electoral mexicano se ha ido perfeccionando en un proceso de prueba y error, pero también ha habido errores y distracciones serias que deben corregirse cuanto antes. Atar las manos al desvío de recursos en todos los órdenes de gobierno, fiscalizar ingresos y gastos de campaña y castigar las peores prácticas clientelares para movilizar o persuadir votantes, son tres viejos problemas. Ya va siendo tiempo de atender lo importante y no regular al capricho y contentillo de los partidos.

 

SIETE

En esta elección, ya fue el tiempo de los partidos y de los ciudadanos; hoy es el tiempo de los tribunales y las instituciones. Es, en realidad, tiempo de aplicar el Derecho y, sobre todo, de prepararnos todos para aceptar los fallos y activar de una vez el proceso más generoso de toda democracia: el de la unificación después del conflicto y el de planeación del futuro.

(Con Base en Sartori, Bauer, Amara, Solórzano, Aparicio).

rivonrl@gmail.com

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