Opinión

Peña Nieto y su reforma “educativa” (Segunda parte)

Por: Ángel Balderas Puga

“Existe un solo bien: el saber y un solo mal: la ignorancia”. Sócrates.

En el número anterior de Tribuna de Querétaro dimos unos cuantos ejemplos que exhiben la ignorancia manifiesta de Enrique Peña Nieto en temas tan elementales como historia de México, geografía, literatura y economía básica, lo que pone en duda que tal personaje pueda encabezar cualquier reforma educativa. Ciertamente no es ningún José Vasconcelos, Peña Nieto no tiene la estatura para eso ni tampoco se ve que alguien en su equipo la pueda tener ni tampoco nadie de las cabezas del mal llamado “Pacto por México” (en realidad pacto para beneficiar a unos cuantos a costa de la inmensa mayoría de los mexicanos).

¿Cómo es posible que los que apoyan el bodrio llamado reforma “educativa” no cuestionen la calidad educativa de quien, supuestamente, la encabeza?

Según su currículum, Peña Nieto es abogado por la Universidad Panamericana (privada) y maestro en Administración de Empresas por el Tecnológico de Monterrey (privado). Ante sus manifiestos problemas con la lectura, a grado tal de no recordar ni siquiera el nombre de libros que hayan marcado su vida, ¿cómo le hizo para terminar una licenciatura y una maestría? ¿Es esa una señal de que esas universidades privadas son “patito”? Si juzgáramos a esas dos universidades privadas por este egresado de ellas, como los impulsores de la reforma “educativa” pretenden hacer con las escuelas públicas, tendríamos que concluir que esas instituciones privadas estarían reprobadas, pero claro la “evaluación” no es para las escuelas privadas, ésas pueden hacer lo que quieran, funcionar de manera pésima, defraudar a sus “clientes”, no generar conocimiento, etcétera.

Además de lo anterior, en el currículum de Peña Nieto se señala que es autor del libro “México, la gran esperanza”. Ese libro contiene 10 páginas de bibliografía por lo que es verdaderamente increíble que el “autor” del libro sea incapaz de nombrar el título de algún libro que haya marcado su vida.

Si EPN fuera el autor al menos habría podido nombrar algunos de los libros más importantes escritos en la bibliografía. La periodista Lydia Cacho afirmó que el verdadero autor del libro es Luis Videgaray, Secretario de Hacienda y Crédito Público de Peña Nieto (SDP noticias, 23/02/12) aunque luego, la misma periodista señaló que el autor era Aurelio Nuño, personaje muy cercano al padrino político de EPN, Carlos Salinas de Gortari (Proceso, 27/02/12).

Al respecto se recomienda mucho la lectura del artículo “¿Leyó Peña Nieto su propio libro?” (sinembargo.com, 08/12/11) donde se cuestiona que EPN haya escrito el libro señalado antes.

Pero no sólo es cuestionable la calidad educativa de Peña Nieto sino también la de muchos de los diputados que aprobaron la reforma, se puede intuir que muchos de ellos la aprobaron sin conocerla, sin haberla leído y también se puede intuir que varios de los que intentaron leerla no la comprendieron.

¿Y cuándo evaluamos a los otros?

Los que trabajamos en las instituciones públicas de educación superior somos permanentes evaluados en todas nuestras tareas de docencia, investigación, administración, divulgación, etcétera, nos evalúan de manera individual y colectiva. Los verdaderos aumentos salariales (llamados “estímulos”, que además no son definitivos sino temporales) dependen de la llamada “productividad” (artículos publicados, proyectos de investigación, conseguir recursos económicos para financiar las propias investigaciones, horas frente a grupo, alumnos tutorados, etcétera).

La gran pregunta a propósito de la reforma “educativa” es ¿por qué evaluar sólo a los profesores y no a todo el sistema educativo, incluidos los funcionarios de la SEP?

Todos los que en estos días se llenan la boca con la palabra evaluación y la aplican sólo a los profesores de educación básica ¿estarían dispuestos a ser evaluados por una instancia externa? ¿Estarían dispuestos a jugarse la permanencia en su trabajo al resultado de tal evaluación y que además fueran evaluados de manera permanente? ¿Estarían dispuestos a ligar el monto de su salario al resultado de las evaluaciones?

¿Para cuándo evaluamos entonces a otras categorías profesionales? Evaluemos la “productividad” de médicos y enfermeras, de ministerios públicos y jueces, de administradores y contadores, de plomeros y carpinteros, de secretarias y funcionarios, de locutores de radio y televisión, de policías y militares, de regidores, diputados, senadores y presidentes municipales, pero evaluemos también a la iniciativa privada, evaluemos con los mismos parámetros que nos aplican a la escuela pública, a las escuelas privadas. Evaluemos la eficiencia de negocios y empresarios. Seamos coherentes y apliquémonos todos evaluaciones con parámetros e indicadores internacionales no sólo el examen PISA (Programa para la Evaluación Internacional de Alumnos) sino evaluemos también a los demás sectores con otros indicadores de la OCDE.

Dudo mucho que los que pontifican la evaluación de la calidad de los profesores estén dispuestos a que se les suministre la misma medicina…. “Hágase la voluntad de Dios, en los bueyes de mi compadre”.

anbapu05@yahoo.com.mx

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