Opinión

Piensa, ¡oh Patria querida!, que el cielo un soldado en cada hijo te dio

Por: María del Carmen Vicencio

En todas las escuelas mexicanas de educación básica se canta semanalmente el Himno Nacional. Diario lo escuchamos al inicio y final de las transmisiones radiofónicas; todos los domingos en “La Hora Nacional”; en las ceremonias cívicas, o cuando gana México en torneos internacionales…

El himno, sin embargo, carece de significado para muchos mexicanos. Su léxico es anacrónico, cursi y parcialmente incomprensible: “Mas si osare un extraño enemigo profanar con su planta tu suelo, piensa ¡oh Patria querida! que el cielo un soldado en cada hijo te dio”. Además su ánimo guerrero resulta impopular, cuando estamos hartos de conflictos. Así, sabemos de algunos intentos de diluir su belicosidad, que hoy choca con el valor neoliberal de la tolerancia (incluso hacia los rateros rapaces).

¿Para qué cantar el himno? Algunos dicen que “se les eriza la piel” escuchándolo (reacción meramente emocional). La manipulación afectiva desde la infancia ha sido un truco del poder para controlar a la masa y motivar a los jóvenes a la guerra, según le convenga.

Más allá de esa manipulación perversa, sin embargo, no podemos dejar de reconocer que, a lo largo de la historia, nuestro himno ha tenido una importante función de cohesión e identidad popular. Surgió poco después de la Independencia, contribuyendo al sentimiento colectivo de patria. Después de librarnos del yugo español, su ánimo fue fundamental para detener nuevos avasallamientos, por parte de los E.E.U.U. y países europeos, que siguen viendo a México como suculento botín, por su enorme riqueza natural y cultural.

Después de sufrir el terror colonizador, el poderío de la iglesia católica y su inquisición, la enorme voracidad de los grandes capitalistas tras los gobiernos post-independentistas, que sumieron a la población en la miseria, muchos luchadores sociales han dado su vida, intentando concretar y hacer valer un nuevo orden político, republicano, federal y democrático, que hoy, con el neoliberalismo, se cancela.

Por eso (aunque ya no creamos en nada), es fundamental rescatar el sentido profundo del himno: “Piensa, ¡oh Patria!, querida…” que cada mexicano está dispuesto a defenderte.

Nuestra Constitución Política es una de las más avanzadas del mundo, dirigida a garantizar el bienestar de TODOS los mexicanos. Esto no conviene a las grandes trasnacionales pues les impide apoderarse del tesoro nacional. Por eso ejercen una fuerte presión, para reformarla a su favor, lo más rápido posible.

Tomar decisiones al vapor, sin pensar, sin discutir, sin consultar a los expertos ni a la población, “cerrando filas” con el presidencialismo, es lo que caracteriza a la cleptocracia actual. Todos los principios que nos constituían como pueblo (patria, soberanía, democracia, justicia social, bien público…) son desacreditados como “obsoletos”, mediante una fortísima campaña mediática que incluye seudo-análisis financieros, deplorables telenovelas, zonzas caricaturas, que a base de repetirse implantan en la mente colectiva un fuerte obstáculo epistemológico, que obstruye el sentido común y su razonamiento crítico. Ya decía Goebbels, el ideólogo nazi: “Una mentira repetida mil veces se vuelve verdad”.

Con la misma estructura de la religión, los reformistas quieren que aceptemos a ciegas, por pura fe, que sus estrategias neoliberales mejorarán al país, porque toda evidencia empírica muestra lo contrario y porque no son capaces de articular un solo argumento que desarme la contundente exposición de datos duros, comparaciones y análisis críticos de la oposición. Lo que responden a los serios cuestionamientos son sólo evasivas amorfas y tartamudas.

La mayoría de nuestros “portavoces” no sólo no debaten, ni promueven la reflexión popular, ni nos consultan; sólo se alinean al poder y callan frente a las lamentables declaraciones de los secretarios Osorio Chong o Joaquín Clowdell, quienes “explican” que  la consulta ciudadana “no está prevista en la ley” (sic), negando el artículo 35 fracción VIII, de nuestra Constitución: “Son derechos del ciudadano votar en consultas de trascendencia nacional”…(lo que incluye las convocadas por los propios ciudadanos); o alegan que “ya no hay tiempo de hacerla”, pues urge aprobar la reforma (¿a quién le urge y por qué?).

Igual que hicieron con los maestros, pretendiendo diluir el conflicto, declaran que “son atendibles algunas de las propuestas de la oposición” (las más irrelevantes e inocuas). No requieren escuchar y menos dudar, porque tienen el poder y eso basta.

La democracia, gobierno del pueblo y para el pueblo, es sistemáticamente negada en nuestro país y nosotros, pueblo (ignorante, desidioso, alienado y timorato) lo permitimos.

Quienes dicen que “no importa qué se reforme, ni de quién sea PEMEX, siempre que sea eficiente, no haya corrupción y bajen los precios”, olvidan que lo mismo se prometió con las modernizaciones neoliberales. Así perdimos nuestra agricultura y minería, Ferrocarriles Nacionales, Teléfonos de México, Luz y Fuerza del Centro, Mexicana de Aviación, etc. Aunque lo nieguen a rajatabla, los reformistas están privatizando.

Privatizar resultó altamente eficiente para el enriquecimiento de gente inescrupulosa como Carlos Slim, pero ¿qué ganamos los demás mexicanos?

La Coordinadora Queretana para la Defensa del Petróleo ofrece mucha información para comprender mejor el desfalco que estamos sufriendo. Entérate y participa, exigiendo la consulta ciudadana.

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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