Opinión

Poema a una abuela El cerebro de José María Pérez Gay

Punto y seguido

 

Por: Ricardo Rivón Lazcano

Uno

Los seres humanos padecen, según la tradición tibetana del budismo, cuatro grandes corrientes de sufrimiento, a saber: el nacimiento, la vejez, la enfermedad y la muerte. Otros padecimientos adicionales son el miedo a encontrarnos con los enemigos que detestamos, el miedo de separarnos de los seres queridos, el tener que afrontar lo que no deseamos y el no conseguir lo que deseamos.

Nosotros los occidentales sabemos de esas etapas creyendo asumirlas con naturalidad. Del libro Las palabras de mi maestro perfecto, de Patrul Rimpoché (1808-1887):

El gran poeta Yetsun Mila (Milarepa) dijo:

Uno, te levantas como si arrancases una estaca del suelo,

Dos, te arrastras como si acechases un pájaro,

Tres, te sientas como si soltases un saco,

Abuela, cuando esas tres cosas suceden,

Eres una triste vieja cuyo cuerpo ilusorio se está marchitando.

Uno, por fuera tu piel cuelga con arrugas,

Dos, por dentro los huesos sobresalen donde la carne

y la sangre han desaparecido.

Tres, en medio estás aturdida, sorda, ciega y estúpida.

Abuela, cuando estas tres cosas suceden,

Enfadada frunces la cara con arrugas deplorables.

Uno, vistes con ropas toscas y andrajosas,

Dos, lo que comes y bebes está insípido y frío,

Tres, te apuntalas en la cama con pieles por los cuatro costados.

Abuela, cuando estas tres cosas suceden

Eres como un yogui realizado al que pisotean hombres y perros.

Dos

El cerebro de mi hermano (Seix Barral, 2013), de Rafael Pérez Gay, Premio Mazatlán de Literatura 2014. La enfermedad, el dolor y la muerte. Un libro de memorias sin adjetivos, de narrativa admirable, envidiable:

“Me tomó años entender que la muerte es un hecho cruel que define la vida”.

“Tú lo que tienes es el síndrome de los Tecolines: ansiedad, angustia y desesperación” (Rafael a su hermano José María).

“El destino es el lugar donde está ocurriendo la vida”.

“Esto es lo que creo que es la hermandad: dos niños jugando a que son eternos”.

“Todo ser humano lleva una doble identidad: la del reino de los sanos y la del reino de los enfermos” (De Susan Sontag, citada por el autor).

“Puedo asegurarte que nadie se había dormido ante esta obra de Van Gogh, si el gran pintor te hubiera visto roncar ante su tela, se corta la otra oreja”. (José María a Rafael)

“Mi hermano había adquirido cierta fama como fabulador empedernido, instalado en una rara e innecesaria mitomanía, convertía la realidad en una ficción, acaso por esta razón, Héctor Aguilar afirma que Pepe fue una novela que no necesitó escribir, me gustaban sus mentiras, una forma de sublevarse ante la realidad, ficciones cubiertas a risotadas cuando yo lo descubría”

“Me pregunto en qué parte de estas luces y sombras del cerebro de mi hermano está Piedra de sol de Octavio Paz, el poema que mi hermano era capaz de decir de memoria en su mayor parte. Dónde quedó García Lorca que le encantaba citar a la menor provocación; dónde la memoria, en qué surco está mi madre, es decir, el recuerdo de mamá, dónde el padre, ¿todo se ha perdido? ¿Así de un plumazo, empezamos a ser nada, nadie, nunca?

“Le propuse un juego como si nada hubiera pasado; en el fondo me sentí un miserable, pero era peor guardar silencio y envolverse en la desventura.

Escribí en el pizarrón: Heidegger ( ) Hegel ( ) Schopenhauer ( ) Nietzsche ( ) Kant ( ). Sin pensarlo, dirigió con torpeza, pero con exactitud, su dedo índice al nombre de Nietzsche, su filósofo de cabecera. Una coincidencia de la vida quiso que Nietzsche escribiera sobre la felicidad desde un dolor profundo; la locura lo consumió. Pepe siempre contaba del día en que Nietzsche vio a un cochero darle un fuetazo a un caballo para que se moviera. El filósofo cubrió al caballo con su cuerpo y empezó a llorar sin consuelo. Nietzsche nunca regresó de esa noche.”

@rivonrl

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