Opinión

¿Por qué ganó Trump?

JICOTES

Por: Edmundo González Llaca

De ser un histrión que provocaba una sonrisa burlona, ahora Trump se ha convertido en un personaje que aterroriza. Es necesario recuperarse del sofocón y  reconocer que no solamente perdió Hillary Clinton, también perdieron los negros, las mujeres, todas las minorías, los comentaristas políticos (me incluyo), las empresas de encuestas, la prensa mundial, los debates televisivos en los que todos ganó Hillary.

De todas las causas de su victoria, creo que los electores votaron por la autenticidad y la espontaneidad, sin importarles lo que opinara o dijera. Hay en los electores una nostalgia por la naturalidad y las pasiones sinceras. Maquiavelo decía: “Gobernar es hacer creer”. Los norteamericanos creyeron más en las mentiras cínicas, pero apasionadas de Trump que en la informada, prudente, pero desangelada emocionalmente de Hillary. De no creerse. Los milagros también bendicen a los malos cuando tienen más fe, entusiasmo y acción que los buenos.

Francisco Domínguez… oootro viaje

Una vez más, el señor gobernador Francisco Domínguez decidió viajar al extranjero. Sus viajes van en sentido contrario al llamado a la austeridad del presidente y la antipatía que produce en un sector importante de la opinión queretana, que en medio de las necesidades que la agobian, observa estos viajes como un derroche ofensivo de sus impuestos. El poder público en sí mismo tiene privilegios, lo que marea, embriaga y, lo peor, toda esa energía que se ha utilizado para obtenerlo se aprovecha para su disfrute, que se considera una justa recompensa.

El poder público pierde su sentido de responsabilidad que se adormece en la complacencia de ejercerlo para el placer personal. No está mal el goce de gobernar, el problema es cuando se convierte en un fin en sí mismo. Cuando Domínguez convoca a apretarse el cinturón es de los asientos del avión ¡Cuidado! ¡Mucho cuidado! El disgusto y la contrariedad social son peligrosas.

Lo más triste

De los mayores errores de apreciación en las elecciones de Estados Unidos fue considerar que después de toda la sarta de majaderías y ofensas de Trump a los latinos, principalmente a los mexicanos, estos le darían en las urnas el triunfo a Hillary Clinton. Nada más ilusorio. Uno de cada tres latinos votó por Trump. Semejante aberración responde a que los latinos naturalizados norteamericanos, es decir, 50 millones, de los cuales 35 cinco aproximadamente son mexicanos, se sienten más gringos que los propios gringos.

Ellos también compraron la tesis de que sus excompatriotas llegarían a quitarles su trabajo y votaron por el muro. Nada más lamentable que ver en nuestro territorio pelear a los mexicanos contra los mexicanos, pero cuando esa pugna se traslada al extranjero, en un acto de abierta y franca falta de solidaridad a su raíz nacional, es uno de los espectáculos más tristes para cualquier mexicano. Para llorar.

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