¿Por qué leer a Hannah Arendt hoy?

A propósito del 50 aniversario luctuoso de Hannah Arendt, una de las teóricas políticas más influyentes del siglo XX, se llevó a cabo este conversatorio organizado por la Maestría en Filosofía Contemporánea Aplicada y la Licenciatura en Filosofía de la UAQ. Sobre la importancia de su obra y su pertinencia en la actualidad hablaron la Dra. Heidi Alicia Rivas Lara, de la Universidad Autónoma de Chihuahua; el Dr. Emilio Gerardo Arriaga Álvarez, de la Universidad Autónoma del Estado de México; y la Dra. Claudia Abigail Morales Gómez, de la Facultad de Filosofía de la UAQ.
Como resultado del intercambio de ideas, los tres ponentes señalaron que para Arendt, el pensamiento surge de la experiencia vivida, la existencia misma. Su vida, marcada por los episodios más crudos del siglo XX: las dos guerras mundiales, el holocausto y la Guerra Fría; influyeron en su pensamiento y reflexiones sobre la política, el totalitarismo y el poder. Esta filósofa e historiadora alemana-estadounidense (Arendt) no sólo analizó los totalitarismos –los vio de cerca– y observó cómo éstos deshumanizan a los individuos y cómo la burocracia, a través de la banalidad del mal, permitía la violencia sistemática sin necesidad de odio personal o maldad consciente, una realidad que aún hoy nos toca.
Estas experiencias le llevaron a resignificar el poder, alejándolo de la visión tradicional en donde se ve asociado a la dominación, la violencia o la imposición. En cambio, ofrece una alternativa esperanzadora: el poder como algo constructivo y creativo, nacido de la participación colectiva. Así, el poder deja de ser exclusivo de aquéllos que lo ostentan y portan las armas, pasando a manos de quienes se atreven a creer en el cambio, en una sociedad activa dispuesta a dialogar y tomar decisiones colectivas.
Con esta tipología del poder, se destacan tres formas en las que las sociedades interactúan y construyen el espacio público: en primer término, el poder de reunión y la natalidad, lo cual representa la posibilidad de crear algo nuevo, marcando una diferencia en el mundo; en segunda instancia se encuentra el poder discursivo, en donde las palabras son más que sonidos, volviéndose puentes que permiten la construcción de acuerdos para el fortalecimiento de la sociedad; y, por último, está el poder fundacional, donde las instituciones perduran al mantener viva la libertad y la pluralidad.
Para la sociedad en la que habitamos, la lectura de Hannah Arendt implica aprender a reconfigurar el poder, creando espacios donde nadie queda en silencio gracias a la participación colectiva y activa de la sociedad. Actuar juntos para enfrentar los desafíos políticos, sociales y étnicos que persisten en la actualidad, pues como dijo Arendt: “la esperanza no es utópica”. Es una llama que se enciende cuando las personas se unen con la intención de cambiar al mundo, concluyeron los tres especialistas en esta autora imprescindible para comprender y contribuir a transformar las complejas realidades que nos atraviesan a los habitantes del convulso siglo XXI.
Divulgación, Facultad de Filosofía.



