Opinión

¿Por qué los profesores universitarios apoyamos al SUPAUAQ de Nuri Villaseñor?

Germán Espino Sánchez

El SUPAUAQ ya tiene un comité legitimado en los hechos, el encabezado por Nuri Villaseñor, el cual es apoyado por diez facultades y reconocido por el Consejo Universitario. El otro comité funda sus esperanzas en el respaldo del Gobierno del Estado, pero ese apoyo es ilegítimo, y aún ilegal, y lo hunde en el desprecio de los universitarios. Es previsible que el Gobierno del Estado cambie su postura, obligado quizá por la justicia federal, y entonces quede formalmente establecido el comité de Nuri Villaseñor.

El comité encabezado por Saúl García sólo es apoyado por un grupo de profesores que se mueve en torno a la Facultad de Contaduría y Administración y la Escuela de Bachilleres. Entre los que apoyan a este comité se encuentran, fundamentalmente, los enemigos históricos del rector y los que apuestan a desgastarlo para ganar la rectoría en las próximas elecciones. Al parecer, este grupo opositor está tan empeñado en vencer al rector, que no le importaría entregar a la UAQ al grupo de Pancho Domínguez. Esto no lo perdonamos la mayoría de los universitarios: que en su pugna personal contra el rector estén dispuestos a llevarse a la UAQ entre las patas. Esa es la razón por la que prácticamente ya hay una gran mayoría que aprueba al comité de Nuri Villaseñor y descarta al de Saúl García.

Hagamos un repaso. En las elecciones decisivas, después de varias rondas, por una diferencia mínima ganó el comité de Saúl García; sin embargo, tras recibir impugnaciones de las dos planillas contendientes la comisión electoral dispuso que dadas las pruebas de numerosas trampas electorales, sobre todo del comité de Saúl García, decidió anular la elección.

En primer lugar, hay que reconocer que la autoridad electoral actuó en términos generales, de manera imparcial, aunque controvertida. Fue una decisión muy polémica pero me parece justa, se debía anular la elección, no importaba quien ganara. Si la comisión electoral hubiera querido privilegiar a uno de los bandos le hubiera dado el triunfo; en lugar de ello anularon la elección viciada, descartaron a ambos comités y convocaron a nuevas elecciones. El grupo de Saúl García no quiso volver a competir y apostó a que ganaría con el apoyo de la Secretaría del Trabajo, es decir, apostó a ganar por la fuerza. Apostaron a ganar con el apoyo del secretario del trabajo, José Luis Aguilera, un junior prepotente que en 2016 jugó a aplastar al rector en la huelga y perdió, perdió escandalosamente cuando el gobernador Pancho Domínguez deshizo todo el conflicto que el funcionario había provocado al apoyar a la lideresa del STEUAQ.

Después se celebraron nuevas elecciones y ganó el comité de Nuri Villaseñor.  En diciembre de 2016, el comité de Saúl García tomó las instalaciones del SUPAUAQ mediante un acto de fuerza.

Los enemigos del rector se equivocan cuando dicen que hay que respetar el resultado de las elecciones, no importa cómo se hayan realizado. Hay que recordarles que este fue el argumento del PRI en la era dorada del autoritarismo, y ha sido también de algunos panistas autoritarios en la transición: “haiga sido como haiga sido”, decía impúdicamente Felipe Calderón. Se equivocan, las elecciones viciadas de origen pueden ser revertidas por los órganos electorales. El Tribunal Electoral creó una tesis de derecho que se llama “causal abstracta de nulidad”. Con esta tesis, se anularon las elecciones de gobernador de Tabasco en el año 2000, entre otras. Pongamos un ejemplo de cómo funciona este proceso: si en un juego de cartas se descubre que el vencedor hizo trampa, es seguro que no le darán el premio, sino que lo echarán a patadas del casino. Es decir, se anula el juego y comienza otro.

Hay otra buena razón para anular la elección viciada de Saúl García. Se pone sobre aviso a todos los mapaches electorales que en la próxima elección de rector no podrán hacer de las suyas.

Otro error de los enemigos del rector es confundir a la opinión pública diciendo que el comité legal es el que reconoce el Gobierno del Estado. Aquí nuevamente hay que insistir en que los gobiernos panistas tienen un gran historial de intervención en los sindicatos. Por ejemplo, en 2008, el Gobierno del Estado desconoció a la lideresa, Carmen Gómez, del Sindicato de Trabajadores al Servicio de los Poderes del Estado. Carmen Gómez fue electa democráticamente y el Gobierno del Estado, en lugar de ella impuso a un esquirol que defendiera los intereses gubernamentales. En esta época, el Secretario de Gobierno, responsable de esta operación, era nada menos que Alfredo Botello. Sin embargo, ahora, en 2016 y 2017, hay que insistir, quien juega a intervenir es José Luis Aguilera, no Alfredo Botello.

Por otra parte, hay que advertir que el Secretario del Trabajo, José Luis Aguilera, se ha excedido en sus atribuciones al otorgar la toma de nota al comité de Saúl García. En el marco legal se establece que la función de una Junta de Conciliación y Arbitraje es justo eso: conciliar y arbitrar entre los conflictos obrero patronales, no intervenir en la vida de cualquiera de estos actores. Su papel es como el de un árbitro en un partido de futbol. Tiene que arbitrar el partido, no ir a los vestidores a descalificar a un entrenador para tratar de imponer a otro.

Desde esta humilde Tribuna llamo a los universitarios, incluso al Gobierno del Estado, a que demos vuelta a la página y reconozcamos al Comité del SUPAUAQ que ya ha sido reconocido por una mayoría amplia de profesores adscritos a una decena de facultades. Blindemos la elección de rector, que es el evento más importante que viene para los próximos meses. A los enemigos del rector habría que decirles que se preparen para la siguiente elección y busquen a un candidato digno y no sólo a un gorila que amenace con el garrote del gobierno del estado.

A la rectoría habría que solicitarle que abra un periodo de amnistía con el grupo disidente, que permita a los profesores del comité de Saúl García reincorporarse a sus labores. Hay que reconocer que tienen derecho a ser una oposición, pero hay que advertirles que deben jugar a ser una oposición democrática, no se vale ventilar los asuntos universitarios sólo bajo el amparo de un Gobierno del Estado intervencionista.

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