¿Por qué el gobierno de México confronta a los organismos internacionales?

El diferendo que existe entre el gobierno de la presidenta Shienbaum y el Comité contra la Desaparición Forzada (CED) de Naciones Unidas, que hace unos días se anunció que se va a llevar a la Asamblea General de Naciones Unidas el caso de México, sosteniéndose que las desapariciones en nuestro país son generalizadas y sistemáticas, y que podrían ser consideradas crímenes de lesa humanidad.
Desde 1952, se ha reportado poco más, casi 395 mil personas desaparecidas y hasta el 19 de febrero pasado, permanecían sin localizar 132 mil 500, redundando números. Desafortunadamente, hay que decirlo, el gobierno federal y la de la mayoría de los estados del país han funcionado como más contadores administrativos que como verdaderos buscadores de víctimas. Apenas hay un detenido por cada 463 desaparecidos. Ningún gobierno, desde Felipe Calderón hasta Andrés Manuel López Obrador tuvo la voluntad para acabar con la impunidad sistémica en este país.
Ahora bien, ¿Por qué la presidenta cuestiona los datos del reporte? Ella dice que el CED está utilizando datos del 2009 a 2017 para proyectar sus conclusiones hasta 2025 y dijo “Esto es tendencioso”. Sin embargo, el ecuatoriano Juan Pablo Albán, que es presidente del CED, dijo que el análisis no se basa en el pasado y que el aumento constante de los registros de desapariciones es prueba suficiente de la magnitud actual del delito.
La presidenta Sheinbaum recibió una herencia envenenada de sus tres antecesores inmediatos. Su verdadero problema es que tiene que defender a AMLO, que resulto tan inepto como Calderón y Peña Nieto ante la crisis de desaparecidos, que para no aceptar que AMLO es tan culpable como el del PRI, como el del PAN, tiene que cuestionar al CED en vez de reconocer la magnitud del desastre que le dejo López Obrador.
La ley que promovió el año pasado la presidente Sheinbaum es el primer paso hacia una ley que le dote de verdadera autonomía a las fiscalías de los estados. Para eso se necesitaría tal vez una reforma constitucional.
Ya veremos qué pasa, pero mientras pasa, los desaparecidos no pueden seguir esperando.
Trapitos al sol…
No deja de ser ilustrativo que los políticos que hoy se quejan de los medios, su influencia al reportar problemas en su municipio o región. Ayer militaban en la oposición panista. Más paradójico resulta que por un lado está la queja y recriminación a los medios por su crítica, y por otro lado esta una inocultable vocación de gobernar tratando de aprovechar el importante nivel de penetración, pretendiendo valerse de ellos para mantener índices de popularidad.
Ayer apenas fueron candidatos mediáticos y hoy son gobernantes mediáticos o funcionarios de “medio cachete”. Los nuevos hombres de la administración están convencidos de que la mejor manera de fortalecerse en centrar su esfuerzo en el lanzamiento de las campañas publicitarias y la ejecución de acciones de impacto; aunque se quejan amargamente del ejército, de la crítica a través de los mismos medios que obsesivamente pretenden acaparar con todo lo cuestionable, carente de racionalidad y de viabilidad en el largo plazo, esa idea de convertir el efectivísimo mediático en el eje de un funcionario y la popularidad personal en su principal soporte, es la que impera en la policita actual porque la coyuntura, le ha dado resultados a quienes han adoptado como estrategia, bueno hasta el viejo PRI ha decidido jugar en ese juego.
A La Tribuna



