Opinión

Presidente encapsulado

Por Salvador Rangel

Los abuelos y algunas personas son dadas a los refranes, que son la sabiduría popular, hay uno que dice: “lo que mal empieza, mal acaba”.

Y bien se puede aplicar al jefe del Ejecutivo Federal, el señor Felipe de Jesús Calderón Hinojosa, quien de acuerdo al dictamen del IFE, ganó las elecciones presidenciales con 0.56 de ventaja sobre su más cercano competidor, Andrés Manuel López Obrador. Se cuestionó sobre la legalidad de las algunas actas electorales, se hicieron manifestaciones y marchas para exigir contar casilla por casilla y voto por nada, nada prosperó y el primero de diciembre de 2006, Calderón en medio del apoyo de los diputados del PRI y sus correligionarios del PAN rindió, en forma por demás apresurada, protesta en la Cámara de Diputados.

Y de ahí la sombra de la duda, de la ilegalidad. A cada acto público que asistía era seguido por las huestes de López Obrador y un fuerte dispositivo de seguridad militar y de la Policía Federal era aplicado para evitar que cuestionaran al ganador; después en una entrevista, la desafortunada y burlona respuesta “gané haiga sido como haiga sido”. Sí, en el fondo el señor Calderón dejaba entrever la duda de su triunfo, pero es el reflejo de muchos mexicanos, ganar a cómo dé lugar, sin el menor decoro.

Se evitaron actos públicos y los pocos que se realizaban eran en medio de un verdadero estado de sitio, todos eran sospechosos de ser perredistas y colocaban filtros y más filtros de seguridad, y el señor Calderón encapsulado.

Después, como estrategia mal fallida, sacar al Ejército a las calles para combatir al narcotráfico, decisión que no es censurable, pero sí cuestionada, el Ejército no puede hacer funciones de policía, con ello se ha propiciado que las labores militares en contra de las bandas se vean opacada por el actuar de los soldados en contra de la población civil, vulnerando sus derechos y actuando como si estuvieran en guerra: todos somos sospechosos.

Con la guerra contra el narcotráfico, el cuerpo de seguridad presidencial debió aumentar el nivel de protección tanto en equipo, como en personal y alejar lo más posible a la ciudadanía del Presidente que sigue encapsulado.

Pero aún con todas esas protecciones fue cuestionado sobre su triunfo en público y frente a medios de comunicación, el 3 de octubre de 2008, en la entrega de premios de reconocimiento educativo, el joven galardonado, Andrés Leonardo Gómez Emilsson, le espetó frente a frente espurio.

Cuerpos de seguridad, escudo blindado, militares entrenados en el extranjero, no sirvieron de nada, se escuchó en voz del joven, la de los ciudadanos que dudan del triunfo presidencial.

Y los desaciertos presidenciales y de su gabinete aumentan la intranquilidad del inquilino de Los Pinos, la decisión de liquidar Compañía de Luz y Fuerza del Centro, dejando sin empleo a más de 40 trabajadores, las razones legales fueron que resultaba onerosa, ahora las actividades las realiza Comisión Federal de Electricidad y la ciudadanía resiente, en las áreas donde operaba Luz y Fuerza del Centro, incremento en las tarifas de consumo, mal servicio, mufas incendiadas en el Centro Histórico de la ciudad de México.

La razón de la liquidación es muy sencilla: el sindicato se oponía a que inversionistas particulares produjeran energía eléctrica, fácil, los desparecemos; resultado, ahora los despedidos de la Compañía también asedian los actos públicos de Calderón, con el consiguiente resultado de más seguridad, el Presidente sigue encapsulado.

Y los nostálgicos se preguntan, si ahora que tiene a su servicio a decenas de militares y elementos de cuerpos de seguridad no se acerca a la ciudadanía, que será cuando, gracias a Dios, termine su gobierno. Comprará remota isla en el Pacífico para habitarla, rentará en Dublín la casa del villano favorito… ¿?

rangel_salvador@hotmail.com

 

 

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba