Opinión

Privatizadores

Mientras las entidades públicas han sido creadas para construir el bienestar colectivo, la empresa privada perseguirá siempre el máximo lucro. Un máximo beneficio casi siempre oculto bajo la florida alfombra de una dudosa eficiencia.

 

Por: Efraín Mendoza Zaragoza

Son abundantes los estudios que exhiben el fracaso de las soluciones privatizadoras en el mundo. Trátese lo mismo del petróleo, de los bancos, de los ingenios azucareros o de la recolección de la basura. En esta ya prolongada orgía, el colosal atraco del Fobaproa merece un monumento del tamaño de una catedral en el zócalo principal de la República.

 

Resulta que de espaldas a las lecciones de la historia, hace unas semanas, el cabildo del municipio de Querétaro –controlado por el bloque PRI-AN, con la solitaria oposición de Morena– decidió dejar en manos de particulares varios servicios que la ley le obliga a prestar. En su edición pasada, Tribuna de Querétaro ofreció datos duros que deberían preocupar a quienes tomaron la decisión y a los ciudadanos por permitir este eterno juego de ensayo y error que no es sino el eterno juego en el que ganan los que siempre salen ganando. Para el caso particular del tema de la basura, ahí están los fracasos o conflictos en municipios de los estados de Guanajuato, Quintana Roo, Veracruz, San Luis Potosí y Nuevo León. Incluso en dos municipios del estado de Querétaro.

Con claridad lo expuso la investigadora Martha Gloria Morales Garza en su comentario radiofónico semanal: los intereses del Estado y los intereses del capital privado no son coincidentes. El capital busca la acumulación y la ganancia; la ganancia ruda y la acumulación infinita. Mientras las entidades públicas han sido creadas para construir el bienestar colectivo, la empresa privada perseguirá siempre el máximo lucro. Un máximo beneficio casi siempre oculto bajo la florida alfombra de una dudosa eficiencia.

Asiste la razón a la académica cuando plantea la necesaria revocación del acuerdo para privatizar el servicio de recolección de basura en la capital queretana por tratarse de una decisión equivocada, precipitada y tomada sin consulta, además de que la solución “nada tiene qué ver con el problema”. Dudo que el Ayuntamiento reconsidere, pero ya la pelota está en su cancha. Además, ¿cómo se va a justificar la pesada maquinaria administrativa municipal si el Ayuntamiento está renunciando a los quehaceres básicos que le dan sentido? ¿Va a reducir su función a la de administrador de contratos?

Agreguemos algunas referencias que nos permitirán anticipar el asalto que viene. Pongamos el caso de la capital del país, modelo en cuanto a derechos sociales pero no en cuanto a ese arte de transferir la riqueza pública a manos privadas. Ahí las vías de cuota fueron concesionadas a tres particulares. En tan sólo tres años, de 2012 a 2014, generaron ingresos por mil 642 millones de pesos. De esa cantidad, a las arcas públicas sólo ingresó el 1 por ciento, uno de cada cien pesos. Acumulación pura. ¿A costa de quién? Por supuesto, del ciudadano que tiene derecho a servicios desmarcados de la lógica del lucro. La evidencia está en que en esos tres años las tarifas aumentaron hasta 350 por ciento.

Otro negocio reciente en la capital del país es el contrato otorgado a una empresa para la operación del sistema de fotomultas. La mayor parte del dinero que ingresa por sancionar a ciudadanos infractores se queda en manos privadas. 54 de cada 100 pesos. Los términos del contrato suponen una significativa pérdida de ingresos para el gobierno de la capital. La empresa Autotraffic, por cierto, cobrará a los capitalinos el equivalente a cinco veces lo que se cobra por ese concepto en otros estados del país. Bueno, por si algo faltara añadir a este atraco, la información relativa al cuestionado contrato, fue declarada bajo reserva por casi siete años. Para que nadie asome sus sucias narices en ese pulcro negocio, seguramente.

Y si aludimos a la Ciudad de México es para mostrar que esta política privatizadora no tiene que ver con partidos políticos, tiene que ver con una orientación neoliberal que ha transversalizado toda la vida pública, más allá del origen partidista. Por ejemplo, en el Estado de México, la empresa favorecida con la concesión de las fotomultas se queda con la mitad de lo que el gobierno cobra a los infractores.

La transferencia de riqueza pública a manos privadas es una práctica con mil variantes. Un reciente informe de la Contraloría interna del INE, por ejemplo, evidenció que el contrato otorgado a una empresa privada para la renta de más de mil vehículos, arrojó el absurdo inconcebible de que con la renta se erogará el doble del dinero que se habría gastado si se hubieran comprado los vehículos nuevos.

Es infinito el catálogo de infamias. ¿Qué hacer, además de denunciar esta modalidad de desvío de recursos públicos? ¿Cuándo aprenderemos de la historia? ¿Cuándo los ciudadanos pasaremos del lamento al uso de los mecanismos institucionales?

 

 

 

 

Ciudad de Querétaro, marzo 3, 2016

 

 

 

 

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