Opinión

Profesores tecnófobos

Por: Valentina Fernández Diez Martínez*

El tema ya lo dominamos, más de una vez en clase se nos ha pedido amablemente, o gritado sin misericordia, que: cerremos las laptops, guardemos bajo llave y lejos el celular, cerremos nuestra sesión de Facebook o dejemos de contestar los twitters que él mismo postea. En conclusión, que dejemos de lado el Internet. ¿Cierto? La cuestión de los nuevos gadgets, avances cibernéticos y nuestra vida paralela en Internet, ha planteado un nuevo dilema en lo que se refiere al campo de la educación.

Consideremos que la forma en la que hemos aprendido, la base misma de la escuela como institución, no ha tenido cambios relevantes desde lo que parece su mismo génesis. Hemos aprendido, en la misma dinámica, bajo casi las mismas formas que lo hicieron nuestros abuelos, nuestros padres y nuestros hermanos pequeños, no me refiero, recalco, al contenido ideológico que ha sido impartido a través de estas mencionadas generaciones, sino a la forma práctica en que estos conocimientos nos han sido proporcionados: Incontables generaciones se han sentado en un salón de clases pastoreados por un profesor, siempre bajo la misma dinámica.

Incluso, a pesar de que la humanidad se ha topado de frente con otro tipo de revoluciones tecnológicas, que han llevado a reestructurar esquemas sociales en muchísimos niveles, la escuela, la forma de educar, poco ha evolucionado en comparación con otros ámbitos sociales. Sin embargo, pareciera que esto está cambiando. El hecho de la existencia de Internet y de todos los aparatos que utilizamos para socializar con éste, representa una amenaza para la forma tradicional en la que aprendemos.

Los estudiantes se encuentran en la actualidad inmersos en un mar, que pareciera infinito, de información. No solamente se tiene acceso a todo tipo de conocimientos, sino que se tiene acceso fácil y sobre todo, rápido. Cualquier persona que ha crecido con una computadora y acceso a Internet sabe, aunque no a ciencia cierta, que puede retar, comprobar, o negar cualquier información proporcionada por alguien más, dígase un profesor, con un simple click. Ahora, los estudiantes pueden aportar en esta historia. Aunque en teoría, siempre tendría que haber funcionado así, el uso de Internet y de todos los dispositivos que tenemos para manejarlo ha facilitado y le ha devuelto el carácter recíproco que tendría que tener el aprendizaje.

Si bien, no niego que el mal uso de estos aparatos puede ser contraproducente, en el sentido de que en lugar de fortalecer y enriquecer el aprendizaje, pueden llegar a jugar un papel de distractores y alentar el proceso educativo, es cierto que debe existir una mayor apertura por parte de las instituciones educativas, así como de los docentes, para explorar la convivencia entre el aprender y las nuevas herramientas para hacerlo.

Se necesita, o por lo menos se debe intentar, una reforma en la forma en la que aprendemos, ¿Por qué? Porque los avances a los que estamos sujetos lo demandan, porque a partir de ahora las generaciones siguientes estarán más familiarizadas con un iPad que con un cuaderno.

No es una idea pionera, esta forma de pensar en colectivo la tecnología y la educación ha sido algo que muchas organizaciones han tratado de implementar. Un ejemplo es Apple education, exitosos ya dentro de muchos países del primer mundo y recientemente implementados en México en las escuelas pertenecientes a los Legionarios de Cristo. Otro ejemplo, y con un rotundo éxito, ha sido ESSA academy, una escuela en la que la forma de aprender fomenta la relación de los niños con Internet, los niños pueden estar en clase y buscar acerca de todas las dudas que puedan tener en la red, no sólo dudas, sino ideas que conecten con lo que está siendo tocado en el aula. Ha sido comprobado que esta libertad para los alumnos ha incrementado su rendimiento académico en niveles impresionantes en comparación con escuelas tradicionales.

Razones hay miles, pruebas también. Lo sorprendente y un tanto irónico es que aún existan profesores que dan clases en una Licenciatura de Comunicación y Periodismo (¡comunicación!) que se nieguen a explorar más opciones que las conocidas, que nos hacen guardar la lap en lugar de preguntar: ¿qué opinas?

* Estudiante de la Licenciatura en Comunicación y Periodismo UAQ.

{loadposition FBComm}

Publicaciones relacionadas

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba