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Promover entre menores, reflexiones sobre las crisis hídrica y alimentaria III

Comentaba en otro artículo que, si la Nueva Escuela Mexicana busca que el magisterio promueva la lectura crítica de la realidad, tendría que remediar su precarias condiciones

Esto desata nuevos debates: En la lógica neoliberal: “de entrada no conviene mejorar su situación laboral, pues esto genera pereza y desinterés por superarse, ya que trabajen o no, se les paga”. Desde la disidencia, paradójicamente, se advierte que el pensamiento crítico germina mejor cuando hay desafíos y los hechos contradicen los discursos rosas del mercado o sus gobiernos. La adversidad, no sólo no ha impedido, sino nutre los movimientos de resistencia y las acciones más creativas en todos los campos. 

Dos escritores críticos: Charles y Vladimir  Bukovski que sufrieron grandes reveses en contextos muy distintos (EEUU y la URSS), coinciden en cuestionar a colegas que alegan pobreza para justificar su sequedad: “La escritura constituye una vocación, una necesidad vital y no un oficio que pueda abandonarse por las malas condiciones”. Charles pregunta: “¿realmente quieres ser escritor?”. La misma pregunta vale en educación: ¿realmente quieres ser docente? 

Cuando las/los educadores reconocen su profesión como apasionante proyecto de vida, que da sentido a su existencia, saben que enseñar a leer críticamente la realidad, es esencial.   

Ante las opciones de *desertar del oficio,  *reducirlo a burocracia, o *asumir el desafío; surge ahora la pregunta de qué tan dispuestos están sus estudiantes a aprender y, si no lo están, cómo provocar su deseo de saber.

¿Qué pasa con las niñas, niños y adolescentes que llegan a la escuelas?, ¿cómo es su vida y cómo enfrentan su propia realidad?

La crisis civilizatoria afecta sobre todo a menores, que crecen muchas veces (no siempre) en condiciones familiares deplorables: abandono, violencia e inestabilidad; sobrecarga de responsabilidades que desatienden los adultos; falta de escucha, de guía, de estructura y, a la vez, sobreprotección castrante; colonización mercantil de sus afanes y peligrosas formas de evasión, etc. 

En tales condiciones, ¿a quién interesaría estudiar más “realidades” en clase? 

Para colmo, la sociedad demanda a la escuela acciones contradictorias: “No toquen ciertos temas; cuiden su inocencia”; “eviten que se vuelvan delincuentes”, etc.  

Muchas de esas demandas vienen de un “sentido común hegemónico, funcional al capitalismo”, que genera gran confusión entre educadores (en la familia y escuela). “Mientras lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer, en ese claroscuro aparecen los monstruos” (Gramsci). 

La propuesta “innovadora” (¡desde el SXVII!) de “seguir los intereses y ritmos de los niños” obliga a una lectura crítica para reconocer que muchos de esos intereses han sido secuestrados por el sistema. La demanda de “respetar sus derechos” parece generar  incapacidad de poner límites y menoscabar la autoridad. “Hay que ‘coachear’ sus necesidades socioafectivas” (sic), en especial si padecen hipersexualidad, “cutting”, “bullyng”, pero ¡cuidado con brindar ternura!, si sufren, pues esto puede juzgarse como pederastia. 

La escuela “debe” además ser “divertida”, más que esperar compromiso con el estudio de las ciencias, pues la constante exposición a las pantallas causó en los cerebros infantiles severas discapacidades cognitivas, autismo o TDH.  

En condiciones tan adversas, atender grupos numerosos de menores, como suelen ser los escolares, parece misión imposible y el trato carcelario, la única solución.

Sin embargo, en el marco de la Educación Popular Alternativa, se fortalecen diversas redes de profesores, que logran impulsar experiencias creativas altamente significativas. 

En ellas se reconoce a chicas y chicos como personas inteligentes, dispuestas a correr aventuras y enfrentar desafíos, recibiendo trato de “colegas” en centros de investigación científica/periodística, para indagar, por ejemplo, qué monstruos ocultos están provocando sequías, inundaciones o contaminación del agua.  

(Continuará con la reflexión sobre la crisis hídrica)

maric.vicencio@gmail.com

Carmen Vicencio

Miembro del Movimiento por una educación popular alternativa (MEPA) maric.vicencio@gmail.com

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