Opinión

Propuesta

Por Juan José Arreola

Gabriel García Márquez se equivocó cuando dijo que el periodismo era el oficio más hermoso. Se equivocó, no por decir que era hermoso, sino por considerarlo como oficio.

Ése es, quizá, el pecado capital del periodismo; pensar que es una práctica que pueda aprenderse como otro oficio, es decir, que pueda heredarse y conocer sus secretos a partir de lo que los viejos colegas, los padres o conocidos que lo hayan practicado, nos inculquen.

Es cierto que muchas actividades humanas así se adquieren y que el periodismo en México así se ha gestado. De generación en generación se ha aprendido y practicado. Sin embargo, la exigencia de la profesionalización de esta actividad, tal como se le demanda a cualquier otra rama del conocimiento, es ineludible.

Por lo mismo, es menester repensar el periodismo desde una óptica que lo ubique como una profesión; es decir, una práctica que tiene que ver no solamente con el recolectar noticias, escribirlas y que éstas se publiquen o, con redactar comunicados de prensa.

La evolución de la sociedad y de las actividades comunicativas entre los miembros de la misma, han cambiado sustancialmente, al grado de exigir mucho más que solamente medio redactar un texto.

Hoy sabemos que la comunicación implica el conocimiento de los géneros periodísticos pero también el de la fotografía; en su labor cotidiana, a los reporteros se les exige saber editar noticias para radio, para televisión; que sepan escribir para Internet y, por supuesto, para medios impresos.

Pero además un profesional del área debe entender de la comunicación social y las relaciones públicas cuando labora para una institución –sea pública o privada– tal como lo debe de hacer, también sobre la comunicación organizacional a fin de garantizar los mecanismos de entendimiento entre los miembros de una dependencia o empresa.

Parte de este aprendizaje, aceptemos, se adquiere en la práctica cotidiana pero lo fundamental, el razonamiento estructurado de lo que es la comunicación, las bases teóricas y, sobre todo, el ejercicio científico (si, científico) se adquiere en las aulas.

Por eso es que el periodismo no debe seguir siendo considerado como un oficio. El periodismo y, específicamente, la comunicación (no las ciencias de la comunicación, que es un asunto diferente), debe de entenderse como una profesión.

Si bien es cierto que ahora, por lo menos en Querétaro, la mayoría de los que practican en periodismo, la comunicación social o la política, son universitarios, esto no es suficiente.

Es importante dar el siguiente paso: exigir legalmente que quienes practiquen el periodismo y vivan de él cuenten –como en cualquier otra área– su cédula profesional.

Esto no quiere decir que quienes ahora viven honestamente del periodismo queden expulsados del mismo por un decreto.

Aquí es donde se involucraría la Universidad Autónoma de Querétaro (UAQ) vía la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales.

La propuesta es que la institución educativa pudiera firmar un convenio con el Poder Legislativo de la entidad, mediante el cual se planteara esta obligatoriedad de contar con cédula profesional.

El mismo habría de contener un capítulo en el que se especifique que quienes ejerzan el periodismo sin tener un título profesional, puedan optar por esta titulación, ya sea por la experiencia adquirida a través de tantos años de practicarlo o bien, mediante conocimientos académicos.

La UAQ abriría un periodo de capacitación (finsemanero) para quienes quieran titularse. Sustentarían su examen y en caso de aprobarlo, obtener el título.

Sería una excepción con la única finalidad de subsanar esta costumbre.

Establecer en el convenio –que pudiera ser ley posteriormente– que para el año 2016, quienes no cuenten con la titulación no pueden denominarse periodistas.

Ésta sería la puerta para entrar a una nueva legislación que implique el establecimiento de un salario mínimo profesional para los periodistas, la obligación de las empresas de comunicación de contratar, a partir de ese año, solamente periodistas profesionales, además de crear una norma mediante la cual se determine cómo se contrata la propaganda gubernamental en los medios a fin de erradicar su manejo político y convenenciero.

Es una propuesta para lograr que el periodismo queretano se profesionalice y abandone el romanticismo de ser un oficio.

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