Opinión

Proyecto de formación de lectores en San Juan del Río, Qro.: ¿Qué puede hacer por mí la lectura?

Por: María del Sol Zamora Cárdenas

Generalmente no nos hacemos esta pregunta; si nos gusta leer lo hacemos por el placer de hacerlo; si no es una actividad de nuestro agrado, o lo hacemos “por obligación”, pues no queda de otra (y como estudiantes muchas veces es nuestra posición), o simplemente no lo hacemos.

Pero, curiosamente siempre tenemos letras y textos a nuestro alrededor: en la caja de cereal, en los letreros de la calle, en las tiendas ofertando algo; basta asomarse por la ventana o dar un vistazo a cualquier habitación y nos encontraremos con palabras y frases que leer, y todas influyen en nosotros aún sin que seamos conscientes de ello. Pero, ¿cómo lo hacen?

Diversos autores en las últimas décadas se han ocupado de exponer de diversas formas los beneficios de la lectura o las ventajas que adquiere quien lee o leen desde pequeño, o de analizar los textos (especialmente los infantiles) para dar cuenta de sus aportaciones a la vida cotidiana y el desarrollo humano.

Retomando estas propuestas como antecedente, hemos estado trabajando en el campus San Juan del Río de la UAQ unos talleres de formación de lectores y escritores desde hace cinco años en un proyecto denominado “LIBREando en el Mundo de los Niños” derivado del programa “Leyendo con los más pequeños” instaurado en la capital del estado.

La intención de este proyecto es lograr que, de manera lúdica, los niños, niñas y sus familias se acerquen a la lectura y escritura de formas dinámicas y significativas. Para lo cual contamos con talleres que fomentan la exploración libre y lectura en voz alta de un acervo bibliográfico cuidadosamente seleccionado, préstamo de libros a domicilio, juegos de motricidad, socialización, seguimiento de reglas, coordinación, colaboración, creatividad, lenguaje oral y escrito (como basta, ahorcados, teléfono descompuesto, cuentos colectivos, narraciones, diarios, biografías, cartas, etc.) y la elaboración de productos creados por quienes asisten al taller que varían por la edad y grupo al que pertenecen, pueden ser: dibujos, collages, huellas y sellos, esculturas, libros artesanales (informativos, cuentos, autobiografías, fábulas, adivinanzas, rimas o cómics) y textos que permiten la libre expresión escrita de los pequeños.

Particularmente hablaré del taller “Jugando con las palabras” que recibe niños y niñas de ocho a 13 años de edad, asistiendo una vez por semana a sesiones de dos horas durante un periodo de cinco meses aproximadamente. El grupo oscila entre 20 y 30 integrantes por ciclo.

En este taller se utiliza mucho la lectura en voz alta con los niños, ya que hemos detectado que a la mayoría no les gusta leer al principio pero sí les gusta que les lean. Hacemos recomendaciones de distintos libros cada semana, haciendo breves reseñas o leyendo un capítulo y dejando en “suspenso” el resto (especialmente con libros informativos o historias extensas que antes de tomar esta medida, nunca llamaban la atención de los participantes). Realizamos juegos de deletreo, ortografía, competencias de memorizar palabras, ordenamiento alfabético, adivinar palabras o frases y crear campos semánticos como pequeños cuentos o historietas. El único premio a estos juegos es que el o los niños ganadores pueden elegir primero qué libro llevarán a casa ese día (esta regla es iniciativa de los mismos integrantes del taller que solicitan con mucho entusiasmo los títulos para llevar a domicilio). Finalmente descubrimos que a la mayoría tampoco les gustaba escribir y ante ejercicios de creación se topaban con “la tortura de la hoja en blanco”. Para evitar esta cruel amenaza, planteamos temas atractivos relacionados con su experiencia cotidiana para escribir e ilustrar, lo cual ha funcionado exitosamente; algunos de ellos son: Lo que guardaría en una caja de secretos, ¿cómo son mis abuelos?, ¿a dónde viajaría si tuviera esa oportunidad?, ¿quién es mi peor enemigo y por qué?, un poema a mis mejores amigos.

Para quienes participamos en estos talleres en cualquier rol que desempeñemos, la lectura se vuelve una posibilidad de convivir, compartir, pertenecer, divertirse, entretenerse, aprender, preguntar, criticar, opinar, recordar, incrementar y mejorar la expresión oral, ejercitar y desarrollar las funciones psicológicas superiores y habilidades cognitivas y metacognitivas (memoria, lenguaje, atención, pensamiento complejo, percepción, simbolización, representación), solucionar problemas, empatizar, elaborar duelos, generar vínculos, analizar, reflexionar, imaginar, soñar, comprender, negociar, comunicarse, pero especialmente es una posibilidad para escribir; y escribir a su vez representa nuevas posibilidades como: ordenar ideas, como recurso mnémico, dejar huella en el mundo, expresar y comunicar sus temores, sus secretos, sus sueños, sus duelos, sus deseos, quienes son ellos, a qué familia pertenecen, quienes son sus rivales y aliados, y este proceso de autodescubrimiento permite la proyección y catarsis del que escribe, quien al mismo tiempo, trabaja su autoestima, asertividad, empatía y relaciones humanas, mejorando también la ortografía, el lenguaje escrito en general e intrínsecamente, el desempeño académico y la motivación escolar.

Eso y más puede hacer por mí, por ti y por todos, la lectura.

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