Opinión

Psicología no sólo para interpretar, sino para transformar

Por: Diana Laura Lorea Salinas*

Actualmente en Psicología existen diversos enfoques, técnicas e intervenciones. Cada psicólogo construye su propio método según su experiencia, tanto teórica como práctica, método que puede funcionar o no con algunos pacientes.

A lo largo de mi práctica me he enfrentado con el desconocimiento por parte de la sociedad del quehacer del psicólogo, ya que se piensa que es sólo para “locos”, siendo que todo ser humano pasa por momentos donde requiere de nuestros servicios profesionales, sin que por ello requieran ser catalogados como enfermos mentales.

También he percibido que hay personas que en el campo laboral ocupan nuestro lugar sin el conocimiento que se requiere para escuchar a una persona, para no juzgarla, no etiquetarla y llevar un trabajo desde la ética profesional, porque ser psicólogo va más allá de un diagnóstico, es una profesión neutral, ni aliado, ni enemigo.

Mi experiencia en la práctica ha sido muy enriquecedora ya que me ha permitido tener un mayor acercamiento con las personas, la Universidad ha sido una base muy sólida, sin embargo, he tenido que enfrentar situaciones para las que no fui preparada.

 

Actualmente estoy llevando a cabo mis prácticas en el Hospital de Especialidades del Niño y la Mujer “Dr. Felipe Núñez Lara” (HENM), ahí me encuentro colaborando con el grupo de TDAH (Trastorno de Déficit de Atención e Hiperactividad), que son niños que se caracterizan por síntomas de Inatención (distracciones, olvidos, no escuchan), Hiperactividad (hablan excesivamente, presentan mucho movimiento, no se pueden quedar quietos) e Impulsividad (interrumpen, son impacientes, no miden peligros, responden sin pensar), estos síntomas pueden ser parte de la infancia, sin embargo, se presentan con mayor intensidad en niños con TDAH, tanto que interfieren con su vida escolar, familiar y social, generando rechazos, incomprensión por parte del personal docente, compañeros y familiares, pues no saben cómo actuar ante esta problemática.

 

He tenido la oportunidad de evaluar a los niños que son enviados por las escuelas por este problema de conducta, para ser medicados y controlados. Es un trabajo en conjunto con la neuróloga, ya que hay niños que presentan una alteración en los circuitos cerebrales, es decir, que hay una alteración fisiológica que no le atañe al psicólogo.

 

Gracias al enfoque psicoanalítico que me transmitió la Universidad, me permito escuchar al niño y a su tutor, entre miradas, gestos, matices de voz, movimientos, creando formas especiales para que el niño exprese su sentir por medio del juego o diversas actividades que ayuden a crear un ambiente de confianza para que el paciente pueda hablar de eso que nadie más sabe.

 

No es sólo evaluar con pruebas psicométricas de inteligencia, proyectivas o de percepción, sino que parte de mi formación me permite ponerle una pausa a los manuales de trastornos (CIE-10 y DSM-V) y así activar la escucha y permitirle al paciente tener un espacio para hablar de su historia de vida, de lo que realmente siente.

 

Se puede evitar la medicación y esas canalizaciones a psiquiatría, donde les dan las citas con espacios de dos meses aproximadamente, donde se detiene el síntoma gracias a medicamentos como ansiolíticos que controlan la ansiedad y efectos físicos, así como antidepresivos, que son una manera de arrancarle la infancia a esos niños que en su momento tuvieron una inestabilidad emocional por no comprender algunas cosas.

No hay que dejar de trabajar a favor de la salud del paciente, hay que ir más allá de catalogarlos, etiquetarlos y sólo arrojarles su diagnóstico frío, hay que ofrecerles su espacio de escucha, de búsqueda y creación, partiendo desde lo singular de cada caso, ya que la sociedad contemporánea ha evolucionado de tal forma que se han deshumanizado las actividades cotidianas, lo que representa una oportunidad para que el paciente encuentre en el psicólogo ese espacio para escucharse a sí mismo.

*Estudiante de 7° semestre (grupo 2) en el Área Clínica de la Facultad de Psicología, UAQ

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