Opinión

¿Qué es eso de la descolonización epistemológica?

Por: María del Carmen Vicencio Acevedo

metamorfosis-mepa@hotmail.com

El viernes pasado vino a Querétaro Enrique Dussel, reconocido filósofo de la liberación y rector de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, para impartir dos conferencias: “El papel de la universidad en la descolonización epistemológica” y “La política de exclusión y movimientos políticos estudiantiles y populares”.

 

Como escribo antes de la conferencia, abajo no la resumo, sólo presento apuntes inspirados en su propuesta, a la que considero acicate para reflexionar sobre asuntos que nos importan a todos, en especial cuando resulta tan difícil vislumbrar una salida sana a la complicada situación que padecemos actualmente y en la que muchos nos sentimos perdidos.

El capitalismo, impuesto en nuestro continente desde 1492 nos domina; nacimos con él, somos sus hijos y (casi) no conocemos otras formas de economía-política y relaciones sociales, por lo que lo pensamos “natural”, sempiterno, omnipotente, del que no podemos escapar a pesar del daño que nos hace. En otros tiempos nos prometió felicidad. Ahora vemos con horror a dónde nos condujo, convertido en la peor pesadilla global (más bien, la peor realidad).

El capitalismo agravó (o reinventó) la plutocracia voraz; la cosificación de los seres humanos, a través de viejas y nuevas formas de esclavitud; la corrupción, el cinismo y la voracidad de los “representantes” populares; el descrédito de las instituciones; la entrega del campo a las grandes trasnacionales o su conversión en narco-comunidades; el crecimiento metastásico de las ciudades, plagadas de automóviles particulares; la violencia a flor de piel y la persistente impunidad; el abandono de sí (y de los menores) a la anomia y al sentido de la vida teledirigido mercantilmente; la pérdida de soberanía y del territorio nacional; el extractivismo, depredador de la naturaleza y generador del calentamiento global, en fin…

¿Cómo sobrevivir a esto y salir del desorden, cuando nos fascina como sierpe y nos chupa hacia sí, con el ímpetu de hoyo negro?

La búsqueda de respuestas a esta pregunta nos obliga a dirigir la mirada en otra dirección. Urge desarrollar una confianza bien fundamentada, en que otros caminos son posibles y que cada uno de nosotros puede contribuir a construirlos.

A la apertura de ese abanico de alternativas apunta la descolonización epistemológica, que menciona Dussel.  Se trata de superar el pensamiento colonial dominante y construir uno latinoamericano propio.

En este sentido, los movimientos de liberación insisten en desmontar la idea eurocéntrica del “descubrimiento de América” porque Europa no descubrió a los nativos, pues nunca estuvo dispuesta a comprenderlos; lo que hizo fue exterminarlos o someterlos y encubrirlos, es decir, ocultó y prohibió la gran diversidad de formas de vida, de pensamiento, de modos de comprensión, de ideas sobre el espacio y el tiempo, de sentidos de la existencia, etc., que tenían o siguen teniendo. La Conquista no sólo provocó genocidio, también múltiples epistemicidios. Asesinó muchas otras formas de conocer la realidad, distintas a la capitalista.

Estos movimientos rompen también la idea de que América se reduce a Estados Unidos, un imperio capitalista, aún más voraz y salvajemente depredador que el europeo.

La colonización capitalista obligó a pensar la realidad con un enfoque, aunque muy productivo y eficiente en ciertos aspectos, muy limitado y castrante en muchos otros. Así vemos que, aunque avanza “la modernidad” la actividad epistemológica se estrecha más y más, en una extraña paradoja. Mientras más acceso tenemos a la información y más sabemos sobre lo que pasa en otros lugares del planeta; mientras más se desarrollan las ciencias y las tecnologías; mientras más sofisticados se vuelven nuestros discursos enalteciendo la complejidad, menos logramos comprendernos como seres humanos, comunicarnos o respetarnos unos a otros.

La globalización impuso a todos una misma lógica oficial castrante. So pretexto de ciencia, se asfixiaron otras racionalidades altamente sabias y ahora en proceso de extinción. Algunas más se niegan a morir, se mantienen tercas, en resistencia, y buscan escapar de toda forma de control. En este sentido, los movimientos de liberación nos llevan a reconocer que en Latinoamérica (y no sólo en Europa o en EEUU) hay diversas expresiones filosóficas auténticas, originales, que se niegan a subordinarse a los esquemas capitalistas.

La descolonización epistemológica implica, entonces, romper con las cadenas del pensamiento impuestas por “Occidente” (¿por qué llamarlo así, cuando Europa está en el oriente, desde la perspectiva americana?), y que nos sigue imponiendo el Norte (“el primer mundo”), para transformarlas en otra cosa, como dicen los zapatistas, desde abajo, a la izquierda.

No se trata de negar lo que Occidente-Norte ha producido, que (desde otro ángulo) no deja de ser muy importante. Se trata de abrir la mirada a otros horizontes de conocimiento que hoy están cerrados, satanizados. Abrirlos con el optimismo y compromiso (basado en lo que construyamos) de que allá encontraremos otras respuestas y otras salidas.

Las universidades tienen la responsabilidad social de dejar de perder el tiempo, respondiendo preguntas colonizadas por la tecnocracia neoliberal, para dedicarse a replantear las preguntas fundamentales de la existencia y buscar la solución de los graves problemas sociales que padecen las comunidades concretas, más marginadas, en la ciudad y en el campo.

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