ColumnistasOpiniónSe dice en el barrio

¿Qué nos toca?

Cada semana, los viernes, desde las cinco de la tarde hasta las ocho de la noche, nos vemos en casa de Estefanía. Desde febrero, en buena onda, ella ofreció su sala (muy amplia) para nuestras reuniones. Según dice, sus hijos crecieron y se fueron a Guadalajara o a la CDMX a estudiar; y la casa le quedó muy grande. Para ocuparla en algo útil, nos la puso a la orden. Buscábamos dónde planear la recuperación del barrio, y su sala nos cayó de perlas.

La reunión del viernes era para discutir y precisar qué contestar al Estado. A través de su enlace, el Municipio nos citó para que el jueves próximo nos entreguen su propuesta: les dijimos que urge invertir en la seguridad del barrio, pues cada vez hay más criminalidad y la población se siente frágil. No especificaron qué nos van a proponer, pero un trabajador de su oficina central se enteró de que les llegó dinero extra (varios millones de pesos) y que nos mostrarán en qué lo invertirán para responder a nuestras demandas.

También, Mariana informó sobre nuestra tarea del jueves. Como es secretaria del primer regidor, pasa por sus manos todala información que le llega al funcionario; él le dicta a ella lo que debe contestar a los comunicados y, una vez que lo escribe en limpio, se lo regresa al regidor para su firma; luego lo envía. Mariana casi no va a nuestras reuniones: para que nadie se entere de que es nuestra “espía”. Pero ahora sí asistió. Se asignaron 40 millones de pesos al Ayuntamiento, según dijo, para armas nuevas (que es equipo desechado por la policía gringa) y equipo para el personal de seguridad pública (o sea, para los policías). En realidad, sólo se invertirán 25 millones (lo otros 15 son para el bolsillo de los regidores). Lo quedirán el miércoles es que, así, fortalecerán la seguridad del barrio.

Más rápido que “¡ya!” se armó el alboroto. Por la información de Mariana, todos querían opinar.

El primero fue Roberto. Dijo: “el gobierno sólo tiene ojos para sus esquemas mentales. No le preguntan al pueblo. Su única solución es comprar armas, como si la violencia que ellas generan fuera solución a la que padecemos. El “crimen organizado” de que hablan es el que ellos provocan; pero, desde luego, no van a pelear contra sí mismos. Sólo buscan“chivos expiatorios” para meterlos a la cárcel, mientras que ellos siguen robando a gusto. El que lleva siempre las de perder es el que no tiene empleo ni qué llevar a su casa”.

Tomó la palabra Helena: “Naturalmente, la medida de seguridad más amplia, la que tiene más posibilidades de éxito y duración es la que permite más trabajo, con más estabilidad y mejor pagada”.

Todos corearon a Helena, mientras Pueblito se acercaba al micrófono: “Estoy de acuerdo con Roberto y Helena. Pero quiero añadir otro elemento: mientras tengamos a un pueblo con hambre y sin posibilidad de hacer su propia vida, ese pueblo seguirá siendo pasto seco de la violencia; en cualquier momento puede arder. Por eso, la verdadera acción social eslograr que la riqueza del país, que es mucha, se reparta entre todos. Mientras haya gente con hambre, urgida de empleo digno y de atención social, todos padeceremos. Lo ideal es el bienestar generalizado. Que nadie necesite salir de su propia tierra para ganar un mendrugo para su familia”.

Al final, Fulgencio -más viejo y sereno- hizo un breve recorrido a la historia del México de los dos siglos pasados; luego, volvió los ojos al pueblo que ha identificado lo que necesita nuestra gente: educación, salud, empleo y tierra. Eso ha sido,siempre, la solución a nuestros problemas”.

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