¿Qué tan seguros o inseguros nos sintamos?

Desde hace 16 años, el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) publica la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), instrumento para conocer aspectos como personas víctimas de delito, tasa de delitos por cada 100 mil habitantes, cifra negra, cambios de hábitos para evitar ser víctimas de un delito, percepción de seguridad, desempeño y confianza institucional.
Con este instrumento, se tiene un panorama de la criminalidad en sus dos dimensiones: objetiva y subjetiva. En cuanto a la primera, que es el universo total de delitos que ocurrieron en el país durante 2025, se estima un total de 33.8 millones de delitos, pero solo 9% fueron hechos de conocimiento ante la autoridad, por lo que el 91% restante, conocido como cifra negra, si bien ocurrió, nunca fue denunciado.
La criminalidad objetiva se complejiza aún más al saber que no todos los delitos son denunciados en la misma cantidad: el homicidio o el robo de vehículo son fenómenos que casi siempre conocen las fiscalías, mientras que la extorsión o el robo simple ocurren en mayor medida, pero por su caracterización, es mucho más difícil que la víctima acuda a presentar una denuncia y aún más, que se inicie una carpeta y la investigación correspondiente.
Por su parte, la dimensión subjetiva de la criminalidad, conocida también como percepción de (in)seguridad, sentimiento de inseguridad o miedo al crimen, no necesariamente se correlaciona con los delitos ocurridos en su entorno o con el desempeño institucional; se construye a partir de distintas variables que incluso van más allá de los delitos que ocurren en un momento y lugar determinado.
La ENVIPE 2026 estima que 35.8 % de la población de 18 años y más en el estado de Querétaro considera que vivir en su entorno más cercano, colonia o localidad, es inseguro; a nivel entidad federativa fue de 44.6 %. Los espacios donde la población en Querétaro se sintió más insegura fue: cajeros automáticos en vía pública (65.4%), carretera (59.5%), la calle (51.7%), el banco (48.3%) y el transporte público (45%).
Qué tan seguras o inseguras nos sintamos las personas en un entorno determinado variará de aspectos como la victimización directa o indirecta, edad, el sexo, los hábitos, el transporte que se ocupa, la presencia policial, la confianza depositada en las instituciones de seguridad, así como variables ambientales como la iluminación, graffiti o abandono de espacios públicos.
La dimensión subjetiva es igualmente importante que la objetiva; los gobiernos locales deben apostar no solo por atacar la criminalidad, sino por los factores que hacen que la ciudadanía se sienta insegura. Puede haber barrios con una cifra delictiva bastante baja y, sin embargo, sus habitantes sentirse amenazados. La seguridad pública tiene que concebirse como una política que atraviese las políticas públicas locales en materia de servicios públicos, empleo, género, desarrollo social.



