Opinión

Querétaro: horizonte de alianzas

Por:  Efraín Mendoza

Al lado de la gubernatura, la elección del municipio de Querétaro constituye, para los competidores, la mayor de las prioridades políticas. Para no caer en la tentación de las profecías o los adjetivos tremendistas, detengámonos en los números fríos, que reflejan algunas constantes de comportamiento. Por supuesto que la estadística no es suficiente, pues en toda decisión colectiva concurren emociones ocultas, aires turbios y escenas inesperadas. No hay que olvidar que los procesos electorales son catarsis, ajuste de cuentas y operaciones de castigo.

Sin embargo, un punto de partida racional son los datos verificables, que pueden ofrecernos una perspectiva de horizonte largo.

En 1997, el Partido Revolucionario Institucional (PRI) fue desplazado por el Partido Acción Nacional (PAN) en los municipios de mayor importancia económica y demográfica del estado, y de la propia gubernatura, derrota ocurrida en un contexto nacional de acentuado declive priísta. El partido gobernante, fundado en 1929 precisamente en Querétaro, perdió el control del Congreso y la capital de la República, prólogo de la derrota presidencial del año 2000. Tras cinco trienios panistas, en 2012, el PRI volvió al gobierno de la capital, en un nuevo contexto de recuperación nacional, pues sucedió paralelamente con la derrota panista en la presidencia de la República.

Entre ambas alternancias habría que observar las particularidades del comportamiento de las dos principales fuerzas políticas: en 1997, el PAN obtuvo el ayuntamiento de Querétaro con una ventaja de casi 57 mil votos, que representaron una cómoda ventaja de 26 puntos. Quince años después, en 2012, en cambio, el PRI desplazó al PAN con una diferencia de poco más de 15 mil votos, esto es, apenas con el 4% de diferencia.

Entre 1997 y 2006, el PAN se movió entre el 51 y el 59 por ciento de la votación, y sobrevino un declive notorio: tan sólo en el período 2006-2009 perdió casi 12 puntos. En 2006, el PAN mostró su pico más alto en la votación municipal, aunque fue un comportamiento general en todo el estado: en la capital conservó la alcaldía con una diferencia, ahí sí real, de 2 a 1. La diferencia de votos (93 mil 137) fue superior a la votación que obtuvo la coalición PRI-PVEM. Para este municipio, esta diferencia (de 30 puntos) fue la más alta en toda su historia. Para 2012, el PAN registró una pérdida acumulada de 21 puntos frente a la votación alcanzada en 2000, la más alta en todo el período de predominio panista.

Ante la tendencia observada, el PRI adoptó una política de alianzas y debió negociar el respaldo de dos fuerzas opositoras: en los comicios de 2003 y 2006, el PRI se presentó coaligado con el PVEM; en 2009 se presentó en alianza con el Panal, al tiempo que en 2012 lo hizo con ambos partidos. Del peso electoral de estas dos fuerzas políticas puede desprenderse el factor determinante de su recuperación en 2012. Esto puede verificarse si consideramos que en 2009, cuando el PVEM compitió por su cuenta en el municipio, obtuvo 12 mil 373 votos, esto es, el 3.98% de la votación total. Esta cantidad representa casi la diferencia relativa con la que en 2012 el PRI le arrebató el poder al PAN. Habría que considerar, asimismo, que el Panal -en su primera incursión en 2006- consiguió 5 mil 705 votos en la capital (1.84%).

La eficacia de las alianzas fue beneficiosa para el PRI, pues a partir de 2003 comenzó su paulatina recuperación. Si bien para la elección de 2006 sólo pudo añadir menos de un punto a los casi 26 alcanzados, para 2009 experimentó un salto muy significativo, al obtener 38.62% de la votación. En 2012, con el refuerzo de sus dos aliados, el deterioro del panismo a nivel nacional y la división en las filas locales, se hizo del 42.63% de los sufragios, obteniendo el triunfo con un estrecho 4 por ciento.

Es muy probable que para 2015 se mantenga un horizonte de alianzas. Para mantenerse en la administración capitalina, el PRI requerirá de la concurrencia de sus dos aliados históricos, que aquí han venido a suplir el antiguo papel que cumplieron los desparecidos PPS y PARM, además de sumar a Movimiento Ciudadano. Asimismo, requerirá conservar la unidad interna y deberá lidiar con el desgaste natural que supone el ejercicio del poder, tanto a nivel local como en el plano federal. En este último ámbito, el rápido fin del modelo pactista, la insatisfacción generalizada frente a las reformas económicas y la notable caída de la popularidad del presidente de la República serán factores muy relevantes.

En tanto, para recuperar el poder, además de restaurar su unidad interna, el PAN tendrá que valorar la adopción de la política de alianzas que al PRI le resultó tan eficaz. Una alianza con el PRD no se considera remota, pues en el plano nacional cuando han ido juntos han obtenido incuestionables resultados. Hay que tener presente que en 2012, esa fuerza de izquierda obtuvo en el municipio de Querétaro un total de 26 mil 594 votos, nada menos que el 6.93% del total, muy por arriba de la diferencia con la que el PAN perdió ese año la alcaldía.

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