Opinión

¿Quién es el verdadero ganador en el municipio de Querétaro?

Por Aristóteles Ramírez Martínez

El pasado primero de julio se disputaron en Querétaro un total de 39 puestos de elección popular, entre alcaldías, diputaciones y senadurías. Además, por supuesto, de los comicios presidenciales.

Más allá de los datos y los resultados arrojados por la elección, lo que verdaderamente estuvo (y aún lo está) en juego es la sucesión en la gubernatura del estado dentro de tres años. Ganar terreno o perder el menor terreno posible de cara a la batalla en el 2015 era la consigna tanto para actores como para partidos relevantes.

La capital queretana figuraba como el último reducto de un panismo debilitado después de los desastrosos comicios del 2009. Después de más de 15 años de hegemonía panista sobre la capital, el PRI recuperó el municipio, en un escenario en donde el nivel de confrontación y violencia discursiva entre panistas y priistas creó heridas que seguramente tardarán en sanar.

La jugada para los priistas parecía muy clara: ganar la elección del municipio más importante del estado para tener el camino claro y abierto hacia la gubernatura. Sin embargo, a pesar de haber ganado la capital –cosa que es muy relevante y, sin duda, un duro golpe al panismo queretano– el PRI no puede cantar victoria, de hecho tendría que hacer una análisis muy serio y dejar a un lado el triunfalismo y la euforia que últimamente los acompaña, porque la elección tiene otra lectura que llama a la mesura del tricolor. Para los panistas, sin embargo, la consigna parecía ser retener la capital y recuperar los municipios conurbados. De ahí que no fuera una casualidad que apostaran por fórmulas con cierto desgaste, pero conocidas y otrora exitosas electoralmente.

De los cuatro municipios que por población y recursos son los más importantes, es decir, Querétaro, San Juan del Río, Corregidora y El Marqués, el PRI sólo recuperó la capital, perdió Corregidora y El Marqués y el destino de San Juan del Río todavía no está claro, puesto que será decidido en los tribunales. Aunado a lo anterior, el PAN le arrebató al PRI, de nueva cuenta, los dos distritos federales urbanos: III y IV y retuvo el II, mientras que el PRI recuperó el distrito I de la Sierra. Para las curules del Senado, la fórmula integrada por el ex edil capitalino, Pancho Domínguez y Marcela Torres arrasó a la fórmula de Enrique Burgos y la desconocida Isabel Aguilar.

Un dato todavía más interesante es el voto diferenciado que se presentó en la capital. Los simpatizantes priistas dieron más votos a Roberto Loyola que a los candidatos a diputados locales. En suma, los seis aspirantes priistas a los distritos locales de la capital alcanzaron 130 mil 264 votos, mientras que Loyola tuvo 160 mil cinco votos, es decir, casi 30 mil votos más a su favor. Por su parte, los panistas fueron mucho más consistentes puesto que Rivera obtuvo 145 mil 52 votos y los candidatos de los seis distritos, en conjunto, sumaron 147 mil 212 votos, es decir, dos mil 160 votos más que Rivera. Una primera lectura es que el electorado queretano, lejos de rechazar al PAN en la capital, rechazó a un candidato que nunca pudo quitarse los brutales golpes mediáticos que el PRI le asestaba cada que se lo proponía (en otra ocasión hablaremos del lamentable papel de la gran mayoría de los medios de comunicación locales). En contraparte, Loyola superó por mucho a los débiles candidatos electos por la militancia priista (¿acaso por el gobernador?)

La lectura es clara: El municipio de Querétaro no es priista, pero tampoco panista. El PRI no se puede confiar y el PAN tendrá que repensar muy seriamente sus desgastantes procesos internos y hacer una profunda renovación de sus cuadros y liderazgos. La moneda del 2015 sigue en el aire y todo puede pasar.

 

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