Opinión

Quince por ciento (Segunda parte)

Por Ángel Balderas Puga*

La semana pasada proporcionamos, en este espacio, datos que muestran el grave deterioro que han sufrido los salarios de los profesores universitarios en las últimas tres décadas. Hoy los profesores universitarios pueden comprar menos de la mitad de lo que podían adquirir hace 30 años. Dicho deterioro se ha incrementado a partir de las políticas neoliberales que, entre otras cosas, empujan a la privatización de la educación superior pública.

Competencia desigual

En un estudio comparativo realizado, en 2007, por algunos profesores de la Universidad de Milán, Italia, aparecen los sueldos medios de profesores universitarios europeos. En los países con una remuneración media (por ejemplo, Italia, España, República Checa o Polonia) se gana entre 30 y 60 mil pesos mensuales. En los países con una remuneración alta (por ejemplo, Francia, Bélgica, Holanda o Alemania) se gana entre 60 y 90 mil pesos mensuales. Caso extremo el de Austria en donde se gana entre 90 y 120 mil pesos mensuales.

En nuestra Universidad, los profesores que mejor ganamos, somos los de tiempo completo (apenas un 25 por ciento del total) y se gana entre 15 y 30 mil pesos mensuales, aproximadamente.

Sin embargo, a la hora de hacer trabajo científico, los profesores de la UAQ tenemos que competir con los profesores europeos, que ganan el doble, el triple y hasta cuatro veces más que nosotros.

Cuando publicamos un artículo científico en una revista internacional, los editores, justamente, no hacen una diferenciación salarial entre los profesores que someten a arbitraje su trabajo por lo que nosotros estamos en una gran desventaja.

Además de lo anterior los profesores europeos cuentan con mejor infraestructura, asistentes de investigación y muchos otros apoyos económicos para realizar de la mejor manera posible su trabajo.

Por otra parte, es cada vez más difícil conseguir una plaza de tiempo completo pues la mayor parte de los profesores son contratados como “tiempo libre” y, desgraciadamente, por honorarios (es decir, sin ninguna prestación social).

Aumento de las exigencias

Hace 30 años, en nuestra Universidad, se podía obtener un tiempo completo sólo con el título de licenciatura y un poco de experiencia docente. Hoy eso sería imposible (claro, a menos que se hable de prebendas políticas). El académico de hoy requiere, como mínimo, una maestría y, de manera preferencial, un doctorado. Para algunos comienza a ser usual pensar en un postdoctorado.

Por otro lado, hace 30 años, un profesor era contratado en nuestra Universidad para hacer trabajo docente. Con el paso del tiempo se nos ha pedido convertirnos también en investigadores, en divulgadores, en administradores y en tutores. Todo lo anterior requiere otras competencias diferentes de las docentes. Ahora hasta se debe ser buen vendedor para poder conseguir recursos externos para poder financiar nuestro trabajo de investigación.

Figuradamente, podemos decir que se nos pide hacer cuatro veces más pero se nos paga la mitad.

Fuga de cerebros

Las condiciones antes descritas tienen muchas consecuencias nefastas para el desarrollo de nuestro país. La carrera académica no resulta atractiva para nuestras mejores mentes, las que emigran entonces a la educación privada, a las empresas privadas o públicas o, aún peor, al extranjero.

Contraste

El gobierno de Felipe Calderón, producto de un fraude electoral, ha fijado para este año un “tope” salarial de 3.8 por ciento para los profesores universitarios. Sin embargo, en su sangriento sexenio, el sueldo de los militares de base ha aumentado un 150 por ciento lo que evidencia las prioridades de la derecha mexicana. Y pensar que luego los profesores universitarios, ¡siguen votando por el PAN!

* Secretario general del SUPAUAQ

anbapu05@yahoo.com.mx

 

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