Opinión

Recortes presupuestales a la educación superior: llover sobre mojado

Por: Ángel Balderas Puga

anbapu05@yahoo.com.mx

PARA DESTACAR: Somos el país de la OCDE que menos invierte en educación. En 2010, el promedio de inversión de los países que conforman dicha organización era de 9 mil 300 dólares por estudiante, desde el nivel básico hasta el nivel universitario. México estaba apenas invirtiendo 3 mil dólares por estudiante.

El gobierno federal de Enrique Peña Nieto, al igual que los gobiernos neoliberales de los últimos sexenios, insiste en recortar el gasto público en aquellos sectores que son el núcleo vital del desarrollo de cualquier país: la educación, la ciencia y la tecnología.

Los nuevos recortes presupuestales, anunciados para 2017, caen en un entorno ya de por sí hostil para la educación pública y para el desarrollo científico y tecnológico de nuestro país.

Somos el país de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) que menos invierte en educación. En 2010, el promedio de inversión de los países que conforman dicha organización era de 9 mil 300 dólares por estudiante, desde el nivel básico hasta el nivel universitario. En ese momento, México estaba apenas invirtiendo 3 mil dólares por estudiante, la inversión más baja, por debajo incluso de Chile (4 mil 200 dólares) y muy pero muy lejos de países líderes como los Estados Unidos (15 mil 200 dólares), Suiza (14 mil 900 dólares), Noruega (14 mil 100 dólares), Dinamarca (12 mil 800 dólares) o Austria (12 mil 500 dólares). Nuestros gobiernos invierten tres veces menos que el promedio y cuatro o cinco veces menos que los países líderes que le apuestan su desarrollo a la inversión en educación.

En el caso de las Instituciones de Educación Superior, datos de 2008-2009 que desgraciadamente no han cambiado, señalaban que México invierte en este rubro apenas el 0.55 por ciento de su Producto Interno Bruto (PIB). En comparación, Francia invierte ocho veces más (el 4 por ciento de su PIB) y los países nórdicos 12 veces más (Finlandia el 6.10 por ciento de su PIB, Noruega el 6.6 por ciento y Suecia el 6.8 por ciento).

Dado que el PIB francés es mucho más grande que el de los otros países señalados, otra buena comparación es saber cuánto se invierte en dinero. Francia invierte 115 mil millones de dólares al año, Suecia 33 mil millones, Noruega 30 mil, Finlandia 17 mil y México apenas 6 mil millones de dólares (datos de 2008-2009 que tampoco han cambiado mucho). Es decir, andamos cinco veces debajo de Suecia y de Noruega y 19 veces debajo de Francia.

Si dividimos las cantidades anteriores en el número total de la población, obtenemos la inversión por persona: 6 mil dólares en Noruega, 3 mil dólares en Finlandia, 2 mil 700 en Suecia, mil 700 en Francia y apenas 57 dólares en México, 53 veces menos que en Finlandia y más de 100 veces menos que en Noruega.

Las terribles consecuencias de las cifras anteriores es que México tiene una de las coberturas más bajas en educación superior: apenas 29 de cada 100 estudiantes logran acceder a este tipo de educación, de los cuales solo egresan 21. En comparación, 32  de cada 100 estudiantes colombianos logran acceso a las universidades, 35 peruanos, 52 chilenos, 64 uruguayos, 67 argentinos, 69 españoles y 100 finlandeses. Es decir, en este último país solo no estudia el que no quiere hacerlo pero no lo hace, como en México, por falta de cobertura, es decir, no por falta de capacidad sino por falta de oportunidades.

Por ejemplo, la falta de cobertura, en el caso de la medicina, se traduce en una falta terrible de médicos. México sólo tiene 1.8 médicos por cada mil habitantes, cuando el promedio de los países de la OCDE es de 2.9: en Argentina hay 3 médicos por cada mil habitantes, en Uruguay el doble que en nuestro país, 3.6 médicos, España y Bélgica tienen 3.8 e Italia tiene casi el triple de médicos que México: 4.8 médicos por cada mil habitantes. Lo anterior significa simple y llanamente muerte, pues mientras que un médico italiano puede destinar 30 minutos para atender a un paciente y poder hacer un diagnóstico fiable, un médico mexicano dispone apenas de 11 minutos para la misma acción, lógicamente, no se tendrán jamás los mismos resultados.

En el caso de la inversión en ciencia y tecnología, las cosas son semejantes: una triste, muy triste, inversión de apenas el 0.3 por ciento del PIB contra un promedio mundial del 2.13 por ciento, es decir, siete veces menos que el promedio mundial; contra un 2.4 por ciento del promedio de los países de la OCDE, es decir, ocho veces menos y contra un rango que va del 3 al 4.15 por ciento de los países líderes como Israel, Finlandia o Corea, los que han invertido en el sector entre 10 y 13 veces más que nuestro país, al menos en los últimos 16 años (datos de la OCDE 2000-2014). Las consecuencias de esto es una enorme cantidad de importaciones de tecnología extranjera.

Una nueva reducción cae como balde de agua fría en invierno a las universidades mexicanas, las que se han esforzado por mantener estándares internacionales tanto en docencia como en investigación, a pesar de los innumerables obstáculos que los mismos gobiernos ponen y del contexto sumamente adverso.

Es estratégico y un deber de todos defender a la educación superior mexicana y a la investigación.

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