Opinión

Recuerdos

Sólo para nostálgicos…

Por: Salvador Rangel

En esta vida nada es eterno, todo cambia y se olvidan algunas costumbres, que en su día eran fundamentales, otras las hemos escuchado y nos causan risa o duda.

Hace años, cuando no se habían inventado los paneles desechables, las madres, las abuelas y las tías los hacían, compraban la tela y con un ganchillo le hacían el reborde para que se deshilacharan, algunos hasta tenían el nombre del niño(a) y el indispensable fajero, y no faltaba quien pusiera una moneda sobre el ombligo, para que cicatrizara más pronto.

Era costumbre lavarlos temprano para que se “asolearán” y había que quitarlos antes de que anocheciera, porque les daba “el sereno”, que decían provocaba urticaria y comezón en los niños y había que lavarlos de nuevo.

El baño del niño, antes de las siete de la noche, era un ritual, por lo general lo hacía la abuela para que aprendiera la nuera o bien una tía que tenía como 12 hijos.

Si los niños eran chillones, había que bañarlos con hojas de lechuga en el agua y poner unas hojas debajo de almohada y dormían tranquilos.

Siguiendo con los niños, para evitar el “mal de ojo” o la “vista pesada” de personas o vecinos, había que colgarles un “ojo de venado” o un listón color rojo, con eso están protegidos de envidia.

Si el niño lloraba de manera inexplicable, decían que tenía “la mollera” caída y lo llevaban con una mujer que le hacía remedios caseros y santo remedio, el niño dejaba de llorar. Uno de los métodos para curar la mollera caída, es (era) sostener al niño de los pies, con la cabeza hacia abajo y golpear levemente las plantas de los pies.

La razón de la mollera caída dicen que es cuando se le retira muy rápido la mamila al niño, o bien no se tiene cuidado al cargarlo.

Para alimentarlo bien, todavía no había Gerber, no podía faltar el caldo de patitas de pollo, hígado de pollo machacado, zanahoria en puré, pobre niño, tenía que comer de acuerdo a la medida del hambre de la madre.

Y cuando los niños estaban a punto de caminar, los asoleaban al mediodía, para que los huesos se fortalecieran. Nada se sabía de los rayos ultravioleta y del cáncer en la piel.

Cómo olvidar que cuando se asistía al cine, antes de salir, las personas mayores recomendaban a los niños que se restregaran los ojos para evitar el aire.

Y si le daba “aire”, con un ramo de ruda, de olor penetrante, la pasaban por la cabeza y los ojos y nada de ir al doctor. Los remedios caseros estaban a la orden del día, si el niño había comido afuera de escuela, jícamas, chicharrón, pepino con chile y se enfermaba del estómago, no podían faltar las purgas o té de gordolobo. O bien los tés que sabían a veneno, gelatinas y el Sidral Mundet, porque decían que era de manzana.

Para la tos, había un remedio casero, que más bien parecía tortura: hervían ajos con azúcar y se lo daban al enfermo, una cucharada cada cinco horas, sale sobrando decir que sabía a veneno y dejaba aliento de dragón. Ante el riesgo de ese “remedio” nadie decía que tenía tos.

Para asustar a los niños, los amenazaban con los “robachicos”. Ahora de aplicar ese método, lo más seguro es que el menor levante una demanda en Derechos Humanos y los acuse de bullying.

Si alguien había recibido una fuerte impresión (el estado de cuenta de la tarjeta de crédito, el recibo del consumo del agua, etcétera), un susto, era imprescindible comer un pan duro, para evitar la diabetes.

Sí, todo ha cambiado hasta la alimentación para los perros, antes se hacía un caldo con tortillas, huacal y pescuezos de pollo, era al plato favorito. Ahora son las croquetas, de acuerdo a la edad del can, si le daba “catarro” al guardián (el perro) de la casa le ponían un collar de limones y punto. No, hoy en día, hay que llevarlo al veterinario, nada de remedios caseros.

Ya grandecitos como olvidar las tardeadas, cada invitado llevaba sus discos de acetato, de 33 y 45 rpm con su nombre, al final de la reunión los buscaba y no pocas veces se llevaba la funda, pero con el disco equivocado.

Y los nostálgicos, se consideran sobrevivientes a esas prácticas “médicas” que padecieron.

rangel_salvador@hotmail.com

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