Opinión

Redes sociales, futbol y racismo

Por: Daniel Muñoz Vega

Futbol – Hay gente que no soporta el futbol. Yo soy un fanático; pero a veces comprendo las críticas de aquellos que detestan este deporte. Entiendo el opio que representa; cuestiono el mundo irreal de transferencias millonarias. El futbol como fenómeno es digno de análisis sociológicos y psicológicos. Es un deporte en el que se pone en rango divino a muchos de sus símbolos. Todo lo anterior es totalmente cuestionable.

Querétaro – El estado se ha convertido en una auténtica sociedad de consumo. No deja de tener un amplísimo toque provinciano; pero ya no es el “pueblétaro” con el que me molestaban mis familiares del Distrito Federal. El crecimiento de la ciudad es acelerado. El Estadio Corregidora es un recinto maldito para los equipos que se establecen para jugar aquí. Años y años de penurias futbolísticas. De pronto, en el supuesto auge empresarial del estado, el grupo de Olegario Vázquez Raña adquiere la franquicia y promete cosas grandes para la afición; tan grandes, del tamaño de Ronaldinho.

Ronaldinho – Un chico de 20 años llega a jugar en el año 2001 al Paris Saint-Germain. Tiene dos cosas: genética brasileña y hambre de triunfo. En el año 2002 levanta la copa de campeón del mundo. De pronto, Ronaldinho la está rompiendo en Europa y los visores del Futbol Club Barcelona lo fichan en el año 2003. El Barça atraviesa por una crisis: no ha ganado nada en 4 años. Ronaldinho acaba con la mala racha. Gana liga, copa y Champions en el club catalán. En 2008 sale del equipo por su tremenda baja de juego, su destino es Italia y nunca vuelve a ser el mismo Dinho de siempre. La fiesta le gusta tanto como la cancha. Regresa a Brasil y de pronto, el que fue el mejor jugador del mundo en 2005 y referente histórico del futbol brasileño, viene a jugar futbol  a Querétaro. ¿A Querétaro? Sí, a Querétaro. En Estados Unidos, Qatar, Rusia le pagarían el doble. ¿Por qué Querétaro? El gobernador Calzada dice que porque Querétaro es lo máximo.

El incidente – El viernes 12 de septiembre la afición queretana espera a que Ronaldinho debute. Apenas se está bajando del avión, pero tiene que pisar el pasto del Corregidora para saludar a la afición. El futbol no es un pretexto para decir que el tráfico de la ciudad está desquiciado; sin embargo, es claro que para salir de la zona del estadio cuando hay partidos de futbol es un desastre. Carlos Treviño, exfuncionario panista, odia el futbol. En el año 2000, Carlos me impartió la materia de Desarrollo Social Mexicano en la Universidad Contemporánea. No nos dejaba entrar al salón si portábamos una playera de algún equipo de futbol. Su clase era interesante, las discusiones eran acaloradas. En el viernes mencionado, Carlos se vio atrapado en el tráfico. En su cuenta de Facebook evidenció que odia el futbol; lo grave fue que llamó “simio” a Ronaldinho. La combinación fue perfecta para polemizar el post de Carlos: exfuncionario, denostando racialmente a la estrella del momento de la ciudad de Querétaro. Aquel viernes se le fueron las cabras, vendrían las consecuencias.

Redes Sociales – Las redes sociales son lo más parecido que he encontrado a la proyección que manifiesta George Orwell en su libro 1984. Literalmente, parece que EL GRAN HERMANO NOS VIGILA. Videos van y vienen, donde se exhibe toda clase de violencia y corrupción. El fenómeno por el cual las cosas se hacen virales a través de las redes es digno de análisis. Todos somos inquisidores en las redes. La histeria cibernética hace que una señora exhiba a la mujer que le ayuda en las labores domésticas llevándose unos chiles en nogada en un tupperware. Solita se puso la soga al cuello. El filtro de las redes no deja pasar nada y la señora que exhibió el video se ganó el repudio social. No hay necesidad de convertir en post todos nuestros pensamientos.

La publicación de Carlos Treviño fue un exabrupto. Sin embargo, las reacciones posteriores fueron exageradas. Un exfuncionario insultó a una figura mediática. De hecho, Carlos tenía un post más grave en el mes de marzo. Expresó en su cuenta de Twitter que no era casualidad que el día del Síndrome de Down sea el mismo que el del natalicio de Benito Juárez. Nadie dijo nada aquel día, pero el día que se metió con Ronaldinho, la sociedad queretana se escandalizó. Carlos pidió disculpas, dicen que habrá un proceso en su contra por actos racistas. En Querétaro se tiene mucho qué trabajar para dejar de ser un estado excluyente; basta ver la visión que tienen muchos sobre las personas que vienen de fuera, claro que se discrimina. La sobrevaloración que se tiene de Querétaro hace pensar a muchos que son especiales. Querétaro es económicamente próspero pero tradicionalmente conservador, vaya combinación. El progresismo es puro discurso. La idea de una entidad hiperpróspera ha construido la imagen de un queretano superior. Hay que ubicarnos.

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