Opinión

REDQ: viajando con ahínco hacia la muerte

Por: Jorge Coronel

Despierto. Un día más ¿Y ahora qué? Para romper un poco con la rutina decido escuchar una canción de Hechos Contra el Decoro:

“Cansado, perdido, pariendo deseos mil veces repetidos dando vueltas y vueltas siempre a lo mismo escapar y salir, no mirar atrás vivir un truncado éxodo indefinido atado a un jodido destino de descampados y ladrillo visto, jaula intocable, frontera, invisible presidio dando vueltas y más vueltas en círculo y tú en el centro, en el mismo abismo porque por más que la tierra gire tú estás siempre en el mismo sitio condenado a mirarte el ombligo a no poder ver más allá de tu reducido camino de deseos deshabitados y futuros en vilo y te obsesionas y quieres salir y cerrar la puerta abrir los ojos, respirar y escapar de la mierda entre pies quietos y horas lentas por más que se acelere tu cabeza sueñas, pero los sueños, sueños son y a ti te tocó ser un nadie atrapado en tu condición”.

Mi rutina diaria consiste en viajar y atravesar, a través de REDQ, tres municipios: El Marqués, Corregidora y Querétaro.

Soy un “nadie” que aborda, con temor, REDQ. Porque viajar en esta empresa es morir lentamente: los cafres que manejan las unidades –viejas, sucias, inseguras– nos acercan, minuto a minuto, a nuestra cita con la muerte:

Ruta 17, Taxibus (TB-1008).- Un lunes de la semana pasada, a eso de las 13:30 horas, un orate del volante maneja como poseído sintiéndose un conductor de la Fórmula I. Ninguna patrulla aparece para detener su loca carrera: detenerlo e infraccionarlo. Y nadie de los que viajamos en la destartalada unidad decimos nada. ¿Será nuestra prisa por llegar a nuestros destinos? Nuestro silencio cómplice sólo nos asegura llegar a un sitio: el cementerio. Al fin y al cabo somos los “nadies”.

Ruta 37, Microbus (SO-1526).- Ese mismo lunes, a eso de las 19:00 horas, circula otro homicida en potencia, ahora devorando el trayecto en la extraordinariamente angosta calle de la Avenida principal de Hércules. Otra vez Tránsito ausente. Otra vez el silencio cómplice. Otra vez con destino a la muerte.

Ruta H, Taxivan (T-0288).- El chofer va relativamente tranquilo cuando, a la altura de Avenida Universidad esquina con la calle de Gutiérrez Nájera, una mujer se para cerca de aquél. De pronto, empieza a acariciarlo, besarlo y hacerle “piojito”. Y así va el par de acaramelados mientras los pasajeros nos miramos unos a otros carcomidos por la angustia, la desesperación y la impotencia.

Ruta 37, Microbus (CZ-1083).- Abordo esta ruta en la Alameda, por la noche. Nada extraordinario pasa hasta que, por la entrada a Hércules, el chofer y un acompañante (que quién sabe de dónde y a qué hora salió), empiezan a charlar amenamente. Y el acompañante cuestiona: “¿Dónde andabas, pendejo?”. Y el conductor responde: “Estuve dos años allá arriba: ¡me surtí a un cabrón!”.

“Allá arriba”, encerrado en el CERESO local. Y ahora maneja un transporte público. Esto es REDQ: una empresa insegura, una gran mentira.

Y los “nadies” que abordamos sus rutas viajamos con ahínco hacia la muerte.

 

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