Reflexiones en torno al Festival Internacional de Tango Querétaro

Se viene el Cuarto Festival Internacional de Tango Querétaro 2025, organizado por la Secretaría de Extensión y Cultura Universitaria de la Universidad Autónoma de Querétaro, por lo que parece ser un buen momento para reflexionar sobre las ediciones pasadas, las motivaciones y prácticas del festival, así como nuestro rol como participantes.
A groso modo, los fines del festival son acercar la cultura del tango “argentino” a la comunidad en general y universitaria y posicionar a Querétaro en el radar nacional e internacional del tango. Para lograr esto, el festival programa durante una semana actividades en torno a la cultura del tango: conciertos, presentaciones, conversatorios y milongas (que son espacios de sociabilidad y baile). Para que la programación sea atractiva y la propuesta tenga cuerpo, el festival invita a artistas y a otros productores afines a participar.
Sin embargo, la actitud de quienes representan a la universidad es y ha sido lamentable, instrumentalizando y disminuyendo en varias ocasiones al quehacer artístico. ¿Les suena la frase: “el fin justifica los medios”? Pues pareciera que el festival busca cumplir sus fines sin importar cómo llega a estos, perpetuando lógicas que dan continuidad a la precariedad artística, asumiendo que el gremio siempre va a tener el interés de participar en espacios como éste porque “le beneficia” y que por lo mismo, debe de agradecer y de bancarse cualquier trato.
¿Por qué insisto en la precariedad? Pues porque en el festival no hay contratos, los adelantos son impensables, en ocasiones los pagos son miserables, si los honorarios les parecen altos hay regateos y encima de todo, los pagos llegan con más de un mes de atraso.
Sabiendo esto, como milonguera me cuestiono ¿dónde tendríamos que posicionarnos como comunidad tanguera? En lo personal no creo que prácticas que menoscaban el quehacer artístico estén justificadas por tener un festival internacional. No todo se vale por tener este tipo de eventos ni por posicionar a Querétaro en ningún estrato.
Algunos de los grupos artísticos que participaron en ediciones anteriores no participarán en esta ocasión; las razones son diversas, pero van desde una inconformidad legítima y una negativa a participar nuevamente en condiciones desfavorables, hasta relatos irrisorios sobre el personal del festival cuestionando sus honorarios actuales –aún sabiendo que el tabulador inicial había sido muy bajo.
Pero si algo está claro es que sin artistas no habría festival. Éste apenas se está construyendo y el «quién legitima a quién» no es unidireccional. En todo caso, me atrevería a afirmar que quienes han legitimado al festival hasta ahora han sido quienes han participado en éste y no al revés. Lo otro que está claro es que sin asistentes el festival tampoco sería relevante.
La voz siempre se corre y ni el gremio ni la comunidad son tan grandes como para que esto pase desapercibido. El tango en Querétaro existía antes que este festival y cada vez tengo más dudas de si necesitamos uno. No digo tajantemente que desaparezca, pero sí, que para que se mantenga, necesariamente tendría que ofrecer condiciones dignas para quienes colaboran con él. ¿Acaso no sería deseable que un festival como éste buscara un bien común?
Partiendo de esta realidad ¿qué queda por hacer? ¿Seguiremos apoyando iniciativas como ésta o tomaremos una postura crítica que motive un cambio en sus formas? ¿Habrá algo por cambiar?
Dejamos el diálogo abierto*.

