Opinión

Reforma educativa, evaluación y empresarios

Por: Ángel Balderas Puga

Uno de los sectores más radicales en el impulso de la reforma laboral, disfrazada de reforma “educativa”, es el autollamado “sector empresarial”. Organizaciones como “Mexicanos primero”, cuyo lema es “sólo la educación de calidad cambia a México”, es un típico ejemplo. Se menciona mucho a personajes como Claudio X. González, como uno de los líderes supuestamente interesados en “mejorar” la educación.

El buen juez por su casa empieza

Para empezar, muchos de esos “empresarios” en realidad son comerciantes (se dedican a comprar y luego a vender) que no aportan nada al desarrollo nacional, no son industriales. En países más desarrollados no tendrían cabida en las asociaciones empresariales de industriales sino, justamente, en la de comerciantes.

No es para nada creíble que estos “empresarios” estén realmente interesados en la calidad de la educación, vamos, ni siquiera están interesados en la calidad de nada, si así fuera comenzarían por buscar la calidad en el trabajo que ellos mismos hacen, su lema debería ser “sólo los empresarios de calidad cambian a México”.

Pero además, y es necesario resaltarlo siempre, es totalmente falso que los impulsores de la reforma “educativa” estén interesados en una educación de calidad pues pretenden aplicar una evaluación extrema (ligada a la permanencia en el empleo) sólo a los maestros de las escuelas públicas. Guardan un vergonzoso silencio con respecto a la evaluación de la educación privada a pesar de datos irrefutables que muestran que la gran mayoría de las escuelas privadas son “patito” y no cubren ni siquiera con estándares mínimos de calidad.

“Empresarios” ¡reprobados!

Los empresarios pretenden evaluar a los maestros de las escuelas públicas y uno de sus argumentos centrales son los resultados de la prueba PISA de la OCDE pues bien ¿por qué no evaluamos a los “empresarios” mexicanos con indicadores también de la OCDE?

Por ejemplo, de acuerdo a los principales indicadores de ciencia y tecnología (MSTI por sus siglas en inglés) de la OCDE, 2010, los “empresarios” mexicanos son los que menos invierten en ciencia y tecnología, están en el último lugar, muy alejados de verdaderos empresarios finlandeses, daneses, coreanos, alemanes o suecos que invierten una importante cantidad de recursos en generar conocimiento.

La gran mayoría de los “empresarios” mexicanos no innovan, no crean, es decir no son verdaderos empresarios. Muchos de ellos se concretan a invertir en franquicias (de cafeterías hasta tintorerías, pasando por torterías). Éste es su espíritu “emprendedor”: aspiran a contratar una franquicia, mejor si es norteamericana.

Nuestros “empresarios”, tan rudos con la evaluación a los maestros, no contribuyen al desarrollo nacional, prefieren importar todo, van contra la ingeniería y la tecnología mexicana y contra nuestros jóvenes más brillantes, muchos de los cuales tienen que emigrar para desarrollar todas sus capacidades y para contribuir a desarrollar productos en el extranjero que luego empresarios extranjeros venden a nuestros “empresarios”. Varios de mis ex estudiantes de ingeniería, hoy profesionistas, me han contado varias anécdotas en las que muestran el rechazo de sus patrones a propuestas de innovación y mejoría de productos y sistemas con el argumento de que “eso ya está hecho y sale más fácil comprarlo”, es decir buscan la “facilidad” no lo que resulta, a la larga, mejor para sus empresas y para nuestra sociedad.

Nuestros “empresarios” criollos están permanentemente esperanzados a que lleguen las inversiones de empresarios extranjeros para que a ellos les toquen algunas migajas. ¿Se imaginan a un empresario alemán paralizado porque no llegan las inversiones foráneas? Su “empresa” es vender autos alemanes BMW o celulares finlandeses Nokia.

Nuestros “empresarios” se comportan como siervos del capital transnacional. Veamos el caso patético de la banca “mexicana”. Carlos Salinas de Gortari (hoy en el poder tras el trono) entregó la banca a supuestos “empresarios”, como Carlos Cabal Peniche que antes de ser “banquero” vendía plátanos. Esos “empresarios” quebraron a los bancos, tuvieron que ser rescatados mediante el Fobaproa (hoy IPAB). Entre 2000 y 2008 todos hemos tenido que subsidiar a esos “empresarios” con 30 mil millones de dólares. Con ese dinero habríamos podido construir cuatro refinerías, con lo que no sólo seríamos autosuficientes en gasolina sino que además la estaríamos exportando y aún les debemos ¡cien mil millones de dólares! Luego que quebraron los bancos los vendieron a extranjeros y varios de ellos se contrataron como empleados de los nuevos dueños extranjeros.

La Asociación de Banqueros de México se llama Asociación de Bancos de México (ABM) pues ya casi no quedan banqueros mexicanos. El único banco mexicano grande es Banorte. Es verdaderamente kafkiano que los presidentes de la ABM no sean dueños de bancos sino empleados de banqueros extranjeros. Y como ha mostrado la crisis actual, los banqueros extranjeros están mucho más interesados en salvar a sus casas matrices, sacando millones de dólares de México para enviarlos a sus respectivos países, que en el desarrollo de nuestro país y esto con la ayuda de sus empleados, los “banqueros” mexicanos.

 

anbapu05@yahoo.com.mx

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