Opinión

Reforma energética y leyes secundarias: la creación de empleos (2ª parte)

Por: Ángel Balderas Puga

Como señalamos en nuestra pasada entrega, la propuesta que Peña Nieto presentó ante el Congreso sobre las leyes secundarias sobre la reforma energética contiene muchas de las cosas que, los que nos hemos opuesto contra dicha reforma, habíamos denunciado como lesivas al país.

La creación de empleos

En las gasolineras de nuestra ciudad se halla propaganda del gobierno federal acerca de las supuestas bondades de la reforma energética. Entre tantas mentiras y medias verdades que el gobierno señala al respecto está la de que la reforma permitirá la creación de “miles” de empleos, sin especificar ninguna cantidad aproximada. La frase “miles de empleos” sería correcta con 2 o 3 mil empleos, cantidad verdaderamente ridícula para las necesidades de este país. Ni siquiera se atreven a decir “decenas de miles de empleos”, los que implicaría la creación de al menos 20 mil empleos, o “centenas de miles de empleos”, lo que implicaría al menos 200 mil empleos.

En cualquier caso, si no fuera tan dramático, parecería broma el ofrecer la creación de “miles” de empleos, pues la densidad demográfica de nuestra país requiere la creación de, al menos, un millón de empleos anuales, por lo que hablar de “miles de empleos” es verdaderamente ridículo.

Debemos recordar que, en su campaña electoral del 2000, Vicente Fox se comprometió a crear un millón 200 mil empleos anuales. Si ese señor hubiera promovido políticas adecuadas para generar un millón de empleos, debería haber creado 6 millones de trabajos en su sexenio, pero sólo generó 1.5 millones; es decir, Fox heredó un enorme déficit de 4.5 millones de empleos. Por si fuera poco, Felipe Calderón dejó un déficit -en su sexenio- de 4.2 millones de empleos que deben sumarse a los no creados en el sexenio de Vicente Fox. Peña Nieto heredó, así, un déficit de 8.7 millones de empleos, a los que se debe sumar otro millón anual por cada año del sexenio del priísta. En este contexto, “miles de empleos” no son nada.

Muy por el contrario, una verdadera reforma energética nacionalista debería implicar la inversión nacional en la industria petroquímica, tanto primaria, como secundaria. Si nuestro país le apostara a exportar gasolina en vez de petróleo, a exportar productos de la petroquímica y sus derivados, como el plástico, esta cadena de valor generaría 8.5 millones de empleos. La diferencia con los “miles de empleos” ofrecidos con esta reforma energética al servicio de intereses extranjeros es enorme. Sólo esta industria serviría para ofrecer empleos a los 7 millones de jóvenes que no tienen acceso ni al trabajo ni a la educación superior, y representaría una enorme área de oportunidad para las universidades mexicanas -tanto para las públicas, como para las privadas- dada la enorme demanda que habría de recursos humanos de alto nivel; y no como sucede ahora que compañías extranjeras como Halliburton o Schlumberger tienen trabajando en México no sólo a norteamericanos sino también a venezolanos, ingleses y hasta noruegos.

Pero no sólo se trata de crear nuevos empleos, el gobierno federal se cuida muy bien de decir qué tipo de empleos. La reforma laboral aprobada también por este gobierno creó un entorno de precariedad y bajos salarios para “generar competitividad”. Es decir, no sólo se habla de la creación de muy pocos empleos sino que estos empleos serán de baja calidad, pues es natural que las empresas extranjeras ofrezcan primero trabajo a sus connacionales, como sucedió con las obras de reconfiguración de la refinería de Cadereyta, Nuevo León, en donde los coreanos ni siquiera fabricaban trabes de concreto en México sino que lo hacían en Corea, dando trabajo a los coreanos, y luego las transportaban en grandes aviones a México. En esa obra, los coreanos cargaron hasta con sus propios cocineros.

Como señala Claudio Lomnitz (La Jornada, 21/05/2014) en su artículo Manifestaciones antichinas en Vietnam: “cuando China buscó endulzar sus relaciones políticas y económicas con Costa Rica, construyéndole un estadio de futbol, realizó esa construcción con trabajadores importados, que incluso eran transportados al lugar de trabajo por autobuses y empresas chinas. O sea que no hubo derrama para la población costarricense. Algo parecido ha sucedido en proyectos de inversión chinos en el Caribe”. Este tipo de ejemplos deberían servirnos de lección respecto a cuando se abre las puertas a los extranjeros, de manera indiscriminada, y peor aún, en sectores estratégicos que afectan la seguridad nacional.

Los políticos mexicanos deberían aprender algo de los tres miembros del gobierno sueco, de centro derecha, que salieron en la defensa de la empresa anglo-sueca AstraZeneca ante el intento de la norteamericana Pfizer de hacerse del control de la primera compañía. Los políticos suecos dijeron que no podían aceptar tal adquisición porque temían que Pfizer despidiera a algunos de los 5 mil trabajadores suecos de AstraZeneca y, en una muestra de visión de largo plazo, señalaron que afectaría también al desarrollo científico de su país. Cuánta falta nos hacen políticos nacionalistas de ese calibre.

anbapu05@yahoo.com.mx

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