Opinión

Reforma energética y leyes secundarias: ¿No que no?

Por: Ángel Balderas Puga

“El futuro, aunque no predecible, puede ser explorado razonadamente, a partir de datos y tendencias comprobables” (Pablo Latapí)

El año pasado, durante el debate público sobre la reforma energética, muchos denunciamos que lo que buscaba esa reforma era la privatización de nuestra industria petrolera y, peor aún, la entrega de parte de nuestros recursos energéticos, y de las ganancias que generan, a extranjeros. El juego de palabras del poder es perverso, pues afirman que no quieren privatizar Pemex -es decir, la compañía- cuando lo que está en juego no es Pemex sino nuestros recursos energéticos. Pemex podría desaparecer o cambiar de nombre, eso sería irrelevante, pues lo que está en juego es la renta petrolera, es decir, quién se queda con las ganancias.

Adivinar el futuro

No se requería tener una bola de cristal para adivinar que en la propuesta de leyes secundarias de la reforma energética se consolidaría la traición a la Patria. Como dice Tomas Miklos “el futuro se concibe, se diseña y se construye” y eso es lo que hicieron los extranjeros que diseñaron la reforma energética y sus respectivas leyes secundarias; luego, simplemente dieron la orden a sus lacayos locales para que implementaran la estrategia de imposición.

La llegada de las trasnacionales

El pasado 30 de abril, Peña Nieto envió a la Cámara de Diputados su iniciativa de leyes secundarias de la reforma energética, en los últimos minutos del periodo ordinario de sesiones. En esta iniciativa se confirma, inmediatamente, que la verdadera intención de dicha reforma era privatizar parte de las fabulosas ganancias de Pemex.

En la iniciativa del Ejecutivo se propone cambios a la Ley de Inversión Extranjera, para «fomentar la libre participación» de trasnacionales en actividades relacionadas con la industria petrolera, como la comercialización de gasolina. La pregunta que surge es natural, ¿por qué México debería fomentar la libre participación de transnacionales en la extracción de nuestros recursos energéticos cuando muchos países, comenzando por los Estados Unidos, bloquean la participación de extranjeros en sus sectores estratégicos por cuestiones de seguridad nacional? ¿Qué dicen ante esto aquellos que juraban y perjuraban que no se privatizarían nuestra industria petrolera? ¿Reconocerán su error o seguirán afirmando, cínicamente, ante las evidencias, que no hay privatización?

Compartir utilidades en la opacidad

En materia de contratos para exploración y explotación de yacimientos de hidrocarburos, se confirma que se entregará a las empresas privadas un porcentaje de los ingresos mediante la figura de ‘‘utilidad operativa’’, justo lo que habíamos denunciado.

Recordemos que en 2012, las ganancias de Pemex antes de impuestos y derechos fueron de 70 mil millones de dólares, (910 mil millones de pesos). Estas ganancias cayeron en 2013 a 53 mil millones de dólares, (682 mil millones de pesos). Este nivel de ganancias fue el mismo que en 2011.

El gran problema es la terrible opacidad en el porcentaje de utilidad que se compartirá con las empresas privadas.

Por un lado, Fluvio Ruiz Alarcón, consejero independiente de Pemex, denuncia que en la propuesta de Peña Nieto no existe especificado ningún porcentaje por compartir (Proceso, 11/05/2014) y que incluso la empresa norteamericana Chevron “ya sondeó la posibilidad de quedarse con el 85% de la renta petrolera”.

Por otro lado, en la iniciativa, se precisa que para 2016, Pemex pagará al Estado un «dividendo estatal», que será «como mínimo» del 30 por ciento de sus ingresos después de impuestos.

Es claro que la opacidad es deliberada y que, como en las otras reformas estructurales, la exposición de motivos es simple demagogia. Por ejemplo, se señala que “no debe haber espacio para dudas, los ingresos que la nación mexicana reciba por estos conceptos deben contribuir a su desarrollo de largo plazo y consolidarse en importantes palancas para el crecimiento y el bienestar de las familias de México”.

Actualmente, el Estado mexicano recibe el 100% de los ingresos de la industria petrolera y se nos quiere hacer creer que es un gran “logro” de la reforma energética que ahora ¡sólo reciba un 30%!

Si el esquema del 30% se aplicara a todas las ganancias anuales, eso implicaría una pérdida para el Estado del 70% de los ingresos actuales, unos 477 mil millones de pesos al año. Esta enorme cantidad supera a los 423 mil millones de pesos invertidos en 2012 en todo el sector salud. De este tamaño es el robo a la nación y de este tamaño serán las desastrosas consecuencias que se irán sintiendo sobre todos nosotros, cada vez más, si no hacemos nada para revertir este proceso perverso e irresponsable de entregar a un grupúsculo de extranjeros lo que aún pertenece a todos los mexicanos.

anbapu05@yahoo.com.mx

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