Opinión

Reforma energética y TLC

Por: Ángel Balderas Puga

El Tratado de Libre Comercio (TLC) entre México, Estados Unidos y Canadá entró en vigor el 1 de enero de 1994. Mientras que en Estados Unidos y en Canadá se discutió dicho Tratado en sus respectivos parlamentos, el TLC fue impuesto en México por un Presidente ilegítimo, Carlos Salinas de Gortari, priista impuesto en la Presidencia mediante un escandaloso fraude electoral en 1988. Las elecciones presidenciales de ese año fueron ganadas por el Frente Democrático Nacional que había postulado como candidato a Cuauhtémoc Cárdenas.

A la usanza tradicional del PRI, al Congreso mexicano le fue impuesto un instrumento ajeno diseñado fuera de su ámbito, tal como acabamos de ver en diciembre del año pasado tanto en la Cámara de Senadores como en la de Diputados y en los Congresos Locales con la reforma energética, que viene de fuera y de lejos como denunciara en la tribuna del Senado, la senadora Layda Sansores. Las nuevas generaciones que siguieron la imposición de la reforma energética, sin discusión, sin debate, sin análisis, pueden hacerse una idea de cómo fue aprobado el TLC: de la misma manera que la reforma energética. Eran los tiempos que añoran los priístas, los tiempos de la “dictablanda” como señaló el escritor Mario Vargas Llosa para referirse al régimen casi totalitario de los priístas de los años 80 y 90.

Empresarios e intervención militar

Los irresponsables legisladores “mexicanos”, tanto federales como locales, al modificar la Constitución para permitir la privatización “legal” de nuestros energéticos, abrieron la caja de pandora que llevará a nuestro país al desastre pues nuestra relación con la primera potencia mundial y con Canadá es totalmente asimétrica. Nosotros no obtendremos nada mientras que esos países tendrán ahora un carril preferencial sobre nuestros energéticos y esos países y sus clases políticas son tremendamente nacionalistas y proteccionistas de sus empresarios. Detrás de sus empresas están siempre sus gobiernos y sus ejércitos. El núcleo de la historia moderna de los Estados Unidos es su intervención militar para defender los intereses económicos de sus empresas que llegan siempre de avanzada a los países que les abren las puertas gracias a la complicidad y al entreguismo de políticos como los actuales legisladores mexicanos, verdaderos traidores a su Patria.

La intervención militar norteamericana puede ser directa, con su propio ejército, o promoviendo golpes de estado y viene desde lejos. Sólo por citar dos ejemplos, el de la United Fruit Company y los varios golpes de estado en Centroamérica en los años 50 del siglo pasado, hasta el más cercano, la llegada de las compañías petroleras norteamericanas tras la invasión a Irak por parte del ejército norteamericano en 2003.

TLC y energéticos

En 1994 el TLC no incluía a nuestros energéticos pero ahora, gracias al entreguismo de los impulsores de la reforma energética se ampliará y facilitará la intervención de empresas extranjeras sin que haya necesidad de renegociar o replantear el Tratado y ese es el gran peligro, que en las leyes secundarias se permita a los extranjeros servirse con la cuchara grande.

La propaganda falaz del gobierno de Enrique Peña Nieto anuncia ya de manera incesante el aumento de la extracción de petróleo mexicano para aumentar la exportación en un contexto en el que México ya rebasó su cénit de producción petrolera, es decir, en un contexto de petróleo cada vez más escaso. Esta extracción indiscriminada acelerará para nuestro país un futuro atroz: pasaremos de exportadores a importadores tal como le sucedió a Indonesia, entre 2002 y 2003. En 2002 Indonesia exportó aún 105 mil barriles diarios de petróleo, pero en 2003 tuvo ya que importar 34 mil barriles diarios, hasta llegar a los 647 mil barriles diarios importados en 2012 (datos de British Petroleum Statistical Review of World Energy junio de 2013).

La historia ya la conocemos con la debacle de la petroquímica mexicana a partir de 2004 cuando, también sin modificar el TLC, se abrió la brecha para la inversión de privados en el sector.

Podemos prever que el problema será aún mayor pues nuestro país ha firmado tratados comerciales o acuerdos de inversión recíproca con otros 43 países y es evidente que las empresas de esos países también exigirán su porción del enorme negocio. Y todo a costa del bienestar de las familias mexicanas.

El abrir nuestro sector energético al TLC implicará también el enorme peligro de las controversias en cuestión de inversiones pues dichas controversias quedarán por encima de los tribunales de nuestro país, precisamente donde las grandes compañías petroleras tienen muy bien aceitada la maquinaria para la defensa de sus intereses.

Cifra ridícula

Es verdaderamente ridículo que el Secretario de Energía, Pedro Joaquín Coldwell presuma que la reforma energética atraerá 10 mil millones de dólares de Inversión Extranjera Directa (IED) cuando esta cantidad es siete veces inferior a las ganancias de Pemex, antes de impuestos, en 2012. Es evidente que los 70 mil millones de dólares ganados por Pemex bien administrados volverían innecesaria dicha cantidad de IED.

anbapu05@yahoo.com.mx

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