Opinión

Regreso a “1984” o proyección al “2012: Odisea del espacio”, en la reforma de las Normales (Segunda parte)

Por María del Carmen Vicencio Acevedo

En mi artículo anterior comentaba cómo algunos formadores de maestros normalistas interpretaban la reforma curricular de 2011, como ese viaje al futuro, que prevé la novela 1984 de George Orwell, en especial por la pretensión de desaparecer toda referencia histórica (“por obsoleta”), o por el surgimiento de nuevas palabras (huecas) y la desaparición de otras (antes sólidas). En la novela de Orwell a este fenómeno lingüístico se le denomina neolengua. Conceptos como “patria”, “nación”, “explotación”, “esclavitud” o “justicia social”, etc., dejan de tener vigencia, para ser sustituidos por otros “más acordes con los procesos de la globalización” (neoliberal): “organismos internacionales”, “emporios trasnacionales”, “consecuencia natural de la falta de competencia adaptativa”, “flexibilidad”, “outsourcing”, etc.

La palabra “innovación”, por ejemplo, es una de las favoritas. Se pretende que los maestros sean constantemente innovadores, ya que “todo conocimiento se vuelve rápidamente obsoleto”. En otras palabras, se pretende que asuman y desechen y vuelvan a asumir las modas que les impone el sistema; sin reconocer que no puede haber innovación ni creatividad, ni se puede volar hacia nuevos horizontes, sin apoyarse en la plataforma de la historia. No es posible avanzar, si a cada paso partimos de cero. Sin historia estamos condenados a surfear en la superficie (como dice Zygmunt Bauman), arrastrados por el desenfreno del yate mercantil, o a ser meras veletas, que se mueven con el viento de la ideología dominante.

No puede haber ciencia, producción de conocimientos, si no se buscan las invariantes, las constantes o las “leyes” de los fenómenos naturales o sociales. Aunque Einstein haya revolucionado las ciencias con su teoría relativista, abandonarnos al absoluto relativismo social, es abrir las puertas al fundametalismo neoliberal, porque cuando todo es “relativo”, y no hay ninguna autoridad que arbitre, los más poderosos imponen su visión. Ya lo dijo el gran magnate George Soros: “El fundamentalismo del libre mercado es hoy en día una amenaza mayor para la sociedad abierta, que cualquier ideología totalitaria”.

En los documentos que justifican la reforma educativa del 2011, se sostiene que en el mundo en que vivimos, “de cambios vertiginosos” (desconociendo la constante de las desigualdades sociales), los profesionales tienen que estar dispuestos a ser flexibles, multidinámicos, multimodales y multicompetentes, a adaptarse a cualquier contexto (para mudarse a donde lo manden sus empleadores) o a ser autónomos (para que no dependan ya, ni de empresas que los contraten, ni del Estado, en el caso de las instituciones públicas); deben ser “eficientes” para hacer más y mejor, en menos tiempo y con menos recursos. Con estos discursos de “naturalidad” se busca instalar en la percepción de la sociedad (incluidos los propios maestros), la lógica de la creciente privatización de la educación pública.

En los mismos cursos de inducción a la reforma 2011 surgió también, entre los profesores participantes, la referencia a la película 2001: Odisea del espacio de Stanley Kubrick. En el título de este escrito modifico el año 2001, por el de 2012, ya que mucho se especula que tanta premura para imponer la reforma, cuando aún no está ni mínimamente armado su nuevo plan de estudios (menos sus programas), se debe a la proyección de los procesos electorales del 2012. Urge “amarrarla y emprenderla ahora, pues esto contará como puntos a favor del PAN” (sic) o “como el año entrante todo se ve muy incierto, lo más probable es que quien suba al poder (que no será el PAN), tenderá a desmantelarla, si no está previamente concertada”.

2001: Odisea del espacio” (película de ciencia ficción, estrenada en 1968) presenta escenas de un grupo de astronautas (en el caso de la reforma educativa, todos los involucrados en ella, que no toman las principales decisiones), que en un viaje a lo desconocido, en su nave “Discovery”, trata de seguir las señales de un monolito “inteligente” (¿la OCDE?), fabricado probablemente por extraterrestres (que nada saben de las condiciones de la mayoría de los pobladores del planeta Tierra, y menos de las de los mexicanos).

La obra incluye temas como la evolución humana, la tecnología, la inteligencia artificial y se caracteriza por sus abigarradas imágenes psicodélicas que se mueven a gran velocidad y la poca presencia del lenguaje verbal. Los astronautas siguen instrucciones, sin tener muy claro cuál es el sentido de la misión en la que están involucrados (como la mayoría de los docentes, que poco comprenden el sentido de esta reforma). El tema del porqué o el para qué de dicha misión no se toca en sus conversaciones; sólo se concretan a seguir las instrucciones “de más arriba”.

De pronto la tripulación pierde comunicación con la Tierra (con los contextos reales en los que vive la mayoría de la población) y queda sometida a los caprichos de una supercomputadora (el sistema inexorable) también “inteligente”, llamada Hal 9000, que controla la nave espacial en la que viajan. Cuando los astronautas intentan desactivarla (el intento de las Normales críticas), ésta se defiende y mata a casi todos. Finalmente, David Bowman, el único tripulante que queda, después de una lucha feroz de inteligencia, logra someterla, desoyendo sus peticiones de compasión, para que no la desactive… (El resto de la historia no interesa para el tema que aquí nos ocupa).

Una de las características de los procesos sociales en los últimos tiempos es que, como la supercomputadora Hal, nadie se hace responsable (“A mí, me programaron”). Así, como cuando alguien quiere poner una queja ante un banco o ante una empresa de telefonía por su mal servicio, la que contesta es una grabadora, en cuyas opciones automáticas no está la de “quejas”, así con la nueva reforma, cualquier crítica es recibida por sus coordinadores, con un “A mí no me digan, yo no tuve que ver. La estructura del modelo viene desde la OCDE (organismo anónimo), así que no podemos modificarla si no queremos que nos excluyan de los beneficios económicos que implica asumir dicho modelo. Además, en la construcción de sus aspectos ‘micro’ o sus contenidos, participaron muchos maestros (también anónimos), y si cuestionas sus aportes, estás denostando su trabajo. ¿Quién dice que tus aportes son mejores que los de ellos?”.

En medio de las torres de Babel que surgen en estos procesos de reforma, una maestra, bastante consciente de lo que sucede, al sentir su impotencia y en el intento de ralentizar y modificar el rumbo inapelable de “ese ferrocarril que nos lleva a la catástrofe” (como comentaba en otro artículo), acertó a decir: “Los dirigentes de la reforma le apuestan a que los maestros viejos terminemos por fastidiarnos y por buscar la jubilación”. (Y, luego, dirigiéndose a sus compañeros, continuó…) “Vean cuántos somos en este salón y en qué edades andamos. La mayoría tenemos más de 20 años de dedicarnos a la docencia y pronto nos iremos, dejando libre el camino a las tendencias neoliberales. Con los maestros que se van, se irán importantes conocimientos sociales y pedagógicos, que recogen la historia y la experiencia de la educación mexicana; conocimientos que la reforma está despreciando, porque tiene la mirada puesta en Europa y en los Estados Unidos. Los jóvenes que vienen, saben poco de esto y, alienados por la sociedad de consumo, difícilmente podrán poner un alto.

“Antes de irnos (comentó otra maestra), intentemos ‘hackear’, al menos en nuestra institución, la tendencia neoliberal de desconocer toda la historia de la educación en México y de destruir nuestro Artículo Tercero. Antes de jubilarnos, tenemos que dejar clavada en las nuevas generaciones la conciencia crítica y las agallas de la emancipación”.

Estas expresiones parecen esperanzadoras. La dialéctica que surge del choque entre la tesis de la reforma oficial y la antítesis de los docentes críticos que se resisten a ella, puede dar lugar a una interesante síntesis, que nos permita avanzar a una modernización educativa, con sentido social, hacia un mundo en el que quepamos TODOS (excepto los intolerantes, como bien señaló Karl Popper).

metamorfosis-mepa@hotmail.com

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