Opinión

Rencor 1492

Por: Omar Árcega E.

PARA DESTACAR: Es preciso recordar que entre los pueblos originarios, previo a la llegada de los hispanos, también había saqueos, invasiones, luchas de conquistas de unos sobre otros e injusticias al interior de esas sociedades. Debemos admitir que eran machistas, poco sensibles a los derechos humanos y relativamente violentos.

Quizá una de las frases más extendida en Iberoamérica es “lamerse las heridas”, acción realizada por los animales instintivamente tras ser lacerados. Cuando los humanos utilizamos esta expresión denotamos que una persona está una y otra vez volviendo a vivir dolores del pasado, significamos la obsesión de un individuo en revivir sus sufrimientos, situación que le impide vivir su presente y le incapacita para proyectarse al futuro.

Así como las personas pueden quedarse cicladas en el dolor de su pasado, de la misma manera los grupos sociales a menudo se quedan anclados en injusticias de antaño, en agravios de un tiempo remoto y lejano. Una prueba de esta actitud nos la ofrecen las reacciones que produce el 12 de octubre. Si se revisan las redes sociales, encontrará decenas de imágenes con leyendas alusivas a la violencia, saqueo, muerte y dolor que ocasionó el encuentro entre América y Europa hace 524 años. Si se pasa por algunas facultades de la Universidad se verán carteles aludiendo al mismo tema y desde la misma perspectiva.

Innegable es el hecho de que los contactos entre europeos y los pueblos originarios de América no fueron armoniosos, al contrario, estuvieron marcados por la ambición de los conquistadores españoles. Tampoco es posible obviar que con este hecho inició una historia de extracción excesiva de recursos naturales de territorio americano, los cuales terminaron alimentando el desarrollo del capitalismo en sus primeras fases, historias de abusos por parte de los europeos contra los pueblos indígenas abundan, muerte de millones de nativos principalmente por enfermedades desconocidas en América es necesario también recordarlas.

Pero del mismo modo, es preciso recordar que entre los pueblos originarios, previo a la llegada de los hispanos, también había saqueos, invasiones, luchas de conquistas de unos sobre otros e injusticias al interior de esas sociedades. Si observamos la vida de esas poblaciones con los ojos del siglo XXI debemos admitir que eran machistas, poco sensibles a los derechos humanos y relativamente violentos.

Sin olvidar todo lo anterior, debemos aceptar que la gastronomía, costumbres y cosmovisiones que tenemos, incluso nuestro ADN, es fruto de la fusión de las culturas y etnias tanto europeas como indígenas. No seríamos lo que somos si hace 524 años no hubiera iniciado la imbricación de dos mundos.

Entonces la pregunta que surge es ¿Por  qué ciertos sectores recuerdan este hecho con tanto odio, saña y encono? Es como si rechazaran una parte de lo que cultural y genéticamente son, es volver una y otra vez sobre agravios, es seguir poniendo el dedo en las heridas de hace siglos ¿Por qué gastar energía social y tiempo en algo que no va a cambiar el pasado? ¿Por qué vivir en y del rencor?

Así como una sociedad debe resguardar su memoria histórica, de la misma forma debe tener la capacidad de aceptar y reconocer su pasado, solo de esta forma podrá proyectarse al futuro. Los pueblos originarios hace cinco siglos fueron conquistados, vejados y violentados. Pero la mayoría del México del siglo XXI es mestizo.

Si realmente nos preocupan los sociedades indígenas, en lugar de lanzar mensajes de odio deberíamos hacer algo por los actuales descendientes de esas etnias; si nos duele cómo fueron conquistados, deberíamos trabajar para librarnos del colonialismo del siglo XXI; si nos lastiman las injusticias cometidas contra ellos, deberíamos analizar y combatir las vejaciones de las que aún son objeto, ya no por españoles, sino por los mestizos que conformamos esta nación.

Sin estas acciones, las frases e imágenes que abundan por estas fechas son meros actos pasionales e irracionales. Lo realmente importante es valorar nuestro presente, para desde aquí construir las bases de un futuro para nuestro país: un México donde quepamos todos, un México justo, incluyente y pluricultural.

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